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Miércoles 25 de Abril de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.369. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Un Pulitzer por comer y contarlo Los prestigiosos premios Pulitzer reconocen por primera vez en toda su historia el trabajo de un crítico gastronómico, galardonando las celebradas y exóticas aventuras culinarias de Jonathan Gold en Los Ángeles POR PEDRO RODRÍGUEZ os premios Pulitzer vienen homenajeando desde 1917 la memoria del legendario editor Joseph Pulitzer y también lo mejor del periodismo, las letras y las artes de Estados Unidos. Tradicionalmente, la categoría de crítica ha estado monopolizada por galardones destinados a los más eruditos análisis sobre literatura, pintura o música. Lo que en la práctica ha supuesto excluir, casi por definición, a los comentaristas de la buena mesa. Pero este año, el comité de los Pulitzer ha digerido finalmente toda esa empalagosa y elitista marginación para reconocer, salivando por supuesto, el valor de las críticas gastronómicas de Jonathan Gold, a sus 46 años un celebrado explorador de la ingente oferta culinaria de Los Ángeles. Tras empezar como corrector y crítico de música clásica, Gold escribe desde 1984 sobre comida en el semanario alternativo y gratuito L. A. Weekly Una trayectoria que le ha llevado a probar menús ciertamente exóticos al especializarse en buscar y rebuscar por todas las cocinas étnicas que convergen en torno a la megaciudad del sur de California. Desde los sedosos fideos de un chiringuito de chinos hasta los sorprendentes bocadillos de una panadería vietnamita pasando por las delicias mexicanas que se venden por la calle. Siempre me siento a la mesa pensando que va a ser una comida memorable ha reconocido este orondo, pelirrojo y feliz personaje al que no le gusta ser fotografiado por aquello de preservar el anonimato de su paladar. En sus columnas, publicadas bajo el epígrafe de Contra Inteligencia Jonathan Gold opera en un mundo de comida real que no intenta por sistema poner a prueba las leyes básicas de la físi- DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany GAMONEDA ecuerdo a Antonio Gamoneda de cuando vino a Bruselas. El Instituto Cervantes oficiaba de médium y, para su jardín de las musas, se había traído de España a unos cuantos magníficos poetas con los que compartí- -privilegios, supongo, de escribir a distancia- -micrófono y manteles. A cambio de unos versos, nos llevaron de cena. A Antonio lo recuerdo caminando a mi lado. Preguntando y andando despacito. Explicando algún hecho como quien ya lo entiende. Quizá no fuera cierto, pero yo lo recuerdo tomándome del brazo. Me quedé, de aquel hombre, con sus cejas pobladas. Las tiene Antonio hirsutas como el bigote de las espigas. Y con la sensación de que hay una pobreza, una costumbre flaca de trabajos al uso, despierta como el ojo de una estrella, digna como la suela de un zapato, terca como la noche y como el agua, que vuelve cada poco y cada siempre a posarse en un párpado encendido, a brincar la pared de una oficina, a vestirse de azul para el estreno y a inventarse su propio abecedario. Me he quedado, del hombre, con esa pulcritud del hombre bueno. Pero el Premio Cervantes se lo han dado al poeta. Y allí estaba el poeta, soñando merecérselo. Me alegro de su triunfo porque hay algo en sus versos que se ha ganado a pulso lo abierto de una puerta. Que se merece un tiempo habitado por madres aunque sea tarde y cruja, como un hueso, la nieve. Me gusta Gamoneda entre la sed y el vino. Me lo imagino limpio, planchado para el traje, tal que en su propia foto de ese día, recogiendo el respeto y la sonrisa, los besos, el aplauso, la abundancia, como una fruta elástica y madura... y la justicia, al fin atravesando su corazón, temible en la dulzura R L Jonathan Gold, el gastrónomo que hace historia con el Pulitzer ca y la química. Aunque también es cierto que no ha podido evitar experiencias muy poco suculentas como aquella ocasión en la que tuvo que enfrentarse a un plato de genitales de cabrito estofados. Pero lo que no falla es la prosa de este crítico con su propio club de fans incondicionales. A la vista de los ejemplos facilitados por el comité de los Pulitzer, Gold es capaz de contar un burrito mexicano relleno de simples patatas como si fuera la segunda o tercera parte de El último tango en París AP Este comentado reconocimiento a la crítica gastronómica ha servido también como excusa para algunas reflexiones sobre la obsesiva relación de Estados Unidos con la comida, tanto mala como buena. Un país donde coexiste el fast- food con una oferta culinaria globalizada, fascinante y multimillonaria. Un país que sufre una terrible epidemia de obesidad pero que al mismo tiempo se deja seducir por la arugula o los sencillos pero envidiables platos comentados cada semana por Jonathan Gold.