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ABC JUEVES 26- -4- -2007 Massimo Cacciari, alcalde de Venecia, premio de ensayo Círculo de Bellas Artes 81 Pienso que mi mejor obra es la abstracta Las actas del jurado de este premio no siempre coinciden con lo que piensa el galardonado de su trabajo. En la de esta edición se afirma que Gordillo, desde finales de los años 50, se erige como uno de los pioneros en la recuperación de la figuración y el color. Asimila presupuestos del arte pop internacional, convirtiéndose en el introductor de este lenguaje en la escena artística española ¿Se reconoce? Estas actas del jurado son... como un muñeco inflado. Lo del pop es cierto. En el año 63 ya estaba haciendo cosas pop. En ese sentido fui un pionero. Mi obra no es estrictamente pop, pero me acerqué mucho. En los años 70 hice una nueva figuración en España, que fue seguida por mucha gente. Se llamó la Nueva Figuración Madrileña. Es cierto, pero desde los años 80 mi obra es abstracta y pienso que es la mejor. Es más graciosa y simpática la otra, más fácil de llegar a la gente. Pero cuando hacía esos monigotes, quitando tres jóvenes y algunos críticos, a nadie le interesaba Fernando Castro Flórez Crítico de arte MAGISTRAL INQUIETUD PICTÓRICA SIGEFREDO más las nuevas técnicas y mi pintura empezó a transformarse. Fue un momento muy creativo En todos estos años, dice, la incertidumbre la he tenido siempre, a todas horas, durante toda mi vida. Es algo que no me he podido quitar nunca de encima. Soy una persona con muy poca seguridad en mí mismo. Me cuesta seguir confiando en lo que hago, creérmelo. Es casi mi trabajo más duro ¿Por qué nunca le ha dado la espalda al color? A mí me interesa mucho. Incluso cuando parece que no hay color, me está interesando Aunque sea un tópico en estos casos, parece inevitable preguntarle por Velázquez, que da nombre al premio que acaba de obtener. Para mí ha sido un descubrimiento tardío. En mi juventud no fui un entregado a Velázquez. Cuando vivía en París me gustaba mucho Rembrandt y Vermeer. Pero a Veláz- quez lo veía como algo doméstico. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de su importancia. Ahora es todo lo contrario. una de las cumbres. Para mí, la Historia del Arte no empezó con los clásicos, sino que fue a la inversa. Yo empecé por la vanguardia. Lo que me interesaba era el informalismo, las últimas corrientes. No fui un joven de museos. Ha sido de mayor cuando he ido a visitarlos. En el Louvre, cuando pasaba por la colección de Ingres, me daba como asco aquello tan rancio. Hoy es para mí uno de los grandes. Con el tiempo voy comprendiendo el pasado Cuando llegó a Madrid a principios de los 60, no había museos de arte contemporáneo, y tan sólo un par de galerías. Hoy ve con buenos ojos la proliferación de centros dedicados al arte actual, aunque tiene una crítica: Estas instituciones se afanan por ofrecer ex- tremas vanguardias, como si fuese el no va más y pienso que a la gente de la calle hay que darle también escaleras, compensaciones estéticas para conectar con las vanguardias, porque son difíciles Como difícil es su pintura: Es difícil... a ratos (bromea) Algunas veces se acerca una señora y me dice: qué bonito es este cuadro para ponerlo encima de mi sofá. Y yo me pregunto: ¿pero no era una cosa difícil? No sé cómo es mi pintura. Me encantaría salirme unos días de mí para ver mi pintura y la de los otros también. A lo mejor cambiaba o me suicidaba. Para el pintor es un misterio profundo saber lo que realmente está haciendo. A veces me planteo qúe he hecho en un cuadro cuando lo he terminado Entre sus próximos proyectos, y tras revestir con sus creaciones las obras de restauración del Puente Romano de Córdoba, exponer en Bonn, La Habana, Caracas y Sao Paulo. Más información del premio: http: www. mcu. es Mi pintura es difícil... a ratos xcelente noticia la de la concesión del premio Velázquez a Luis Gordillo, un artista que, valga un término tópico, se lo merece. Desde los años sesenta ha desarrollado una pintura extraordinaria que ha suscitado el interés