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ABC MIÉRCOLES 25- -4- -2007 TOROS www. abc. es toros 93 César Rincón corona su historia en Sevilla con la raza de los grandes FERIA DE ABRIL Real Maestranza de Sevilla. Martes, 24 de abril de 2007. Duodécima corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Torrestrella- -incluido el sobrero, 4 bis- mal presentados los tres primeros, con trapío los últimos; descastados en líneas generales y muy encastado el 4 bis; manejable el 5 y bueno el 6 César Rincón, de azul marino y oro. Estocada levemente desprendida y delantera (silencio) En el cuarto, pinchazo en la suerte de recibir y estocada recibiendo (dos orejas) Enrique Ponce, de rioja y oro. Media estocada (silencio) En el quinto, estocada (saludos tras petición minoritaria) Salvador Cortés, de rosa y oro. Estocada (silencio) En el sexto, estocada pasada (silencio) ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Y creíamos que habíamos visto torear. Ya. De distinta manera. O con distintas formas. Así no. Como el indio de piedra de Bogotá, no. Pureza reconcentrada. La muleta por delante como siempre; el pecho ofrecido como siempre; la figura anclada y hundida eternamente. César Rincón se despedía de Sevilla, donde hace un par de años fue triunfador, donde una década antes derramó su sangre crucificado en un pitón. Rincón tiene carne de perro y la concepción de las auténticas figuras del toreo, la raza de los grandes. Por eso le levantó los pies del suelo un torrestrella sobrero de seriedad renegrida, en los medios, despatarrado, con la izquierda arrancándole toda la casta de sus entrañas por el albero, encajado de riñones. Y ahí el toro dijo basta. Porque el toro era de los que a don Álvaro Domecq le hacían sentir un coro de aplausos inaudibles e invisibles que corrían por su sangre y atronaban sus oídos; a mí me atronaban ayer los ojos las gotas de sangre que caían por la cara reventada del César de Colombia, sonado como por el puño de hierro de Foreman, por la entrada de aquellos directos de Tyson como camiones al rostro de los contrarios. Lo sostenían las manos de las cuadrillas, de los compañeros; el agua por la nuca en la imaginaria esquina del cuadrilátero, a punto de que el preparador tirase la toalla, que el público pedía a gritos. Pero César Rincón es mucho César Rincón, y volvió a la pelea, con el toro más ce- César Rincón se entregó en cuerpo y alma en su despedida de la Maestranza y cortó dos orejas tras jugarse la vida rrado en el tercio. Y con la muleta en la derecha levantó un himno de oles de emoción. Pirri le tiró la montera. Los tendidos habían tomado verdaderamente conciencia de los cojones del toro, que cuando el pequeño y gran torero americano se fajaba con él sobre la boca de riego, haciéndole las cosas por abajo, entregado a la causa, no había esa sensación, con lo que pesaban aquellas embestidas enrazadas en el mismo centro geométrico de la plaza. Allí había logrado muletazos rotundos, aun tocado alguno por un último empujón del domecq, ligados con el de pecho. El final de faena más que un pasodoble pedía a gritos a Wagner por su fuerza. Recibiendo quiso y pinchó la muerte; a la segunda, no. Y la plaza fue toda una sola voz. Banderas colombianas ondeaban al viento durante la vuelta al ruedo del indio de piedra de Bogotá con las orejas más redondas de abril en sus manos, y lamento que nunca nadie le haya lanzado una de España, porque siempre he sentido a César Rincón muy español, tal vez porque Colombia sea muy española. Al maestro nunca le he oído en sus labios frases como hoy es un buen día para morir y sin embargo es el tío que más veces he visto en una plaza dispuesto a morir, como con el mítico Bastonito de Madrid, como con un toro de Astolfi que le lamía las hombreras, como en la lejana y terrible cornada de Palmira o la brutal voltereta de hace un par de temporadas en una faena en Valencia del mismo corte de ayer. El resto de la tarde fue otra historia. Hubo dos corridas en una. Tres primeros toros mal presentados de Torrestrella: el primero de bastos pitones que se echó enfermo en manos de Rincón; el terciado segundo que no valió nada, al margen de que Enrique Ponce le endilgara dos puyazos incomprensibles; el perrichico tercero, rebrincado y pendenciero en la muleta afanosa de Cortés. A partir del sobrero hubo otra luz. Ponce estuvo elegantemente perfecto de temple con un torrestrella alto de justo fuelle. La tardía muerte congeló cualquier premio. El sexto fue aún mejor, pero Salvador Cortés, salvo en una tanda muy por abajo, se espesó ayer sin ideas. DÍAZ JAPÓN JAIME GARCÍA Y creíamos que habíamos visto torear. Ya. De distinta manera. O con distintas formas. Así no. Como el indio de piedra de Bogotá, no Francis Montesinos debuta en los ruedos con el vestido goyesco de César Jiménez El diseñador Francis Montesinos debuta en los ruedos con la confección del vestido goyesco que lucirá César Jiménez el Dos de Mayo en Madrid. Negro, gris y plata, el original terno ha supuesto un privilegio y un reto para el modisto valenciano, que asegura que el arte de la Tauromaquia ha sido su fuente de inspiración en muchas colecciones En la imagen, Montesinos junto a su creación.