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ABC MARTES 24 s 4 s 2007 Elecciones presidenciales en Francia s El voto por territorios INTERNACIONAL 33 RADIOGRAFÍA DEL VOTO EN LAS PRESIDENCIALES FRANCESAS Lille ¿CÓMO UN DUELO ENTRE BLAIR Y THATCHER? El hecho de que el margen entre los candidatos sea relativamente limitado muestra que el supuesto divorcio entre ciudadanos y dirigentes es muy exagerado va habría puesto de relieve la fuerza de los adversarios del sistema y la presencia de un gran malestar. Por más que algunos gaullistas partidarios del voto a Bayrou insistieran en que su favorito era fiel al espíritu inicial de las instituciones de 1958, y por más que recordaran que el general no había rehusado gobernar con los socialistas y que su concepción de la agrupación no implicaba la existencia de una mayoría homogénea, no es menos cierto que Bayrou no es De Gaulle. Su resultado, por muy bueno que sea, ha cosechado el mayor número de votos hostiles a los dos finalistas, pero es poco probable que consiga crear el partido con el que sueña. De todos los pronósticos pesimistas, la hipótesis de una segunda vuelta que enfrentara a Segolène Royal y Nicolas Sarkozy era, con mucho, la más favorable. Había que reconocer algo más. Si la diferencia de votos entre los dos finalistas hubiera sido demasiado grande a favor del candidato conservador, lo cual no sería necesariamente una buena noticia, tendríamos motivos para temer las reacciones de la calle y habría sido necesario contar con la sensatez del líder de la derecha para resistir la presión de los extremos después de una victoria debida en parte a ellos. El hecho de que el margen entre los dos candidatos sea relativamente limitado demuestra que el supuesto divorcio entre los ciudadanos y sus dirigentes es muy exagerado, que la crisis de representación desaparece cuando se percibe la importancia de lo que está en juego, que la lógica bipolar de nuestras instituciones funciona, y que la vida política francesa se instala en un enfrentamiento cada vez más equilibrado entre la izquierda socialista y la derecha republicana. Por tanto, ¿estamos abocados a algo parecido a un duelo entre Blair y Thatcher? En estas condiciones, el PS está más lejos de la reforma socialdemócrata prometida y aplazada durante tanto tiempo que la derecha republicana de mostrarse dispuesta a una conversión liberal. Sea como sea, este debate, que implica una gran movilización de los liberales, es el que deberá decidirse en la segunda vuelta. EDA Le Figaro París París Así se votó en España Censo: 52.000 franceses Participación: 16.103 (32 N. Sarkozy Total Madrid Barcelona Sevilla Bilbao 35,40 %39,3 %28,6 %35 %23 S. Royal F. Bayrou 35,99 %17,36 %35,9 %40,5 %35 %42 %17,6 %20,9 %22 Rennes Lyon Burdeos Alain- Gérard Slama Escritor y periodista Marsella Sarkozy ganó en Alicante, Palma, Gerona y Málaga S. Royal ganó en: Valencia, Tenerife, Granada y Zaragoza N. Sarkozy S. Royal F. Bayrou Córcega Guadalupe Martinica Guayana Reunión Saint- Pierreet- Miquelon Sarkozy recupera Marsella y París; los suburbios, con Royal El conservador ganó en el norte, este y centro de Francia, mientras que el sur y parte del oeste fueron socialistas F. DE ANDRÉS ENVIADO ESPECIAL PARÍS. La mancha azul del fenómeno Sarkozy cubrió de modo casi homogéneo todos los departamentos (provincias) del norte, este y gran parte del centro de Francia. La mancha roja del fenómeno Ségolène se extendió por la mayoría de los departamentos del sur y una buena porción del oeste. El voto de los territorios de ultramar estuvo repartido entre los dos vencedores, con ventaja para el líder de la conservadora Unión por un Movimiento Popular. La sorpresa de la jornada fue la victoria de Sarkozy en París, y en la mayoría de las zonas circundantes de Ile de France En la capital, el