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ABC LUNES 23 s 4 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 73 DANZA Santo y seña Dirección artística, coreografía y baile: Eva Yerbabuena. Música: Paco Jarana. Bailarines: Mariano Bernal, Eduardo Guerrero, Alejandro Rodríguez y Manuel Zurano. Lugar: Teatro Albéniz, Madrid El don de la sobriedad JULIO BRAVO Eva Yerbabuena es una mujer sencilla y es, también, una bailaora sencilla. Lo decía en las horas previas al estreno madrileño de Santo y seña un espectáculo que vio la luz en Sevilla hace unas semanas: me gusta la sencillez, las cosas que parece que surgen de forma natural Y es que así es su baile. Sencillo y, sobre todo, profundo. Que nadie espere espuma en sus interpretaciones; no hay fuegos artificiales en sus tacones ni explosión en sus movimientos. Sí encontrarán carácter, reflexión, hondura. El arte de Eva Yerbabuena se degusta en sorbos cortos, se deja paladear porque posee cuerpo. Se basa en una musicalidad excepcional, que convierte a la bailaora en un junco mecida por el sonido de la guitarra o por la voz de un cantaor. Su taconeo es preciso, lo mismo que sus brazos, que cortan el aire con exactitud y arte a partes iguales. Eva es una bailaora que emociona desde la profundidad, desde el silencio. El escenario, iluminado por una leve bombilla en el arranque de es- Eva Yerbabuena, en el arranque de Santo y seña te Santo y seña va cobrando luz según pasan los minutos gracias a su sobria sinceridad, a su entrega y a la calidad de su baile. Pero precisamente porque Eva es una artista de cinco estrellas merece un espectáculo de cinco estrellas, y Santo y seña no lo es. Planteado casi como un recital, los números de los bailarines- -donde sobresale la presencia y las maneras de Mariano Bernal- -no parecen servir más que para que EFE Eva tome aire y cambie de vestuario (no siempre el más acertado) No existe- -al contrario que en anteriores trabajos suyos, mucho más cuidados desde el punto de vista escénico- -una estructura, como tampoco hay excesiva variedad en los colores coreográficos. Da la sensación de ser un espectáculo hilvanado al que falta rematar las costuras. El baile cautivador y profundo, cada vez más maduro, de Eva Yerbabuena se merece una mejor envoltura. ROCK Roger Waters Concierto de Roger Waters. Lugar: Palau Sant Jordi, Barcelona. Fecha: 21 de abril de 2007 Oscuridad en alta fidelidad DAVID MORÁN Excesivo, monumental, megalómano... Cualquiera de estos adjetivos se queda pequeño a la hora de definir a Roger Waters, ex ideólogo de Pink Floyd y responsable directo de que el legado de la banda británica siga asomándose periódicamente a los escenarios de medio mundo. La excusa es, en este caso, la recreación en directo de The Dark Side Of The Moon emblemático álbum grabado en 1973 que catapultó a Pink Floyd a la cima del rock faraónico y abrió las puertas a una nueva dimensión conceptual dominada por aparatosas progresiones instrumentales. De todo esto dio buena cuenta el británico en un Palau Sant Jordi que nunca antes había sonado con semejante nitidez- -el sistema de audio de 360 grados ayudó lo suyo- -y en cuyas entrañas se fraguó una imponente reconstrucción visual, sonora y estética del culto a los autores de The Wall En este álbum fijó Waters la mirada para abrir una primera parte con citas a In The Flesh? y Mother y sentidos homenajes al desaparecido Syd Barrett, cuyo espíritu presidió las interpretaciones de Set The Controls For The Heart Of The Sun y, claro, la emotiva Wish You Were Here Sobre el escenario, una impecable banda reforzada por los coros de tres vocalistas y un despliegue visual que maravilló con las proyecciones y sorprendió con las continuas detonaciones. Tres pantallas de vídeo se encargaban de mostrar lunas de color cambiante, imá- genes de la banda robadas del pasado y planos de una radio que interactuaba con lo que se oía en el escenario. Sorprendente fue también la aparición en escena de un cerdo hinchable con el cuerpo tatuado de consignas como Todas las religiones dividen Más asfixiante y excesiva, la segunda parte, dedicada por entero a releer los surcos de The Dark Side Of The Moon reforzó la complejidad instrumental, apartó a Waters del plano fijo- -tal y como hace en el disco, sólo cantó en Time y Eclipse -y encerró las tribulaciones de Money The Great Gig In The Sky en un inquietante envoltorio de alta fidelidad. La rendición fue definitiva cuando, ya en el tiempo añadido, un láser regó el recinto con los colores del arco irís y Waters recuperó de nuevo The Wall para consolidar su triunfo con la aplastante Another Brick In The Wall Pt. 2 y la lisérgica Comfortably Numb