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ABC MIÉRCOLES 25- -4- -2007 La mejor música no nace del dolor dice el músico brasileño Carlinhos Brown 87 El CARS no cambiará de naturaleza jurídica en esta legislatura J. G. C. MADRID. Antonio Hidalgo, subsecretario de Cultura, compareció ayer en la Comisión sectorial del Congreso, donde fue interpelado por el PP sobre el futuro del Museo Reina Sofía y la Ley de Propiedad Intelectual. Según Hidalgo, el CARS se convertirá en agencia estatal en 2008, lo cual motivó la denuncia de la diputada popular Beatriz RodríguezSalmones por la demora en el cambio de naturaleza del centro, ya que no se ha elaborado aún el nuevo estatuto, a pesar de que fue calificado como urgente por los responsables de la pinacoteca. La diputada popular alertó también la rebelión ciudadana creciente contra el pago de derechos y exigió celeridad para la creación de la Comisión de Propiedad Intelectual tal y como dicta la ley aprobada en junio de 2006. Hidalgo respondió que precisa de un desarrollo reglamentario complejo pero aseguró que se creará en un plazo relativamente corto Hidalgo advirtió a la portavoz del PP que esta Comisión no será la panacea que evite la ligitiosidad ni los conflictos de intereses en la sociedad. POR SI LOS PIRATAS Esteban González Pons Consejero de Territorio y Vivienda de Valencia AN pasado casi diez años desde que un grupo de políticos con más entusiasmoqueexperienciaimpulsamos la Comisión Especial de Redes Informáticas del Senado. Durante su primer año de vida tuve la satisfacción de presidirla ylainmensafortunadeser elprimer parlamentario español que habló de internet en el Senado y en el Congreso de los Diputados. Podría pensarse que diez años son más que suficientes para dar por amortizados aquellos primeros pasos, inocentes e ilusionados, en torno al fenómeno de internet y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Perono ocurre así. En la España de los cafelitos a 80 céntimostodavía esposibleun Gobierno, que sedicedel Siglo XXI, incapaz de comprender que los riesgos implícitos en los avances tecnológicos son infinitamente menores que las desventajas que pueden producirse si se permanece al margen de los mismos. La reforma de la ley de Propiedad Intelectual- -que en estos días sigue sus trámites en el Con- H greso de los Diputados- -pretende introducir un nuevo canon para los instrumentos tecnológicos. Zapatero quiere que cuando lleguemos a una tienda no sólo paguemos el producto (un fax, una impresora, un escáner, un ordenador personal, un reproductor de MP 3, etcétera) quiere que, además, abonemos una especie de multa preventiva por si acaso se nos ocurre emplear estos soportes para piratear. P arala leyquepreparaZapatero todos somos unos piratas: usted y yo como usuarios; la administraciónpúblicaylaspequeñas empresas; pero también los fabricantes de los productos y servicios, ylos distribuidores (incluido su tendero habitual) Y vamos a pagar por ello. La reforma incluyeestecanon- -queen realidad es un impuesto oculto- -porque entiende que el ordenador de un colegio público o de una residencia de ancianos constituye un riesgo potencialpara los derechos de autor, o que la impresora a color de un hospital puede convertirseen lacentralsuministradora de carátulas de cd s para el top- manta local. Tal y como está planteado, el canon es una bomba de relojería puesta a los pies de los futuros desarrollos tecnológicos. Si elavance tecnológico de la Humanidad hubiese dependido del visto bueno de los colectivos que vieron peligrar su futuro por la irrup- ción de cada nueva tecnología, todavía estaríamos pintarrajeando en Altamira o cociendo adobe. ¿Qué sería hoy denosotros como sociedad si hubiera existido un impuesto que gravara los primeros lápices quefabricó el hombre o las primeras hojas de papel? ¿Qué habría sido de la expansión del saber y de la democratización del conocimiento si el invento de la imprenta hubiera estado sometido a una carga impositiva por parte de los copistas de cronicones? Pero además de esta confrontación soterrada entre aldeanismo y progreso, la medida esconde una concepción de los sistemas impositivos contraria al interés general. Así, la impresora que compre una sucursal de un Banco llevará el mismo gravamen ¡hasta el 66 por ciento del coste total! que la que se lleve a casa el quiosquero que le ha vendido este periódico. El importe es el mismo, desde luego, pero el impacto para las respectivas economías familiares, no lo es. Una circunstancia que aumentará lo que se ha dado en llamar la brecha digital: los ricos tendrán más y mejor acceso a la información que los pobres. ero todavía hay más. Quizás alguien pueda creer que lo recaudado con este impuesto encubierto acabará destinándose a políticas públicas de fomento de la cultura en general. Pero como desde el punto de vista tribu- tario el sistema del canon, como he dicho, va en contra del interés general, la cantidad extra de dinero que pagaremos irá a parar a entidades privadas de gestión de derechos y a los autores y propietarios de los mismos. En plena etapa de revoluciones informativas y digitales, el canon de Zapatero constituye una regresión reaccionaria que desentierra la práctica medieval de consagrar derechos privados a cobrar impuestos públicos. n el fondo, el canon no es un aliado de la cultura: sólo es una carga impositiva para mantener intacto un determinado monopolio de la cultura, un blindaje a un determinado stablishment creativo que no quiere, o no puede, o no sabe adaptarse a la realidad de un modelo interconectado y global. En este sentido, la medida no vendría a prevenir la copia ilegal de contenidos, sino a penalizar determinado consumo y determinada creación de cultura. Ciudadanos, asociaciones profesionales, entidades de usuarios de internet, asociaciones de consumidores, empresas del sector de las tecnologías, ya han levantado su voz en contra de esta medida injusta y regresiva. Todas estas voces están en la página web www. todoscontraelcanon. es. Mi firma ya figura en el manifiesto respaldado por todos los que no desean que la protección de la protección intelectual se convierta en un lastre para el progreso de la sociedad de la información. Cuento desde ahora con la suya. E P