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ABC MARTES 24- -4- -2007 TOROS www. abc. es toros 83 Morante tiene la llave y Talavante, el candado de la Puerta del Príncipe FERIA DE ABRIL Real Maestranza de Sevilla. Lunes, 23 de abril de 2007. Undécima corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Núñez del Cuvillo- -incluido el sobrero, 3 bis- desiguales y serios por delante, más o menos rematados; nobles todos, salvo el 2 destacaron el buen 1 el estupendo 3 bis, el noble y templado 6 y el 5 mansito encastado. Jesulín de Ubrique, de azul pavo y oro. Bajonazo (silencio) En el cuarto, metisaca horrible y descabello (silencio) Morante de la Puebla, de barquillo y oro. Media baja y trasera (bronca) En el quinto, estocada corta y desprendida (dos orejas) Alejandro Talavante, de malva y oro. Estocada atravesada y descabello (oreja) En el sexto, estocada (dos orejas) Salió por la Puerta del Príncipe. ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Sobre la turbamulta pasaba Alejandro Talavante por el túnel sagrado de la Puerta del Príncipe. De mano en mano, de hombro en hombro. El sol se había ocultado ardiendo. Las llamas de la Maestranza lo habían prendido de naranja y fuego. Pasión crepuscular, Morante encendido, arrebatado, gesto de torero, a portagayola, quemando el último cartucho. ¡Tú tienes la llave! le gritaron. Pero Talavante tenía el candado del cerrojo. Qué tarde de toros. Que Morante es dueño de unas formas, un encaje y una torería distintas, no supone nada nuevo. La novedad es que se decidiera a sacarlas como espada del fundón en una plaza que, como la llave, ya debería ser suya. La feria se le iba entre penumbras, como la temporada anterior. Y no se qué le entró por dentro, el orgullo, la raza, los gatos que maúllan en las noches de luna como lobos solitarios, que agarró el capote y marchó con él a rastras hacia el portón inmenso de toriles. ¡Morante! De la oscuridad de los chiqueros se le vino cruzado el toro, como salen habitualmente por esa bocana del miedo, de tres metros y pico de ancho, con holgura sobrada para que la bala zigzaguee en su trayectoria. Morante tiró la larga al aire y el cuerpo, a tierra. Y se levantó arreado, a la verónica, barroco, crujiéndose con el toro que se le escapaba abanto; el rebujo de la media agarró al maestro de la banda: tócala otra vez. Le arreó el toro sin que nadie echara un capote hasta sacarle todo el aire. Hay que ponerse en forma, torero. El pase de la firma del arranque de faena fue un cartelazo, un monumento, una bestialidad. Y el de pecho. Tanta fibra traía el de La Puebla en esta tarde última suya de abril que, aún bien acinturado, toreaba con exceso de arrebato, con veloz trazo, como en un quite anterior por delantales. Era el orgullo quien toreaba, la prisa por coger el último tren, pero tan bien compuesto que el gentío se olvidaba de que Morante sabe torear más templado y más puro, con la pierna sobre la vía. Los adornos, los em- Extraordinario natural de Alejandro Talavante, que cortó tres orejas y abrió la Puerta del Príncipe broques, el embrujo. Con la espada dentro, el toro, manso con su castita, o mansito con casta, buscó la querencia que, por cierto, Morante nunca le había dejado alcanzar. De tanto arrebato, el presidente se contagió y sacó los dos pañuelos a la vez, como John Wayne las pistolas: bang, bang, a la diana de la seriedad. La bronca a la brevedad morantista con el complicado segundo se desechó al olvido. Alejandro Talavante venía con la aureola de los doce naturales, doce, que tocaron hace dos días el corazón de la Maestranza para conquistarla. Y, por aquel recuerdo tan bárbaro, la primera faena al primer toro de Núñez del Cuvillo- -un sobrero con dos leños que había sustituido a un toro que se descoordinó en un topetazo con un burladero- -se quedó en un sí pero no. Allí en los medios, de ORTEGA Agarró el capote y marchó con él a rastras hacia el portón inmenso de toriles. ¡Morante a portagayola! cada serie de natural se acercaban a la excelencia del otro día uno o dos. ¿Qué faltaba? Arrastrar un cuarto de muleta por abajo, amigo. ¿Lo hubiera aguantado el toro? Probablemente sí. La oreja fue justa, medida, sin apasionamientos y razonada, porque el final a pies juntos, muleta al segundo muslo, había apurado la obra por encima de la estocada atravesada. Todo temple fue el corpulento y engatillado y astifino sexto, que completó su redondo lote y la notable corrida de Cuvillo. Y temple derrochó Talavante. Otra vez ligado en la boca de riego, generoso en la distancia al principio; de nuevo en un palmo de terreno con la zocata, como en la faena anterior, quieto y jugando ahora los vuelos de la muleta, cada vez a más. Respiraba con absoluta tranquilidad ante la cada vez más parada embestida, sin aspavientos, librando pases de pecho a cámara lenta o alguna trincherilla de clamor. Pero fue un cambio de mano (lo que ahora escriben como cambio de manos) de la derecha a la izquierda, por detrás, sin moverse, lo que desembocó en un natural que duró la eternidad entera. La plaza se puso en pie, y Talavante se descaró agradecido, como tras la estocada por arriba, como por la Puerta del Príncipe. Jesulín venía a despedirse de Sevilla, pero Jesulín hace tiempo que se ha ido.