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ABC VIERNES 27 s 4 s 2007 Necrológicas AGENDA 71 José Antonio Garmendia Gil Periodista Riapitá para Garmendia Sevillano convencido de sangre vasca, de la que presumía, escritor de periódicos y de libros, comentarista radiofónico, humorista grandioso, dibujante soberbio, tertuliano sobre cualquier saber... ANTONIO BURGOS Carlos Herrera se lo había llevado con su elenco radiofónico a Nueva York, con lo lejos que está Nueva York, con lo lejos de la Cuesta del Bacalao que cae Nueva York, donde habrá mucho Empire State Building, pero no hay Casa Morales. Y de nada le valió a José Antonio Garmendia abandonar por unos días su mejor cahíz de mostradores y tapas de Sevilla, porque Nueva York no le gustó nada. A la vuelta, ya en su programa matinal, le preguntó Herrera a Garmendia: ¿Qué te ha gustado más de Nueva York, Antonio? Y Garmendia dijo, muy serio: ¿Que qué me ha gustado más de Nueva York? ¡Venirme pá Sevilla! Por eso ayer tarde, cuando iba yo en la carretela de las Cobo paseando por la Feria y por el teletipo de los farolillos negros me dijeron Herrera y García Barbeito que se acababa de ir para el otro barrio el bueno, el grande, el sabio de José Antonio Garmendia, me imaginé que al gran humorista gráfico y verbal, gracia pura fina y guasona de Sevilla en el verso y en la versación, lo que menos le habrá gustado de la muerte es tener que irse de Sevilla. Y en Feria precisamente, con la de días que tiene el año. El coche de caballos pasaba por una esquina que me sonó a Feria antigua, a Prado. Donde Garmendia fue el heredero universal y unipersonal de la gracia feriante del Marqués de las Cabriolas, de Er 77, del Maestro Currito. La primera vez que puso caseta en El Prado, a Garmendia le dieron una con un poste de la luz en todo el medio de la puerta. ¿Y qué hizo? Pues humor del poste, que llenó de versos como de Galerín en Sevilla en broma A la caseta le puso El Poste Y cuando en las ferias siguientes no había ya poste, él plantificó uno de mentirijillas en la mismísima entrada de la caseta. Mañara plantaba rosales de santidad y Garmendia, los postes de la guasa de Sevilla. Ayer, con Garmendia, se murió definitivamente el último recuerdo de la Feria del José Antonio Garmendia Prado. Se ha muerto toda una Sevilla popular de las tabernas y los fogones, de la que era supremo mantenedor. ¿Quién le hará ahora un romance al pavía, a la sangre encebollada o a las espinacas con garbanzos? ¿Quién le enseñará ahora a España entera, y además en verso, cómo es el verdadero bacalati con tomati? Las tabernas de Sevilla han perdido su cantor y los mostradores de caoba y tiza, su príncipe de las ABC letras. Queda en Casa Morales el cuadro del tío de las largas barbas blancas del anuncio del Coñac Decano, que en realidad es Garmendia en una vida anterior, antes de reencarnarse en licenciado en Químicas por la Universidad de Sevilla, de servir en la Marina o de dedicarse en la calle Aduana a un negocio de maderas finas al que le puso nombre como de futbolista negro del Barcelona: Okume. Yo estoy ahora en la Feria y cada poste de la luz por el que pasa el coche de caballos me recuerda la gracia irrepetible del gran Garmendia. Que era como un cervantino personaje de sí mismo, en las antípodas de su Cipriano Telera: ciudad pura. Garmendia era como aquella deslumbrante galería que nos describió en su incunable sobre la taberna de Vicente el Traga. Como Beni Garret, el vocalista que sólo cantó en público el día que hizo el examen para sacar el carné de artista del Sindicato. Como El Loqui de Triana, que le pedía al señorito Don Joaquín que le diera otra patá, que aquella le había sabido a poco. Como Joseliqui, que despreciaba al Pesetita porque no pedía cinco duros. Como Emilio el Mogro, que cuando la guerra se gastó en la taberna el dinero para las caretas de gas y les llevó bigotes a las vecinas. O como Eduardo Balbontín, que al contemplar el mar dijo: Ojú, la que ha tenío que caer esta noche... La que ha tenido que caer esta tarde de Feria, querido