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78 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos MARTES 24- -4- -2007 ABC El Rey glosa la exigencia estética y el sentimiento ético de Antonio Gamoneda El poeta recibió ayer de manos de Don Juan Carlos el premio Cervantes en la Universidad de Alcalá de Henares MANUEL DE LA FUENTE ALCALÁ DE HENARES. En el mismo lugar de La Mancha que todos los años por estas fechas, aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, en la centenaria Universidad de Alcalá de Henares, Antonio Gamoneda, ese poeta de provincias (que no provinciano) como él mismo se define, recibió ayer de manos del Rey Don Juan Carlos el premio Cervantes, el galardón de galardones, la más alta distinción de las letras españolas. Apretaba a plomo el sol en lo más alto del cielo alcalaíno, un sol de justicia (termométrica y poética, sobre todo poética, por supuesto) cuando llegó el vate al bello memorioso Paraninfo complutense, en compañía de César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes. Y llegó de riguroso estreno, el de un pimpante chaqué, indumentaria que, como luego comentaría el propio escritor, era la primera vez que se ponía en su vida. Apenas pasaban cinco minutos de las doce del mediodía cuando comenzó el solemne acto, presidido por los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, a los que acompañaban el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero; la ministra de Cultura, Carmen Calvo; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; el director general del Libro, Rogelio Blanco, y el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, entre otras autoridades. Llegó el poeta con sus setenta y seis años a cuestas, que no a rastras, luminoso como un pan candeal, y también como un pan candeal repleto de la enjundiosa miga de su discurso que dedicó a Cervantes y la pobreza, condición ésta, la de ser pobre casi de solemnidad, que, aunque en estos tiempos pueda llegar a dudarse, que no faltan los que medran y trepan como hiedras, siempre ha tenido por costumbre anidar y habitar mayormente famélica entre sonetos, cuartetas y racimos de endecasílabos más o menos afortunados. Llegó el poeta a Alcalá procedente de los vastos jardines Miga poética Los Reyes, junto a Zapatero y Gamoneda, a quien acompañan su esposa, sus hijas y su nieta Cecilia ERNESTO AGUDO Hoy me he acordado sobre todo de mis padres, que me dieron la vida, ese extraño accidente No parece Antonio Gamoneda, al menos en sus apariciones públicas, un hombre risueño, ni el poeta más dicharachero del mundo, aunque desde el fondo de sus ojos asoma a menudo un hilillo de ironía, un brillo del que también sabe, aunque no lo muestre, mucho de travesuras y hasta de bromas. No es, desde luego, el poeta ayer premiado un hombre que haya olvidado lo mucho, y tan a quemarropa, que ha vivido. Ni las heridas cicatrizadas con el esfuerzo, en soledad, y apurando vaso a vaso, y verso a verso, los tragos agridulces de la vida. Pero ayer, bajo la furia del diabólico sol de abril (que desde luego para Gamoneda no ha sido, ni mucho menos, el mes más triste del que hablara Eliot) con su copa de vino tinto en la mano, después de la entrega del premio Cervantes, el poeta nacido en Oviedo, pero criado en León, no podía disimular ni enmascarar (probablemente ni siquie- ra quería) su satisfacción y su alegría, y lo hacía, primero, con un recuerdo para sus padres, porque ellos fueron los que le dieron la vida, ese extraño accidente como explicó amable y sonriente ante los periodistas. Este extraño accidente- -continuó- -que ocurre, no se equivoquen, entre la inexistencia y la inexistencia; entre el antes de ser, y el dejar de ser Ser y estar, como ayer lo estaban también muy cerca del poeta su esposa, María Angeles Lanza, sus tres hijas, Ana, Amelia y Angelines, y su nieta Cecilia, a la que el poeta ha dedicado su último libro de poemas.