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ABC JUEVES 26 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA POLÍTICA DE PASARELA N una política sin luces ni ideas, deshabitada de proyectos y vacía de reflexiones, los antiguos ideólogos de la izquierda se dedican a especular muy seriamente con el estampado de las corbatas. Los estrategas de campaña han cambiado los discursos por eslóganes, las opiniones por consignas y las palabras por gestos, y en vez de aconsejar a sus candidatos fórmulas para convencer a los ciudadanos prefieren adoctrinarles sobre texturas ytonalidades, convencidos de que no se trata de políticos, sino de maniquíes, y de que cambiar la realidad es mucho más compliIGNACIO cado que cambiar de chaCAMACHO queta. Los manuales de conducta electoral ya no contienen ni siquiera recetas retóricas, sino sugerencias indumentarias que parecen extraídas de los figurines de primavera. Los partidos no proponen debates sobre el modelo de sociedad, de país o de convivencia, sino sobre el modelo de vestimenta y complementos, de tal modo que en esta confrontación tan superficial pronto los estrados de los mítines serán acaso sustituidos por pasarelas. Se trata deuna política bidimensional, un juego aparencial de mensajes adelgazados en el que candidatos sin atributos propios muestran sonrientes su anorexia ideológica para eludir cualquier tipo de compromiso con algo parecido a una propuesta. Desde que Kennedy ganó a Nixon por salir en un debate bien afeitado y con una planchada camisa celeste, los asesores de estrategia electoral han desarrollado complicadas teorías de marketing basadas en la importancia de la imagen, y han reducido el debate político a una confrontación de sonrisas, colores y corbatas. Los gurús dela consultoría prescriben en sus recetas un look anodino, gregario y grisáceo, en el que reina el concepto de la mediocridad; la primera obligación de un candidato es renunciar a cualquier amago de relevancia y a todoatisbode pensamiento quepuedadesembocar en la periferia de una convicción o una ocurrencia. Y luego debe vestir de modo que se confunda lo más posible con el paisaje de una masa desamueblada de ideales. Enlosoráculos de lamercadotecnia política, el detalle más celebrado de la reciente entrevistatelevisadadeRajoy fuequeellíderestuvo dos horas manoteando en el aire agarrado a un bolígrafo, y se analiza como un logro excepcional que pasara por el trance sin arriesgar un solo proyecto. El libro de estilo de la campaña socialista constituye un compendio de oquedad programática, pero dedica prolijas ilustraciones a prescribir un catálogo de ropa incolora que cualquier profano confundiría con un folleto de las rebajas de verano. Lo más llamativo es la insistencia en la neutralidad atemporal del vestido, que bajo ningún concepto debe sugerir otro mensaje que el del vacío: una ausencia cristalina de tonos y matices que simboliza el encumbramiento de la nada. Para esta inane política de signos vacuos, hasta la retórica es un riesgo comprometido y estéril; parapetados detrás de lemas simples y ambiguos, los candidatos deben limitarse a sonreír en el escaparate de los medios y cuidar de que sus trajes grises no se arruguen con la mínima, leve vibración de una idea. E FRANCIA, INMIGRACIÓN Y ENERGÍA ECLARARSE antieuropeo en el caso de Le Pen es declararse enemigo del oxígeno, lo respira usted dieciséis veces por minuto, so idiota: esta puede ser una observación al margen. Segundo, Europa no admite la inmigración salvaje: pero los europeos deben acordar bases legales, reales, rápidas, comunes, para una inmigración regulada. La riqueza de Europa, material e intelectual (paz, libertad, solidaridad global, dignidad, rule of law, prosperidad) también es obra de los inmigrados. Tercer punto: sin una política energética, a los europeos les pueden ir dando, dicho en matritense vulgar. Para esto, Francia es inesquivable, aunque su presencia atormente a gentes poco documentadas. A estos problemas no se aludía en nuestro artículo de anteayer, una página no da para más. Todo está conectado: PIB, renta per capita, deuda, investigación, enseñanza... Un catedrático español, exiliado en Portugal, consejero de Don Juan de Borbón, sabio, mordaz, se burlaba amablemente del millonario: Renta per capita, renta per capita... O sea, amigo Fierro, usted y yo estamos aquí, en el Ritz de Lisboa. Los ingreDARÍO sos de mis libros apenas llegan a cien, VALCÁRCEL los suyos son de cien mil. Tenemos los dos 50.050 escudos de renta per capita. ¿No es así? La broma, sin embargo, es incompleta. Contra esta burla estadística se ha alzado medio país. No sólo la Francia pobre, sino la clase media- media, injustamente tratada, maestros, investigadores, cuadros informáticos... Y Francia, país pequeño y rico para China, ha decidido defenderse a través de la única forma posible, la Unión Europea. El país crece demográficamente gracias a los inmigrados. También, económicamente, en parte gracias a ellos. Inmigración conecta con Economía y Europa. Todo depende de esa cosa extraña llamada la vida. No hay descaro ni simplificación al sostenerlo: Francia necesita a los dos, Sarko y Ségo. Necesita la retribución al mérito y la mano férrea del primero. Pero también busca el equilibrio y la autoridad de Royal. Aun- D que Sarkozy haya obtenido 1,9 millones de votos más, la segunda vuelta podrá deparar sorpresas. Royal puede atraer más y sobre todo provocar menos rechazo. Hay gestos de Sarkozy que han provocado miedo. Miedo a las sorpresas. Algunos cálculos- ¿fiables? -pretenden que la derecha no sumará más de cuatro millones de votos, mientras la izquierda puede incorporar seis. De ahí la campaña, durísima, de los próximos nueve días y el combate dialéctico, a degüello, del próximo día 2 en televisión. Una y otra victoria son posibles. La ventaja del sarkozismo está ahí: pero no subestimemos a su adversaria. Nada que ver con las preferencias de cada cual: los instintos no se confiesan. Hablamos de los 44.474.519 votantes. Sarkozy premiará, dice, el mérito de los esforzados (hay muchos en Francia) Royal los premiará también: pero no se debe ofrecer un salario mínimo de 1.445 euros (después hubo de rectificar) No es imposible que, sopesados uno y otro, el centrista francés, votante de Bayrou, inclinado hacia los valores del conservatismo, tema al fogoso parisino, hijo de húngaro, quizá con demasiada sangre. Royal viene del centro de Francia: lleva a Descartes, Boileau, Rabelais, Montaigne en las venas. También a Beyle y a Voltaire, al doctor Pasteur y al microbiólogo Schwartzenberg, vencedores de la rabia y de 36 modalidades de cáncer. Por encima de derecha- izquierda, otros factores profundos pesan en el voto del 6 de mayo. El epíteto Sarko- Facho es una necia e interesada caricatura. El francés medio tiene sobrada inteligencia para desecharla. Desechará también el machismo anti- Royal. Más que la igualdad, Francia ha buscado en los últimos doscientos años el equilibrio. Necesita encontrar dentro de sus fronteras una estabilidad flexible, versátil, mejor apoyada en principios inamovibles: adivinadora de los siglos que vienen, no atada a los años pasados. Francia sigue decidida a contribuir al equilibrio exterior. Lo hizo unida a Alemania, última vez por ahora, en el Consejo de Seguridad, febrero- marzo de 2003. Gane Ségolène Royal o Nicolas Sarkozy, el acuerdo franco- alemán tenderá a reforzarse por la naturaleza de las cosas. No al revés.