Garmendia, para que te hayas muerto. Te has marchado a tu último viaje con la misma nerviosa antelación con que te ibas al aeropuerto cuando viajabas a los Chirlos Mirlos en el elenco de Herrera. Sin avisar. Eso se avisa, maestro Garmendia, último bohemio de Sevilla, último poeta del tinto migado. Lo que menos me ha gustado de la Feria este año, Garmendia querido, es que te hayas ido de Sevilla así, sin avisar. Esto se avisa. Porque te iba a hacer un gorigori, y, mira, me ha salido en tu memoria este viejo y triste riapitá del Prado. María del Pilar Mompeón Ha fallecido en Zaragoza doña Pilar Mompeón, presidenta de honor del diario Heraldo de Aragón Era la segunda hija de Antonio Mompeón Motos, director gerente de Heraldo de Aragón y de Josefina de Nó y de la Peña. Desde joven vivió en su casa el ambiente del periódico tanto desde el punto de vista de empresa como del propiamente informativo. Tras el fallecimiento de su padre fue su madre la que se hizo cargo de la presidencia del Consejo de Administración del Heraldo Una vez casada introduce en el Consejo a su marido que ejercía como consejero, mientras ella alternaba cada dos años con su hermana Josefina la presidencia y la vicepresidencia en el mismo. En el año 2000 solicita quedarse como presidenta de honor y cede sus funciones a sus hijos Pilar y Fernando, que lo ejercen en la actualidad. Tras superar épocas muy complicadas, motivadas por la finalización de la Guerra Civil, consiguió mantener la empresa del Heraldo de Aragón como un referente de los medios de comunicación en la Comunidad. Sus restos descansan en el cementerio municipal de Torrero. María de la Soledad Carballo Núñez Han recibido cristiana sepultura en el panteón familiar del cementerio municipal de Mérida (Badajoz) los restos mortales de doña María de la Soledad Carballo Núñez, viuda del escultor don Juan de Ávalos, que falleció en Madrid a los ochenta y nueve años. Estaba en posesión de la Medalla de Oro al Mérito Agrícola y fue presidente nacional de la Sectorial del Aceite de Oliva y de Jaencoop. También fue presidente de San Miguel Arcángel, S. A. Su esposa, doña Agustina Soto Poblaciones y su hermano don Fernando reciben innumerables testimonios de condolencia. La Leyenda de Chupina Gaseosas de papel Un francés y el emperador de Tahití La montaña marina o El hombre de la chilaba blanca quizá su obra más conocida sea la biografía del guionista Julio Alejandro Buñuel. Francisco Marcos Fernández El viernes 4 de mayo, a las veinte horas, en el Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, (Plaza del Duque de Pastrana, 5, en Madrid) tendrá lugar el funeral por el eterno descanso de don Francisco Marcos Fernández, viudo de doña María de los Ángeles Navarrete Orduña, que ha fallecido en Madrid. María Luisa Manzano Martos, viuda de don José Enrique Martín Daza, que ha fallecido en Madrid. El funeral por su eterno descanso será oficiado el próximo 3 de mayo, a las veinte treinta horas, en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas (Conde de Peñalver, 40, en Madrid) Manuel Gándara Gómez Han recibido cristiana sepultura en el cementerio municipal de Villagarcía de Arosa los restos mortales de don Manuel Gándara Gómez, que ha fallecido en Pontevedra. José Antonio Román Ledo Ha fallecido en Zaragoza, a los 63 años de edad, el escritor y gestor cultural don José Antonio Román Ledo. Nacido en Huesca en 1943, compaginaba su vocación de escritor con su trabajo de técnico cultural en la Diputación Provincial de Zaragoza. Director de la revista Letras Barataria recibió en 1998 el Premio Isabel de Portugal de Narración Breve. Autor de obras como Repertorio de engaños Vicente Serrano Tomé El coronel veterinario y profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense don Vicente Serrano Tomé ha fallecido en Madrid a los ochenta y cinco años. José María Pastor Bueno Ayer falleció en Jaén a los ochenta y seis años el abogado don José María Pastor Bueno. María Luisa Manzano Martos Han recibido cristiana sepultura los restos mortales de doña