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4 OPINIÓN JUEVES 26 s 4 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro PROPAGANDA DEL PSOE Y LISTAS TRAMPA TA dijo en la entrevista al diario Gara que no puede imaginarse unas elecciones sin la izquierda abertzale El mensaje al Gobierno era muy claro: la exclusión de candidaturas proetarras sería respondida con atentados, que es lo mismo que ayer declaró, con otras palabras, el líder del sindicato abertzale LAB, Rafael Díez Usabiaga, para quien no es posible construir vías pacíficas y democráticas si un sector de la sociedad vasca no tiene cauces para estar representado política e institucionalmente Estas amenazas explican la conducta del Gobierno, que nuevamente acompasa sus decisiones políticas a las exigencias de la banda terrorista. A pesar de los datos objetivos que van aflorando sobre la vinculación directa de ANV con Batasuna, el Gobierno y el PSOE actúan como si no supieran nada al respecto, para confundir, eso sí, a la opinión pública con la idea de que han hecho lo que han podido contra las listas proetarras, pero sin hallar pruebas suficientes. Ayer mismo, ABC desvelaba que las candidaturas de ANV fueron elaboradas por un comité electoral de Batasuna en encuentros que ambas formaciones celebraron en las últimas semanas. Antelaacumulación deevidencias en contra de ANV el Gobierno y el PSOE han vuelto a poner en marcha la misma maquinaria de propaganda que funcionó para aparentar ante los ciudadanos la limpieza del alto el fuego de ETA y del proceso de negociación con los terroristas. El Ministerio del Interior no ve relación de ANV con Batasuna; el ministro de Justicia tampoco ha hallado indicios de ilegalidad; el Grupo parlamentario socialista dice que la mera imaginación o presunción no basta para ilegalizar una formación política, y el Partido Socialista de Euskadi ya ha pedido al Gobierno que franquee el paso a las candidaturas de ese partido nacionalista, abducido por Batasuna y ETA. Estos gestos ya son conocidos desde que el PSOE negaba contactos con Batasuna para preparar el alto el fuego, luegoconfirmados; desde que los socialistas vascos hicieron a Batasuna interlocutor político, pese a estar ilegalizada y no condenar la violencia, o desde los informes de verificación anunciados por el Ministerio del Interior, en los que se afirmaba que el alto el fuego de ETA era completo y real mientras el comando Donosti se estaba reconstituyendo. Los mensajes complacientes del Gobierno con ANV son la respuesta a la amenazadeETA, comotambién lofueron laexcarcelación de De Juana Chaos o la impunidad que Otegi consiguió gracias a la abdicación de funciones del fiscal general delEstado. La negociacióncon ETA hafracasado en otros frentes, como la independencia judicial, la resistencia cívica de las víctimas y la firme oposición del Partido Popular, pero no en los que dependían sólo delGobierno. Contra ETA no bastanresultados amedias. Bien está ilegalizar a ASB, partido señuelo como lo fue Aukera Guztiak en 2005. Pero ASB es una trampa para dejar pasar otras opciones tan ilegales como aquélla. El Ejecutivo no habrá cumplido con su obligación si no actúa contra todas las candidaturas de ANV E LA MEMORIA DE LAS BOMBAS UANDO se abre paso al revisionismo histórico, surge la ocasión propicia para todo tipo de pescadores en río revuelto. Aprovechando la coyuntura del aniversario del bombardeo de Guernica por la Legión Cóndor, hace ahora setenta años, el Ejecutivo vasco pretende que el Gobierno y las Cortes Generales pidan perdón por los crímenes cometidos en nombre de España Ibarretxe oscila en este asunto entre el dislate y el oportunismo para conseguir un protagonismo que no logra alcanzar en el llamado proceso de paz El aniversario se conmemora con una ceremonia en la Casa de Juntas, una declaración cargada de retórica pacifista y la presencia de una delegación heterogénea de alcaldes de ciudades que han sufrido bombardeos, junto con algunos premios Nobel siempre dispuestos a prestar su nombre para las causas más variopintas. La tragedia sufrida por Guernica en plena Guerra Civil corre así un serio peligro de banalización al situarse fuera del contexto histórico y ser utilizada con fines partidistas. En rigor, el Ejecutivo vasco aprovecha la ola de memoria histórica puesta en marcha por Rodríguez Zapatero junto con sus socios radicales, a pesar de que ha sido objeto de críticas bien fundadas por historiadores de las más diversas ideologías. Por lo demás, tampoco el PNV saldría bien parado, puesto que nadie puede ignorar las discrepancias del partido fundado por Sabino Arana hacia determinados planteamientos de los dirigentes de la República. Los nacionalistas vascos se suman así al revisionismo que patrocina el PSOE en un alarde de insensatez política. El Ejecutivo de Vitoria hace suya ahora la falacia que proclaman sin pudor algunos partidos catalanes al plantear la Guerra Civil como un conflicto entre España y su propio territorio. Con el desparpajo que suele practicar para identificar al nacionalismo con los vascos el PNV se dirige