de la crítica e incluso ha llegado a tener escuela No deja de ser curioso que se hable de gordillismo en los años setenta y que en los noventa surgiera, por ejemplo, un número muy importante de pintores, especialmente en Euskadi, que reconocían su magisterio. Aunque su trayectoria internacional no ha sido todo lo amplía que correspondería a la intensidad de su obra, sin embargo he comprobado, en numerosas ocasiones, que es respetado por algunos de los artistas y críticos más prestigiosos de la actualidad. Gordillo sabe que pintar hoy en día es francamente difícil, sobre todo cuando uno no sigue las corrientes ya ensayadas, pero también al tomar en serio la posibilidad de que esa forma del arte esté, definitivamente, muerta. Con una enorme inquietud, resistiéndose al manierismo, este artista ha dejado que su mente se deshilache, sedimentando garabatos, trabajando en distintos climas emocionales, componiendo una geometría epidérmica. Es acaso la tensión entre fluidez y control lo que hace que sus cuadros sean tan hipnóticos y, en ocasiones, estridentes, como si rechazaran la mera mirada empática, incluso cuando sus formatos son, literalmente, envolventes para el espectador. Hay una singular procesualidad en las obras de Gordillo, de lo que son algo más que un testimonio la inmensa cantidad de fotografías que realiza, intentando desentrañar cuál sería la resolución perfecta. El cuadro concluye cuando el artista ha llegado al límite de lo que puede soportar, esto es, en ese momento en el que no pueden ensayarse, aparentemente, más soluciones formales. El automatismo dibujístico de Gordillo termina por entregar lecciones temporales, al mismo tiempo E que emprende una de las más arriesgadas deconstrucciones del gestualismo. Una de las series que más admiro de Luis Gordillo, al que considero, sin exagerar, como el pintor más importante del arte español contemporáneo, es la de las situaciones meándricas, realizada a mediados de los años ochenta. En estas obras hay una ramificación visual del monocromatismo, en un proceso de vaciado que impone formas que tienen algo de paisajes microbiológicos o laberintos viscerales. Lo meándrico es, para este artista, algo germinativo o genético, un proceso en expansión, pero remite, en sentido estricto, al río que demora su curso, perdido el sentido como búsqueda de algo sumergido en beneficio del rizoma, esto es, del arte- cartografía. Gordillo asocia, también, esas situaciones pictóricas extrañas con elementos biográficos, pasajes de la vida en los que no cabe ninguna explicación, cuando lo que fluye encuentra un delta. Esta estética de la divagación, del pensamiento plástico excursivo, en la cual las ocurrencias son convenientemente sopesadas, acaba revelándose como una cartografía dinámica o, en otros términos, como un intento de completar el cuerpo, algo que convierte a la obra en indagación genética El premio Velázquez, como he dicho más que justificado, le llega a Gordillo cuando está preparando su retrospectiva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Será una ocasión extraordinaria para revisar su magistral trayectoria, para comprobar su inquietud y la capacidad que tiene para afrontar nuevos desafíos, profundizando en sus obsesiones. En todo este mundo de imágenes- -advierte este artista- -de las que hablo, el concepto fundamental yo diría es el de deseo Obviamente se trata de un deseo alterado, proyectado en un afuera del que difícilmente se puede hacer una apropiación narcisista. Gordillo contempla el mundo como un descifrador de códigos, su mirada frenética le lleva a borrar y redibujar lo mismo que ahora es diferente: todo puede estar conectado con todo. Su mente laberíntica o, mejor, meándrica se demora en el curso fluido, dejando en las orillas naturalezas muertas del deseo cosificiado, anamorfosis y ojos medúseos. Seguro que las especulaciones velazqueñas le enseñaron hace muchos años a cuestionar el espacio de la representación para conseguir lo inaudito, lo imprevisto. A este pintor fabuloso le deseamos, sinceramente, lo mejor: premio incluido.