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ABC MIÉRCOLES 25 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA NI ÉTICA NI ESTÉTICA L vino que vendía Asunción no era blanco, ni tinto, ni tenía color, pero el que sirve Custodio, el sumiller de Zalacaín, tiene colores de diamante pulido, y precio más o menos similar. En concreto, el suntuoso borgoña que se bebió allí Carlos Arenillas costaba 654 pavos, y aún le añadió un oporto de 141 euros para hacer boca, más otros 300 enlicoreríavariada, a modo de bajativo, que le dicen en Chile. Detalles que serían meramente privados salvo por dos circunstancias nada triviales: que Arenillas también es custodio, pero de la transparencia de la Bolsa, IGNACIO y que el pagano de tan bien CAMACHO regada cena era el presidente de una agencia de fondos de riesgo... que poco después contrató al hermano de su compañero de mesa. Vamos, que eraelprototipo de invitación que jamás debe aceptar el vicepresidente de la Comisión del Mercado de Valores. Porque, como dijo ayer Manuel Conthe en el Congreso, al final uno es lo que parece, como la mujer del César. Arenillas no es la mujer del César, pero sí el marido de una ministra y el amigo y antiguo socio de los asesores de Zapatero. Y lo que parece es que no reúne el perfil idóneo para hacerse cargo de la supervisión de la Bolsa, demasiado zarandeada últimamente por la sospecha de parcialidad y mangoneo. Los americanos dicen al respecto que si tiene plumas, grazna como un pato y anda como un pato, lomás probable es que se trate deun pato. Tras la declaración de Conthe, es un pato quemado a la brasa. Conthe cumplió su palabra de presentar la dimisión- -y quizás alguna otra de reservarse detalles más o menos procelosos de lo que ha visto- pero antes ha pintado un cuadro muy poco tranquilizador de presiones y pulsos de influencia sobre el arbitraje de nuestros mecanismos financieros. Ahora el Gobierno puede hacer dos cosas: nombrar presidentedelaCNMValmarido dela ministra de Educación, o nombrar a otra persona. Si opta por la primera opción, toda Europa sabrá lo que significa invertir en España, un mercado cuya transparencia e imparcialidad quedaría al cargo de un tipo denunciado en el Parlamento por su antecesor como un dechado de sectarismo permeable a las consignas del poder. Y que además se deja agasajar por las empresas cuyo funcionamiento ha de someter a escrutinio. En Europa estas cosas no son baladíes; como se trata de gente puritana y tal, le dan mucha importancia a ciertos detalles y se la cogen con papel de fumar. Y en Estados Unidos, simplemente, la factura de Zalacaín obraría en manos de algún fiscal federal. Y no digamos la OPA de Endesa. En conjunto, todo este asunto de Conthe, la OPA, el vino, la Bolsa y la buena vida de algunos deja un tufillo de sospecha, connivencia y contubernio que estropea el delicado perfume de narcisismo con que se rocían los amos del universo político y financiero. Quizá no se trate tanto de una cuestión de honestidadlegalcomoderectitudética, ydesdeluego de decoro estético. Nulla esthetica sine etica dejó escrito José María Valverde. Pero en cuestiones de moral pública también vale al revés la sentencia. E EL RECUADRO LA FERIA SIN GLAMOUR N una entrevista con Pepe Carleton que es una novela, Berta González de Vega ha evocado en la competencia el glamour antiguo de Marbella. La Marbella que el desaparecido novelista Félix Bayón nos revelaba que era como la heredera del Tánger internacional de Paul Bowles, tras la independencia de Marruecos. El Tánger donde recalaba el Saltillo del Conde de Barcelona y donde fue operado de apendicitis un jovencísimo Príncipe de Asturias al que todos llamaban Don Juanito y al que visitaba en la