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4 OPINIÓN VIERNES 27 s 4 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro BUSH, EN EL LABERINTO IRAQUÍ INMIGRACIÓN, LAS CIFRAS DEL DRAMA ERECEN una seria reflexión los datos que ayer publicaba ABC sobre el aumento de la inmigración en la Unión Europea durante 2006. España recibió el año pasado a 636.000 inmigrantes, una cifra que supone el 44 por ciento del total comunitario y supera en más de 120.000 a la suma conjunta de los que llegaron al Reino Unido, Alemania, Francia e Italia. No hay razón objetiva que justifique una disparidad tan notableentreEspañay los países de nuestroentorno. Es evidente, por tanto, que la política permisiva que practica el Gobierno en esta delicada materia genera un efecto llamada que atrae a todo tipo de personas. Con la llegada del buen tiempo, vuelve el fenómeno de los cayucos y se incrementa la presión sobre las costas canarias. Una vez más, el drama que sufren los viajeros de estas frágiles embarcaciones alcanza proporciones que vulneran el más elemental sentimiento humanitario. Mafias y traficantes sin escrúpulos se lucran gracias a la situación desesperada de mucha gente indefensa, mientras las autoridades españolas siguen practicando una política que pretende paliar los efectos sin buscar solución a las causas. Las regularizaciones masivas invitan a que miles de personas pretendan entrar en España aunque sea en situación ilegal, con la certeza de que los papeles llegarán tarde o temprano. Las promesas de cooperación por parte de la UE no se han traducido por ahora en un apoyo eficaz. Así pues, la oferta de barcos, helicópteros y aviones para luchar contra la inmigración ilegal contrasta con la realidad de los hechos, de manera que fue un pesquero gallego el que salvó hace unos días a los náufragos de un cayuco en situación desesperada. A su vez, las autoridades de Mauritania y Senegal siguen poniendo trabas y rechazando la repatriación de sus nacionales, lo que demuestra el fracaso del despliegue diplomático de los últimos meses. El Ejecutivo ha cometido serios errores en esta materia, que empañan sin remedio la trayectoria de Jesús Caldera al frente del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, pero que afectan también a otros departamentos. Conviene recordar las discrepancias mostradas por Nicolas Sarkozy hacia los plantea- M mientos de Rodríguez Zapatero y comprobar el rigor del programa que presenta el candidato del centro derecha en Francia respecto de la inmigración. Una cuestión tan compleja no puede ser enfocada desde una perspectiva buenista ni con criterios voluntaristas cargados de retórica políticamente correcta. En un Estado de Derecho nadie- -sea nacional o extranjero- -puede vivir al margen de la ley, de manera que la lucha contra la inmigración irregular es una prioridad política. De hecho, los grandes perjudicados por la imagen negativa de los extranjeros son los muchos miles de personas que viven y trabajan legalmente entre nosotros, contribuyendo con su esfuerzo al progreso de todos. Sin embargo, el Gobierno prefiere mirar para otro lado, mientras siguen llegando a España, por todos los medios posibles, miles de personas con manifiesta desproporción respecto de otros países europeos. El crecimiento económico no justifica que casi la mitad de los inmigrantes recibidos en 2006 en la Unión Europea se hayan instalado en España. Influye, por supuesto, la saturación del mercado laboral en otros países y la propia realidad geográfica. En todo caso, es indudable que algo falla en la actitud del Gobierno. Faltan medios para controlar las fronteras terrestres y las costas. La legislación, así como su interpretación administrativa y judicial, tiende a limitar las expulsiones y otras medidas eficaces, creando así una práctica permisiva cuyo mensaje captan de inmediato las mafias. Por ello, miles de personas sin documentos y sin medios de vida deambulan por nuestro territorio en busca de una oportunidad laboral que, cuando llega, resulta siempre precaria. Tampoco la distribución por comunidades autónomas se realiza con criterios objetivos, lo que produce una concentración excesiva en determinadas zonas con el riesgo lógico de provocar conflictos sociales. En otros países europeos, los partidos de izquierdas o de derechas han incorporado ya a sus programas medidas muy concretas y el resultado es el fracaso electoral de ciertas corrientes populistas. Sería deseable, por tanto, que el Gobierno abordara el asunto con la energía y la seriedad que merece. LA FORTALEZA EMPRESARIAL DE ESPAÑA A opa que prepara el Banco Santander, junto al británico RBS y el belga Fortis, por el holandés ABN Amro es una prueba más de la pujanza de un buen número de empresas españolas y de su creciente internacionalización. Una operación de 72.000 millones de euros a pagar por los tres consorciados, que se situaría entre las mayores hechas por una compañía española en el exterior y que sería la mayor realizada hasta ahora por el banco presidido por Emilio