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70 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 23- -4- -2007 ABC Un abrazo- protesta a la Biblioteca Nacional EFE MADRID. Un abrazo colectivo en torno a la sede de la Biblioteca Nacional fue el modo de protesta que ayer eligieron varios cientos de personas, en su mayoría bibliotecarios, que se opusieron así al pago de un canon compensatorio de 0,20 euros por libro prestado a las sociedades de autores y editoriales. En la manifestación se leyó un escrito de José Luis Sampedro, en el cual el autor se pregunta si Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos y apunta: Prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas Darío Fo, José Saramago, Andrés Aberasturi, Emilio LLedó, Soledad Puértolas, Luis Mateo Díez, Almudena Grandes, Luis Landero, Rosa Regás o Andrés Trapiello, entre otros, coinciden en esta opinión contra el canon y firmaron el manifiesto de la concentración. Parte de la cadema humana que protestó en Madrid con este abrazo colectivo contra el pago de un canon por libro prestado FRANCISCO SECO Los libreros aspiran a facturar hoy en Sant Jordi 20 millones de euros Mitad fiesta mitad negocio, la de hoy es una fecha marcada en rojo para lectores, autores y editores: algunas empresas venden en un día el 30 por ciento del año DAVID MORÁN BARCELONA. Cada año es lo mismo y, sin embargo, cada año es diferente: las rosas, los libros, una marea humana invadiendo el centro de las principales ciudades catalanas... Si hoy es 23 de abril, esto es la Diada de Sant Jordi, día señalado en rojo en el calendario catalán que, a pesar de no ser festivo, se vive como tal: a pie de calle, con miles de personas deambulando por las aceras y dando sentido a esa tradición en la que rosas y libros se alían para constituir un tándem tan imbatible como ese otro que forman autores y lectores, entidades virtualmente distanciadas durante el resto del año que aprovechan la jornada de hoy para estrechar lazos, intercambiar opiniones y compartir maratonianas pruebas de resistencia. Unos activan el resorte automático que mueve sus muñecas y otros se desviven haciendo cola para conseguir el preciado autógrafo. En Sant Jordi, queda claro, lo que importa es el libro, codiciado objeto de deseo que despliega todas sus armas para materializarse en 180.000 títulos expuestos en más de 400 tenderetes. También están los cinco millones de rosas que cambiarán de manos en sólo veinticuatro horas, pero los índices de apreciación olfativa y deleite colórico no parecen tan preocupantes como los bajos índices de lectura. Sobre ellos se deja caer a plomo un día en el que por primera- -y puede que última- -vez en un año, las letras más importantes no son las del coche o la hipoteca. Chico regala rosa, chica regala libro. La tradición, cada vez más alterada para ajustarse a los cánones de la paridad, llega respaldada por una mareante lluvia de números: en uno solo día se pueden llegar a facturar más de 20 millones de euros, astronómica cifra que para algunas empresas representa el treinta por ciento de la facturación total de la temporada. Sant Jordi es una fiesta, pero también un negocio, y esa es precisamente su magia: conseguir que los catalanes invadan las calles para ojear- -u hojear; en este caso, ambos verbos son intercambiables- -manosear y, finalmente, comprar libros. Lo de menos es el título. Lo mismo sirve deslizarse por el tobogán de los escritores mediáticos que subir las escarpadas cordilleras de los presuntamente literarios. El libro es el protagonista y, como tal, ha de garantizar su supervivencia. Estilos, formatos, géneros y demás filias y fobias literarias no son más que aspectos secundarios de un día que celebra la concepción más global de la página impresa. Están los libros y están también los escritores, agrupados en docenas y expuestos en medio de la calle a la espera de encontrarse con sus lectores, protagonistas absolutos de una fiesta que sin ellos no tendría ningún tipo de sentido. Un rápido vistazo a las listas de los libros más vendidos anima a pensar que las colas más numerosas volverán a formarse frente a Lucía Etxebarría, Idelfonso Falcones, Antonio Gala, Jorge Bucay, Eduard Punset, Juan José Millás y Maruja Torres. La cada vez más numerosa cuota de cocineros, deportistas y presentadores de radio y El negocio de la fiesta televisión metidos a escritores estará representada por Ismael Prados, Ada Perallada, Carme Ruscalleda, Rafa Nadal y Antoni Basses, nombres que despiertan todo tipo de recelos. El más avispado de todos sigue siendo, sin embargo, Andreu Buenafuente, quien, un año más, tiene la deferencia de encerrarse en un stand propio y aislado del resto de escritores para evitar así humillaciones a posibles compañeros de mesa. Para unos y otros, para mediáticos y literarios, el ritual a seguir es siempre el mismo: localizar el nombre del autor en el rosario de stands que se alzan frente a librerías y centros comerciales, soportar estoicamente la lentitud de las colas y rezar para que el escritor en cuestión tenga tiempo y paciencia para charlar un par de minutos y pergeñar algo más que una dedicatoria mecánica en la que sólo cambia el nombre. El resto queda en manos del clima, el azar y la lógica interna de un día sin lógica alguna. Seguir el ritual Habrá 180.000 títulos expuestos en más de 400 tenderetes. También, cinco millones de rosas