a España como si fuera una potencia ajena y agresiva. Es evidente, sin embargo, que en el País Vasco, como en todas partes, C la sangrienta Guerra Civil enfrentó a unos españoles contra otros en el marco de una Europa convulsa, en crisis económica y en pleno auge de los totalitarismos. Allí, lo mismo que en Cataluña y en cualquier otro lugar de España, unos estuvieron con los vencedores y otros con los vencidos. La Transición no supuso un pacto de silencio, ni una fórmula para prolongar el poder franquista bajo una apariencia democrática, como ahora se pretende con una mezcla explosiva de ignorancia histórica y mala fe partidista. Lo cierto es que España decidió mirar hacia el futuro y dejar el pasado en manos de los historiadores, estableciendo un proyecto sugestivo cuyo símbolo es la Constitución de 1978. Por lo demás, la palabra paz se ha convertido en un señuelo irresistible para todo género de operaciones coyunturales. De nuevo surge aquí la irresponsabilidad del Gobierno socialista, que la utiliza según su propia conveniencia, cargada a veces de expresiones emocionales, entre ellas, el ansia infinita de paz que dice sentir Zapatero, incompatible con la racionalidad propia de la política democrática. A mayor abundamiento, el PNV y sus socios aprovechan la circunstancia para reclamar una vez más el Guernica de Picasso, cuyo traslado desde el CARS resulta imposible según razones técnicas avaladas por los especialistas más prestigiosos del mundo. Los gobiernos del PP, y también el Ejecutivo actual, han rechazado siempre razonablemente un préstamo que pondría en serio peligro la supervivencia de una obra de arte emblemática. Parece sin embargo que a los nacionalistas les importa más la operación de propaganda que la conservación de los bienes culturales. Todo es absurdo y disparatado en esta singular huida hacia el pasado que han emprendido algunos líderes políticos, unos en nombre de falsos progresismos y otros de identidades excluyentes. Habrá que ver cómo reacciona el PSOE ante la actitud insólita del Gobierno vasco en el 70 aniversario de una tragedia española de amplia repercusión internacional. RUSIA, LA DEMOCRACIA INCOMPLETA A desaparición de Boris Yeltsin, la figura que hace veinte años dinamitó desde dentro la dictadura comunista soviética, representa una nueva ocasión para volver a examinar el estado de la democracia en la Rusia de su sucesor, el presidente Vladimir Putin. Yeltsin tuvo muchos defectos, pero nadie le puede arrebatar el honor histórico de haberse propuesto poner fin a un régimen totalitario, por encima de cualquier otra consideración, incluyendo la supervivencia de la propia entidad política que lo sustentaba, la desaparecida Unión Soviética. No quiso ejercer un papel como el de Milósevic en Yugoslavia, que se empeñó en mantener la federación sin atender a su necesaria democratización y llevó a sus conciudadanos a una década de guerras de las que apenas empiezan a reponerse. La desintegración soviética sucedió de manera que el mundo no tuvo que pasar por un conflicto similar al yugoslavo, que habría tenido allí proporciones intercontinentales, y permitió renacer de sus cenizas a la vieja Rusia, aunque disminuida y pobre tras siete décadas de comunismo. A diferencia de Yeltsin, que a falta de otra referencia trataba de restablecer el contacto con el pasado prerrevolucionario- -reinstauró en cuanto pudo la bandera de los zares, quiso jurar su cargo de primer presidente de Rusia ante el patriarca ortodoxo y llegó a barruntar la idea de una restauración monárquica- Putin no siente la menor alergia de la era soviética y, de hecho, uno de sus principales objeti- L vos ha sido el de reconstruir en todo lo posible los atributos de la vieja superpotencia. La Rusia de Putin no busca el florecimiento de una nación más libre, sino de un Estado más fuerte y sólido. La ruta hacia la democratización de Rusia nunca ha encontrado caminos fáciles. El Premio Nobel de Literatura Alexander Solzhenitsyn llegó a decir que, para redimirse, la sociedad rusa debería arrepentirse de haber aceptado durante tantos años la dictadura comunista, de haber aplaudido los discursos del secretario general y de no haber protestado, aun sabiendo que era injusto, cuando los agentes del KGB- -como lo fue Putin- -se llevaban a los disidentes a Siberia. Tal vez Yeltsin no acabó de dejar bien marcado el camino de la democracia, porque tampoco él lo conocía: toda su carrera política tuvo lugar en el seno del Partido Comunista, defendiendo la antítesis de la libertad. Hasta que logró llamar la atención por su inesperada dimisión desde el cargo de jefe del PCUS en la ciudad de Moscú, ni siquiera había tenido contacto físico con el mundo exterior. Putin ha gobernado una Rusia completamente nueva, en la que la aspiración democrática no encontraba ya ningún obstáculo, y pese a ello no ha promovido ningún impulso sustancial en esta dirección. Yeltsin cumplió el papel que le atribuyó la historia, pero Putin parece creer que el que le ha sido reservado es muy diferente, tanto que casi no tiene que ver con la democracia.