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ABC MARTES 24 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA VIVA EL BALLOTAGE E da envidia el ballotage francés, la segunda vuelta electoral, porque es un sistema limpio, claro y eficaz, que cierra el paso a componendas propias del mercado negro de la política. Dentro de un mes vamos a ver en España un ignominioso espectáculo de cambalache en el que se subastarán las alcaldías y presidencias autonómicas como en un mercado de chalanes, y en el quela voluntad expresadelosciudadanos quedará a merced de un racimo de tahúres. Con nuestro mecanismo electivo, Le Pen y Bayrou estarían ahora en Francia exigiendo a IGNACIO Sarkozy y a Royal las parCAMACHO celas de poder más golosas para subvertir a su favor la voluntad popular y transformar en ganancias su derrota democrática: a menos votos, más beneficio. Gracias al ballotage, sin embargo, cualquier acuerdo que los perdedores puedan suscribir con los candidatos mayoritarios tendrá que ser refrendado ante las urnas. Los pactosson legítimos, pero mejor delantedel pueblo que a sus espaldas. Discutida por su origen gaullista, la segunda vuelta refuerza el concepto delasoberanía popular, y entronca con el ideal republicano inspirado por los principios de la Revolución. Las grandes decisiones sobreelpoder corresponden a la ciudadanía, que debe tomarlas del modo más directo posible, sin queningún intermediario, por representativo que sea, suplantela legitimidad lineal del sufragio. De ese modo, el gobernante electo cuenta con el respaldo explícito de una mayoría necesaria, ante la que responde como depositario de su voluntad. Sin trucos ni pantallas. El domingo, los franceses votaron según su corazón, su ideología, sus tripas, su afinidad sentimental o política. Y lo hicieron, por cierto, de una manera masiva que desmiente y espanta los recelos ante un sistema que, según sus críticos, desincentivalaparticipación en primera vuelta. Un 85 por ciento ciñe la abstención a motivos puramente técnicos, y puede considerarse casi un voto total. Ese primer escrutinio hace la criba y sitúa a los dos candidatos más votados ante el cuerpo electoral completo para que emita su veredicto sin cortapisas ni intérpretes. Y descarta el mercadeo desaprensivo, la especulación a posteriori del voto emitido, entregando a los ciudadanos la última palabra. Así debe ser. Los mecanismos de elección indirecta, válidos y legítimos, no pueden superar el valor intrínseco del sufragio directo como elemento primordial de calidad democrática. La prima a las minorías recoge un encomiable sentido de integración, pero se ha convertido en fuente de abusos inaceptables que retuercen el sentido de la voluntad popular a favor de distintos sindicatos deintereses, y en no pocas ocasiones sirvelisa y llanamenteparabirlar en los despachos lo que se pierde en las urnas. Eso es lo que ocurre desde hace tiempo en España y lo que los franceses, a los que está de moda denostar por su decadente orgullo nacional, son todavíacapacesdeenseñarnos aevitar desde la altura de su impecable tradición política y su larga experiencia de libertades públicas. M CÓMO ASOCIARSE CON ZAPATERO AS pasiones políticas a veces se perpetúan más allá de su escenario de origen y se enrocan en los nuevos paisajes. Entonces ya son viejas pasiones políticas, pero no siempre nos damos cuenta. Es el caso de los intentos legislativos sobre la memoria histórica Por eso le dan su apoyo los dos grupos políticos con el sistema genético más arcaico: eso es, lo que queda del PC y ERC. Ni en el propio PSOE existe unanimidad real al respecto. A parte de los recursos elásticos de CiU y PNV los restos del naufragio y los despojos de la ERC de Macià y Companys que tanto contribuyó a la Cataluña autodestructiva son los mejores aliados del zapaterismo a la hora de destapar fosas. Según un registro más laberíntico e indefinido, Herri Batasuna le sirve también como elemento de asociación. En un mundo online globalizado, en busca de nuevas formas de energía y de políticas transnacionales, ¿es el zapaterismo algo antiguo o una premonición del futuro político? En la elección de sus asociados nacionales e internacionales, como se percibe con claridad en Iberoamérica, José Luis Rodríguez Zapatero ha apostado por moldes viejos. Ni tan siquiera las VALENTÍ nuevas formas políticas que se ensayan PUIG en el Partido Demócrata norteamericano parecen atraerle. Se diría que le resulta más sugestivo Chávez que Lula. Le inspiran más los populismos indigenistas que la izquierda latinoamericana que con más o menos fortuna intenta fórmulas de crecimiento y equidad, en Chile o en Brasil. Lo mismo ocurre con su percepción de la derecha: más allá de las estrategias de arrinconamiento confunde al centro- derecha con la derecha extrema, en virtud de un retorno a procesos políticos que corresponden más a las circunstancias de los años treinta en España y en toda Europa que al mundo que se adapta a las realidades del siglo XXI. Es un caso paradigmático de pasión política anclada en el pasado, inamovible, irreductible, inmovilista. Hasta ahí llegaría también el trazo de la caricatura. Queda por hacer el resto: definir el zapaterismo con la L frialdad debida, acotar sus vínculos históricos y sobre todo esclarecer en qué medida su forma de asociarse es ideológica o responde a ese pragmatismo in extremis a esa astucia de lo informulado que algunos le atribuyen. Puede recordarse el modo como usó y abusó de CiU en el momento del nuevo estatuto de autonomía de Cataluña: Artur Mas todavía no se ha recuperado del cigarrillo que entonces se fumó en La Moncloa. No sabemos si todo eso ya había sido preconcebido en términos estratégicos por el diputado Zapatero en sus años de maceración política y parlamentaria. ¿Voló alguna vez a mayor altura la pasión política de Zapatero o fue siempre a ras del suelo? Después de tres años de ver de cerca los procesos políticos del zapaterismo, la perplejidad viene siendo la misma, mientras las encuestas transcriben un empate neutro entre PSOE y PP Despejar algunas de estas incógnitas serviría para prever si Zapatero tiene la imaginación política suficiente como para urdir un nuevo mapa entre el fiasco de la aproximación a ETA y los resultados del 27- M. Entonces tendrá ante la mirada la pista de despegue de las elecciones legislativas. Con esta perspectiva uno no puede confiar enteramente en el piloto automático- -como cabe la sospecha de que Zapatero hizo en fases no muy lejanas- -ni tiene en su viejo sistema de asociados un colchón de plumas para arrellanarse y ponerse a decir que vivimos días gloriosos. Ilustra el modelo asociativo de Zapatero que sólo Santiago Carrillo se haya salido de la galería de personalidades ilustres de la Transición para dar su apoyo a quienes hurgan en la memoria histórica. Eso honra al viejo comunista, que arrastra cicatrices y secretos indecibles que afectan a las horas más enconadas de España. Carrillo de repente se saltó las reglas de juego de la transición y regresó- -como un sonámbulo- -a los lugares del desastre, del paseíllo y del tiro en la nuca. Le pudo el afán de contribuir a la higiene histórica propugnada por el zapaterismo. Pero el caso es que así vinculó a Zapatero aún más con el pasado. Eso ocurre con las pasiones políticas más necesitadas de tratamiento geriátrico. vpuig abc. es