soledad de la clínica un periodista sevillano del diario España Antonio Colón. El Tánger de los millonarios universales, de los aventureros internacionales, de Bárbara Hutton, de las fastuosas mansiones, perdió su glamour cinematográfico y literario. Y como si hubiera tomado el transbordador para pasar el Estrecho, se asentó en Marbella. Una Marbella con las buganvillas que Alfonso de Hohenlohe trajo de Kenia, aún sin el reinado de cemento de Banús ni de Meliá. El Tánger de Paul Bowles se refugió en la Marbella cosmopolita de El Cenador de Pepe Carlenton, de los primeros bungalós del Marbella Club, mitad Hollywood, mitad Bahamas, donANTONIO de podías saludar por la calle a Jean NeBURGOS gulescu, a Edgar Neville, a Omar Sharif, a Deborah Kerr. Empieza la Feria y en ella observo el mismo fenómeno que en Marbella. Y que en todo el mundo: la pérdida del glamour. Hubo un tiempo en que en el supremo espectáculo gratuito del paseo de caballistas y carruajes, te ponías tranquilito en una acera y veías pasar el Life enterito y el París Match completo. No me invento nada. Hubo un tiempo en que podías ver pasar a caballo, vestida de amazona, a Jacqueline Kennedy. Y estabas presenciando en vivo y en directo un anticipo de la portada del Life Y te esperabas un momento, y pasaba Grace Kelly vestida de flamenca, y no malamente, no con malage de turista, sino con lo que su mismo nombre indicaba, con gracia, bien asesorada por sus anfitrionas sevillanas, las dos duquesas, la de Medinaceli y la de Alba, pues to- E dos estos iconos del glamour internacional venían para la fiesta de la primavera que a beneficio de la Cruz Roja organizaba Mimi cada año en su Casa de Pilatos. Y seguías en tu acera de curioso mirón y veías pasar al momento un señor gordo, con una pinta inconfundible de extranjero, fumando un puro más grande que él como en el Salero de España, salero apoltronado en un pesetero, coche de caballos de alquiler, con una cara de satisfacciòn y bienestar enormes: era Orson Welles. Sí, el de Ciudadano Kane el mismo, que hasta te decía adiós entre volutas de humo de su habano si lo saludabas desde tu acera de contemplación del glamour. Y de toreros de los que vienen en el Cossío, ni te cuento. El paseo de caballistas y carruajes era un continuo ahí va Mira, ahí va Luis Miguel Dominguín Mira, ahí va Antonio Ordóñez Mira, ahí va Pepe Luis Vázquez De ese ahí va ya apenas queda Curro Romero. Cuando Curro va a la Feria se repite el rito del ahí va Mira, ahí va Curro Romero... Pero ¿y del resto del glamour, qué se hizo? Pues no lo busque usted en la Feria, pero tampoco lo rastree por ningún otro lugar. No quedan esos personajes. Vivimos una depauperación generalizada hacia la mediocridad, hacia el igualitarismo cutre del mal gusto. No sé en otros sitios ya sin aquel viejo lustre, pero en la Feria de Sevilla parece que se ha operado la que Ortega y Gasset llamaba la rebelión de las masas En la Historia, sobre las masas ya no brillan héroes a lo Carlyle. En la vida cotidiana, sobre las masas ya no brillan personajes con encanto y belleza, de amor y lujo. En la Casa Blanca ya no hay ninguna primera dama con el encanto de Jacqueline. ¿Se imaginan a la señora Bush a caballo en la Feria? Más que en la portada del Life saldría en la lista mundial de las diez peor vestidas... de flamenca. Si la nostalgia ya no es lo que era, la Feria de Sevilla se pone a la altura de estos tiempos tan igualitarios en el bienestar de todos, pero con tan poquísimo glamour como el cinema verité de los interiores de trastienda de caseta de las televisiones locales, con las mesas de la España de fritanga y camiseta que dice Juan Miguel Vega, y los botellines de fanta fresquita para aquí mi señora.