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ABC MIÉRCOLES 25 s 4 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA FRANCIA DECIDE Si los pronósticos se confirman estamos ante la gestación de una nueva etapa del Eje París- Berlín, sin duda la locomotora europea. Una etapa caracterizada por la sintonía ideológica entre ambos dirigentes, por su defensa de unos valores históricos y por una clara apuesta por la liberalización económica... ADA cierto tiempo las naciones democráticas se encuentran ante la necesidad de reformar tanto su economía como los servicios sociales. Estas reformas se pueden hacer gradualmente, pero en la mayoría de los casos los políticos prefieren esperar a que la situación sea lo suficientemente preocupante como para que los ciudadanos acepten la necesidad del cambio. Los españoles lo sabemos bien. Desde los Pactos de la Moncloa hasta las reformas realizadas durante los gobiernos Aznar hemos tenido que hacer continuos esfuerzos para adaptarnos a un entorno cambiante. Los nombres de Thatcher o Reagan están unidos a reformas en profundidad en el Reino Unido y Estados Unidos, reformas que en lo fundamental respetaron o continuaron los gobernantes que les sucedieron. Los Estados de la antigua Europa Oriental se vieron abocados a adaptarse en un tiempo muy breve a la economía de mercado, para poder acceder a la Unión Europea. Sin embargo, esta adaptación a una nueva época apenas se desarrolló en Alemania y Francia, las dos grandes economías continentales dotadas de un generoso estado de bienestar Las resistencias al cambio han sido muy evidentes. A pesar de la desastrosa situación económica los alemanes se aferraron a Schroeder, precisamente porque era la garantía de que no se iba a hacer nada. Al final tuvieron que reconocer la necesidad de cambios, pero la victoria de Merkel no fue suficiente y se tuvo que llegar a la formación de una gran coalición Los franceses dejaron muy claro qué piensan sobre una Europa unida rechazando el Tratado de la Constitución, no por el exceso regulatorio o por su afán intervencionista, sino porque permitía una mayor movilidad en el mercado de trabajo. a primera vuelta de las presidenciales francesas ha puesto en evidencia dos cosas. Los franceses son conscientes de la gravedad de la situación y de la trascendencia de la elección, como demuestra una participación del 85 por ciento. La derecha ha desechado la opción centrista y ha asumido mayoritariamente el programa de Sarkozy. Para los liberal- conservadores franceses ha llegado el momento de realizar ajustes en la pesada maquinaria para garantizar su funcionamiento. La economía francesa está estancada desde hace varios años. Sus empresas han perdido competitividad y el paro se ha convertido en un problema serio, en particular para los jóvenes. La sociedad ha asumido las ventajas del estado de bienestar y de la estabilidad en el empleo, lo que ha supuesto una pérdida de incentivo y un alza de las bajas por enfermedad. El fracaso parcial de la integración de la comunidad musulmana es un hecho, con puntas de violencia en las barriadas de las grandes ciudades. El islamismo está penetrando poco a poco, dificultando aún más la plena incorporación de esta comunidad a la socie- C dad francesa. La inmigración agrava la situación. Los valores republicanos están siendo erosionados ante el auge del multiculturalismo y del relativismo. Frente a estos problemas Sarkozy llega con una gestión caracterizada por la defensa de la ley y del orden público, una relevante actividad en favor de la organización de las comunidades musulmanas y del establecimiento de un intenso diálogo entre éstas y la Administración. Ha presentado un programa de liberalización económica y se ha comprometido a defender los valores republicanos, profundizar en la convergencia europea y mejorar las relaciones con Estados Unidos. Por el contrario, Royal ha adoptado una posición conservadora, tratando de mantener en pié un edificio en ruina. Las críticas por la falta de propuestas se han sumado a la sospecha de que la candidata carece de capacidad y liderazgo para asumir la Presidencia. Esa combinación letal le ha hecho merecedora en aquellas tierras del nada cariñoso apelativo de zapatera mbos candidatos deberán matizar su discurso para la segunda vuelta. Están en juego los votos de los seguidores de Bayrou y Le Pen. Los sondeos apuntan a que mayoritariamente se inclinarán hacia Sarkozy. Es verdad que muchos temen las reformas, percibidas como un atentado contra sus privilegios, tan cierto como que saben que son necesarias y que Royal no da la talla. De haber pasado el centrista Bayrou, el voto del miedo tenía ante sí una opción realista. Sin él lo previsible es que de los cinco puntos porcentuales de diferencia se pase a cerca de diez. La llegada de Sarkozy al Palacio del Elíseo implicaría una redefinición del eje París- Berlín. Tanto la Canciller como el Presidente son personas de fuertes convicciones morales, preocupa- A dos por la preservación de los valores democráticos, contrarios al multiculturalismo y a la deriva relativista, fuertes defensores del vínculo trasatlántico y muy preocupados por la amenaza islamista. Ambos han defendido políticas inmigratorias restrictivas y han exigido la aceptación de los valores constitucionales a aquellos que buscan adquirir la nacionalización. Atrás quedan los días en que Chirac y Schroeder incumplían las condiciones para garantizar la estabilidad del euro, bloqueaban la aplicación de la Agenda de Lisboa o jugaban irresponsablemente a buscar una alianza con Rusia a costa de las relaciones con Estados Unidos. Una iniciativa que, bajo el liderazgo de José María Aznar, movilizó a la mayor parte de los gobiernos europeos para expresar por escrito su rechazo a esa maniobra. Zapatero recibió el triunfo electoral de Merkel con un desprecio, al que tiempo después sumaría el veto a Eon. Con Sarkozy las relaciones han sido más intensas y más tensas. El entonces ministro francés criticó la regularización de inmigrantes y rechazó la supuesta voluntad etarra de desarmarse. La situación llegó a tal punto que Chirac salió en su defensa y él se ausentó de la última cumbre bilateral. apatero declaró que con su Gobierno España volvía al corazón de Europa cuando en realidad lo que quería decir es que abandonábamos el papel protagonista asumido hasta entonces, estábamos dispuestos a realizar importantes concesiones y apostábamos por unas políticas que provocaban el rechazo de nuestros socios. El caso de Cuba es el último en esta serie de vergonzosos sinsentidos al que nos tiene ya acostumbrados. El corazón de Europa de confirmarse el previsible triunfo de Sarkozy, se va a redefinir en las antípodas ideológicas de nuestro Presidente. Si con sus afines nos fue mal, con los que no lo son las cosas difícilmente mejorarán. Desde luego no cabe esperar que se genere el ambiente de confianza necesario para establecer una buena relación personal y política, tan conveniente para la defensa de nuestros intereses nacionales. Si los pronósticos se confirman estamos ante la gestación de una nueva etapa del Eje París- Berlín, sin duda la locomotora europea. Una etapa caracterizada por la sintonía ideológica entre ambos dirigentes, por su defensa de unos valores históricos y por una clara apuesta por la liberalización económica. Son buenas noticias para este viejo y reumático continente, necesitado de una puesta a punto para estar a la altura de los retos que nos plantea el nuevo siglo. Lástima que en esta ocasión España no esté a la altura de los acontecimientos, adormecida por la Alianza de las Civilizaciones y dispuesta a reír las gracias a cuanto déspota no conservador se cruce en nuestro camino. Z L FLORENTINO PORTERO Analista del Grupo de Estudios Estratégicos GEES