candidato reformista conservador sacó cuatro puntos de ventaja a Ségolène en una plaza que cayó en manos socialistas en las últimas municipales de 2001. No fue sorprendente la victoria de la candidata socialista en los suburbios más deprimidos de la capital. En Clichysous- Bois, Royal logró el 50 por ciento de los sufragios. El interés de este barrio tiene su simbolismo: aquí estallaron los graves disturbios étnicos del verano del 2005, después de que Sarkozy- -a la sazón ministro del Interior- -utilizase el término canalla para referirse a los jóvenes vándalos de la capital. El centrista Bayrou logró un excelente resultado en la capital, a años luz de los ecologistas. El alcalde socialista de París, que ha dotado a los verdes de muchos puestos en la administración de la ciudad, se verá tentado a hacer algunos cambios urgentes, entre otras cosas para cortejar a los electores del partido de Bayrou y animarles a que voten a Segolénè en la segunda vuelta de mayo. Otro bastión que cae en manos de Sarkozy es Marsella, hasta ahora feudo del Frente Nacional. En esta ciudad ganó Le Pen ininterrumpidamente en las presidenciales de 1988, 1995 y 2002. El domingo, Marsella votó masivamente por Sarkozy. Lion, otra de las grandes urbes francesas, se repartió entre la derecha y el centro. El Gran Lion fue para el candidato de la UDF, François Bayrou, pero en la capital el más votado fue Sarkozy, con el 24 por ciento de los sufragios, seguido de cerca por Ségolène. Adiós por tanto a la ciudad que en su día Valery Giscard D Estaing saludó como la capital de la UDF Fuera de Francia, la victoria también fue para Sarkozy, por casi nueve puntos de diferencia. Pero, en el caso de España, fue Royal la vencedora por la mínima. Tan estrecho fue el margen que se quedó en 94 papeletas, para porcentajes del 35,99 y el 35,40, respectivamente. Votaron en nuestro país 16.103 de los 52.000 franceses con derecho. Por ciudades, Royal ganó en Barcelona, Bilbao, Valencia, Santa Cruz de Tenerife, Granada y Zaragoza; Sarkozy lo hizo en Madrid, Alicante, Palma de Mallorca, Gerona y Málaga. En Sevilla, empate. En España, Royal por 94 votos os hemos librado de una buena. Si recordamos la postura de los centros de estadísticas la misma víspera de las elecciones del domingo, lo único cierto era que no podía formularse ningún pronóstico con seguridad. Al considerar que la opinión pública está dispuesta a cualquier capricho, se pensaba que la votación podía deparar todo tipo de sorpresas. Pocas veces en la historia, se decía, la sociedad francesa ha estado expuesta a conmociones económicas, sociales, demográficas y culturales tan profundas, lo cual es cierto. Asimismo, los principales aspirantes al Elíseo rara vez se han impuesto en la primera vuelta de la contienda electoral de una forma tan inesperada. Al mismo tiempo, se podían considerar todas las hipótesis sobre el estado de ánimo de los franceses, incluso las peores. Un primer ejemplo es la teoría límite según la cual Le Pen accedería una vez más a la segunda vuelta frente a Nicolas Sarkozy: semejante reiteración habría reflejado una crisis del régimen comparable a la de 1958. La segunda hipótesis situaba a François Bayrou en condiciones de enfrentarse al candidato de UMP el próximo 6 de mayo y, en este caso, el porvenir de las instituciones seguía siendo un motivo de inquietud, desde luego menos vivo, pero abierto. En efecto, costaba imaginar que el candidato centrista fuese a renunciar a sus tesis de victoria sobre la oposición de derecha e izquierda, a la introducción de la proporcionalidad y a la revisión del artículo quinto de la Constitución. Suponiendo incluso que fuera derrotado por su rival, su acceso a la vuelta definiti- N La crisis de representación desaparece cuando se percibe la importancia de lo que está en juego