Botín, lo que afianzaría al Santander entre los grandes del mundo. Esta oferta de compra, que compite con la del Barclays, acelera asimismo la tan anunciada reorganización de la banca europea con el nacimiento de gigantes bancarios transfronterizos. Un proceso de concentración que afectará, a la larga, a toda la banca europea, incluida la española, que jugará un papel activo y ganador, porque los bancos y cajas españoles han sabido aprovechar la reñida y abierta competencia interna y las duras exigencias de solidez exigidas por el Banco de España para situarse entre los más eficientes y competitivos del mundo. Una solidez que permite ver a otro banco español compitiendo con los grandes y una nueva prueba, cada vez más frecuente, de compras de empresas extranjeras por españolas. Reflejo también de la buena gestión de L numerosos empresarios que han sabido aprovechar algunos factores favorables para constituir empresas fuertes, competitivas e internacionales, desde la banca a la construcción, los servicios, el textil, las telecos, el acero, las inmobiliarias o la energía. Empresas, en definitiva, que han sabido sacar ventaja de la apertura de la economía española con la entrada en la UE, o de la implantación del euro, los bajos tipos de interés o el largo ciclo de más de una década de crecimiento económico sostenido. Con estos mimbres, muchos empresarios han sabido crear sociedades sólidas y rentables, capaces de competir en los mercados más exigentes. Una internacionalización que es consecuencia y símbolo de ese milagro económico español reconocido y admirado en todo el mundo. Una pujanza económica que es incompatible con el intervencionismo creciente de un Gobierno empeñado en enturbiar esa imagen labrada en el extranjero por las distintas empresas españolas. Episodios como el vivido en torno a las opas sobre Endesa lastran gravemente esa visión exterior de nuestra economía y pueden llegar a condicionar la labor encomiable de ese nutrido grupo de empresas y empresarios que han contribuido decisivamente a fortalecer la presencia internacional de nuestro país. NDEPENDIENTEMENTE de cuál sea ahora su voluntad, el presidente norteamericano no tiene más remedio que buscar un consenso sobre el rumbo de su política en Irak. Después de los votos en el Congreso, conminándole a que establezca un calendario para una retirada de las tropas estadounidenses, la continuidad efectiva de la intervención militar en Irak es prácticamente insostenible. Como si no fuera lo bastante comprometida la situación de los soldados que se encuentran sobre el terreno, la apertura de un segundo frente- -aunque sea político- -deja a George Bush con muy pocos recursos para seguir manejando una situación que hace cuatro años parecía pan comido. La hostilidad de la mayoría demócrata en las dos cámaras legislativas va a ser un obstáculo que ningún veto presidencial puede ignorar: desde la aprobación de nuevos fondos para la continuidad del esfuerzo bélico hasta la moral de las tropas a la vista del espectáculo de acoso parlamentario contra una misión en la que se juegan la vida, la batalla política en el Capitolio deja en el aire los elementos esenciales de la política de la Casa Blanca en Irak. La posición de los legisladores demócratas es fácilmente comprensible: lo que está pasando en Irak no le puede parecer bien a nadie con sentido común. Sin embargo, esa preocupación por el apaciguamiento y la estabilidad del país no se compadece con los efectos previsibles de la decisión que exigen que adopte la Administración. Las aspiraciones benefactoras de los demócratas no van a encontrar ninguna comprensión por parte de las fuerzas del terrorismo islámico internacional, que son las que se empeñan en hacer imposible la estabilidad en Irak. Hay que recordar que la mayor parte de los ataques no se producen contra las tropas norteamericanas, sino que son atentados terroristas que masacran indiscriminadamente a la población civil o ejercicios de confrontación abierta entre comunidades religiosas rivales. Bush insiste en que no se le puede poner fecha concreta a una retirada que se interpretaría como una rendición y que terminaría en una desbandada más o menos visible, pero no cabe ninguna duda ya de que no puede negociar otra cosa más que el calendario, no el principio de esa retirada. De las consecuencias que este repliegue tendrá para la población iraquí y para la lucha internacional contra el terrorismo, en cambio, hablan poco los legisladores opositores. Los planes del general Petraeus apenas han empezado a hacer efecto, y tal vez hubiera resultado más sensato escuchar a un militar cuya profesionalidad y conocimiento del terreno quedaron demostrados en Mosul. Al mismo tiempo, tal y como están las cosas, también podría ser cierto que todo esfuerzo es ya inútil después de tantos errores cometidos en los primeros meses, pero, sea como fuere, y como ha dicho el senador republicano Sam Brownback, el día en que se retiren las tropas norteamericanas de Irak, Al Qaida cantará victoria I