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ABC LUNES 23 s 4 s 2007 Elecciones presidenciales en Francia s Los ganadores SÉGOLÈNE ROYAL INTERNACIONAL 35 NICOLAS SARKOZY UN IDEALISTA PRAGMÁTICO LA MUJER EN ROJO El primer tabú que rompe el líder conservador es no haber pasado por la Escuela Nacional de Administración, semillero de políticos F. DE ANDRÉS PARÍS. Hiperactivo, ambicioso y muy trabajador Así lo define en su biografía la periodista Anita Hausser. Nicolas Sarkozy, nacido hace 52 años en París, de padre húngaro y madre francesa de origen griego, rompe muchos de los cánones de un dirigente conservador francés. Se siente profundamente francés, su dominio de la retórica le sitúa ya en el panteón de los grandes tribunos de su país, pero al mismo tiempo admira el arte de la política anglosajona, eminentemente pragmática. Nicolas Sarkozy logró el pasado 14 de enero la nominación por la Unión por la Mayoría Presidencial, la coalición conservadora gobernante, para suceder en El Elíseo a Jacques Chirac. La elección, sin disputa interna alguna, se logró a pesar de la patente enemistad de Sarkozy con Chirac y con el delfín de éste al frente del Gobierno, Dominique de Villepin. El primer tabú que rompe el líder conservador es su trayectoria académica. A diferencia de la mayor parte de los que han ocupado los más altos puestos en la política francesa, Nicolas Sarkozy no estudió en la Escuela Nacional de Administración. Hizo Derecho y ejerció como abogado, antes de entrar en política. Estuvo al frente de un suburbio de París, fue diputado y en 2002 fue nombrado ministro del Interior; en 2004 pasó a la cartera de Finanzas, y en 2005 regresó al Ministerio que se ocupa del orden público. Su enemistad con Chirac comenzó en 1995, cuando apoyó a un candidato rival en las presidenciales. Su etapa al frente de la cartera de Interior le granjeó fama de duro y peligroso en los sectores de la izquierda, aunque hoy muchos intelectuales de esa tendencia reconocen su talento político y su preparación. Sarkozy calificó de canalla a los jóvenes delincuentes de los suburbios de París y es partidario de la deportación de los inmigrantes ilegales, pero al mismo tiempo ha aplicado políticas eficaces de integración. Ha roto algunos tabúes de la clase política francesa, al mostrar su apoyo a la discriminación positiva a favor de los empleos para jóvenes, e incluso la necesidad de que el Estado pague la construcción de mezquitas para los musulmanes franceses. Su reputación de pragmático salvaje se concilia, no obstante, por su pasión por el debate de ideas, que ha pretendido convertir en el centro de la campaña electoral, para la reforma profunda del sistema francés. En términos económicos, es partidario de la eliminación gradual y voluntaria de la semana laboral de 35 horas- -impuesta por los Su paso a la segunda vuelta es otro éxito del coraje de esta mujer que se ha impuesto al machismo y a los elefantes del partido F. A. PARÍS. La elección de Ségolène Royal para la segunda y definitiva vuelta de las elecciones presidenciales presenta por vez primera en Francia la perspectiva real de que una mujer alcance la jefatura del Estado. La liza que acaba de concluir es otro éxito más del coraje de esta mujer, que logró el año pasado imponerse a la tradición machista de su partido y a la resistencia de algunos de los elefantes más influyentes del PSF. En el otro fiel de la balanza, y de cara a la elección definitiva, pesará una carrera política mucho menos brillante que la de Sarkozy, y un conjunto de patinazos protagonizados por Ségolène durante la campaña que podrían ser excusables para otro puesto, pero no para la primera magistratura de Francia. Ségolène Royal nació en 1953 en Senegal cuando todavía era colonia francesa. Siete hermanos y un padre autoritario, oficial de artillería, pesaron en su educación y en sus convicciones feministas. De regreso a Francia, y pese a la oposición paterna, se abrió camino en la universidad e ingresó en la elitista Escuela Nacional de Administración, cantera de la mayoría de los cargos políticos. Aquí conoció a François Hollande, actual secretario general del Partido Socialista Francés, con el que convive y ha tenido cuatro hijos. En 1980 entró de lleno en la actividad política, como asesora del presidente Mitterrand. Obtuvo el acta de diputada en 1988, y su paso por un gobierno socialista fue bastante efímero: de 1992 a 1993 fue ministra de Medio Ambiente, aunque luego ocuparía cargos menores en otras carteras. La fibra luchadora de Ségolène se puso de relieve en la campaña por la nominación presidencial dentro del PSF. Los ataques de sus rivales, y en particular el del ex primer ministro Laurent Fabius- -que se preguntó quién cuidaría de los hijos de Royal y Hollande si aquella obtenía la nominación- -extendieron por Francia un sentimiento de simpatía hacia la mujer que desafiaba al establishment masculino. Más allá de su talante positivo y de su incontestable encanto en el contacto con la gente, las propuestas políticas concretas de Ségoléne Royal se han movido durante la campaña por un permanente campo de minas. Su manifiesto de cien propuestas para la reforma de Francia recibió un duro golpe cuando el principal asesor económico de Ségolène dimitió por no estar de acuerdo con los costes financieros del programa. Las declaraciones de la candidata socialista a favor de la independencia de la provincia canadiense de Québec Principales promesas -Pagar las horas extras de trabajo al menos 25 por ciento más que las normales, para superar gradualmente y de modo voluntario la semana laboral de 35 horas- Endurecer las penas a los reincidentes- Condicionar el reagrupamiento familiar de los inmigrantes a algo más estricto- Crear un Ministerio de la Inmigración. Principales promesas -Aumentar el salario mínimo a 1.500 euros- Desarrollar centros educativos reforzados, si es necesario con una disciplina militar -Legalizar el matrimonio para las parejas homosexuales, y permitirles adoptar niños- Papeles a los inmigrantes irregulares con diez años en el país, caso por caso Ministro del Interior socialistas- la creación de más escuelas y el recorte del sector público, cuyas dimensiones colosales explican la gigantesca deuda pública francesa. En el terreno social, Sarkozy se declara católico practicante y partidario de la reconciliación del Estado laico republicano con las religiones, no sólo la cristiana, que estima necesarias para la construcción de una sociedad más justa y segura. En materia internacional, el dirigente conservador se declara atlantista, partidario de estrechar las relaciones con Estados Unidos, y al mismo tiempo europeísta. Sarkozy no es favorable a la entrada de Turquía en la Unión Europea. El líder de la UMP ha estado dos veces casado y tiene tres hijos de su primera mujer y un cuarto de su actual esposa, Cecilia. Talante y encanto fueron consideradas como muy alarmantes, por su imprudencia en una aspirante a ocupar el Palacio del Elíseo. Nada de esto parece inquietar a la que muchos medios llaman la Zapatera francesa por su afinidad con el jefe del Gobierno español, tal como se puso de relieve en el último mitin de campaña protagonizado por ambos en Toulouse. La misma facilidad para la sonrisa y la ambigüedad en las promesas políticas, aunque la ortodoxia socialista de Royal patina en el terreno de los símbolos patrios, que la candidata quiere conquistar para la izquierda. Ségolène es partidaria de que todos los hogares franceses tengan la bandera tricolor nacional, y todos sus conciudadanos sepan y entonen con frecuencia la Marsellesa. Courage!