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ABC JUEVES 26 s 4 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 FLAMENCO CLÁSICA Festival por Tarantos Cante: Rancapino, J. de la Tomasa, F. Terremoto, G. Cano y T. Fernández. Guitarra: Moreno, A. Higuero, R. Lebaniego y J. Fernández. Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista, Madrid Ciclo de la ONE Obras de B. Smetana, A. Schönberg y A. Dvorák. Int. H. Hahn (violín) Orq. Nac. de España. Dir. J. Pons. Auditorio Nacional. Por fin, Schönberg ANDRÉS IBÁÑEZ Mi mayor sorpresa, al asistir a este concierto con mi hijo de ocho años, es que la obra que más le gusta no es El Moldava de Smetana que lo inicia ni la Octava sinfonía de Dvorak Cante pellizquero de Rancapino MANUEL RÍOS RUIZ Con la guitarra tan sutil como jonda del maestro Fernando Moreno, que lleva a los cantaores en volandas, mientras les inspira proponiéndole vertientes musicales, matizaciones estilísticas, con sus falsetas donosas, sus trémolos armónicos y sus llamadas a la precisión, Alonso Rancapino, ese original cantaor de Chiclana, nieto de La Obispa y seguidor de los decires de Aurelio El Tuerto, de La Perla y de Juan Talega, demostró que se mantiene en las alturas del género, administrando sus facultades, peleando con ellas, para continuar ofreciendo a los mejores aficionados su cante pellizquero, dicho lo mismo de bien ya sea susurrado en los tercios debidos, que hecho arrebato jondo y crujío. Y cumplió su repertorio: tarantos, malagueñas, alegrías y bulerías, para levantar a los espectadores de sus asientos ovacionándole. También el respetable aplaudió con fuerza la actuación de José de la Tomasa, que igualmente contó con la magnífica colaboración de Fernando Moreno a la guitarra. El sobrino nieto de Manuel Torre, se encuentra en plenitud de facultades, muy enamorado de su arte. Cantó primero por soleá con la mayor autoridad al respecto, para seguir por Levante, acordándose de Chacón y de Manuel Torre. Cambiando el tercio, como suele decirse, afrontó una tanda de cantiñas enjundiosas y tradicionales, injertándole personalismo expresivo. Y echó mano de las granaínas tan en desuso, para rematar su recital con las siguiriyas y las tonás Otro de los triunfadores de la noche fue Fernando Terremoto, con la excelente sonanta de su paisano Antonio Higuero. El jerezano interpretó soleabulería, malagueñas, siguiriyas, tarantos y bulerías. Complementaron el cartel Guillermo Cano, joven cantaor de Bollullos, que apunta a colocarse en los altos del escalafón, por facultades y gusto artístico, y la almeriense Toñi Fernández, promesa de cantaora que se atrevió con la soleá, los tarantos, la siguiriya y la bulería. Ya se irá forjando y en virtud de sus facultades seguir adelante. que lo culmina, sino el concierto de violín de Schönberg. ¿Hemos llegado, quizá, al momento en que el dodecafonismo ya suena, simplemente, como música? Sea como sea mi hijo tiene razón, y el concierto de Schönberg es el centro de la velada gracias a Hilary Hahn, una joven virginiana que aparece con un elegantísimo vestido de bailarina cretense, con un escote palabra de honor Su interpretación nos hace pensar que mucha de la supuesta dificultad de eso que Adorno llamaba la nueva música tiene que deberse, en gran medida, a interpretaciones titu- beantes o poco inspiradas. Ya que ¿quién podría no entusiasmarse ante una música tocada de esta forma? Hilary Hahn toca como en un estado de exaltada inspiración, con una rarísima mezcla de exuberancia juvenil y sabiduría, y con una sensación de peligro, con una urgencia, con una calidez, con una pasión, con una precisión, con una valentía, con un control, con una musicalidad, en fin, que quitan el aliento. Su violín, un Vuillaume de 1864, tiene un sonido de una belleza deslumbrante, y es capaz, en manos de su joven dueña y maga, de los prodigios más incom- prensibles, como las dobles cuerdas de transparencia cristalina de la cadencia del tercer movimiento. Pons se muestra más inspirado también en el Schönberg, donde hace un magnífico trabajo, que en las obras románticas que lo flanquean. Demasiado brusco en las ondulaciones del río Moldava y también en la gran melodía de violonchelos que inica la Octava de Dvorak, no acaba de lograr explicar la unidad de la sinfonía, en la que muchos de los detalles aparecen sin destacar, como si el maestro no diera a los distintos elementos el espacio suficiente.