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ABC LUNES 23 s 4 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA UNA UNIVERSIDAD MÁS... UNIVERSITARIA Pero al Espíritu de Bolonia le ocurre lo que al modo alla bolognese de preparar la pasta, que es conocido en todo el mundo, menos en Bolonia. En la misma Bolonia rechazan el contenido de ese Espíritu Y las mejores Universidades de Gran Bretaña, al igual que la Sorbona y muchas Universidades alemanas, se han despedido ya, amable pero tajantemente, de ese modo de entender y construir un futuro Espacio Europeo de Educación Superior... I Universidad, la Complutense, está en campaña electoral Es una temporada pasajera en la que, junto a comportamientos y gestos altruistas, afloran indigencias morales e intelectuales, que se cobijan y esconden en las profundas y complejas entrañas de la institución. Y se producen algunas anécdotas, en sí mismas menores, pero muy significativas. Por ejemplo, se propone una Universidad surcada por millares de bicicletas, gracias a un alquiler gratuito. Tal vez se espera que esa propuesta, formulada con el trasfondo del recalentamiento global, del cambio climático y del transporte alternativo, genere en nuestro cerebro una estimulante imagen de Universidad avanzada y, por supuesto, europea. Poco importa, al parecer, que un alquiler no pueda ser gratuito y que los viales de la Complutense resulten del todo inadecuados para ir de un lado a otro pedaleando sobre dos ruedas. Poco importa que, a estas alturas del siglo XXI, muy pocos carezcan de medios para comprarse su propia bicicleta. Poco importa que, en Amsterdam, las bicicletas blancas que prestaba el Ayuntamiento desapareciesen en una semana para nunca más volver. Otro candidato, por supuesto también partidario de una Universidad europea, propone un plan masivo de jubilaciones anticipadas del profesorado, porque somos muchos los profesores sesentones. Al profesor que lee esta propuesta con los sesenta cumplidos se le pueden saltar las lágrimas al pensar que, mira por dónde, ha resultado ser un dañino obstáculo para el relevo generacional, que, por sí mismo y sin matizaciones, es axiomáticamente bueno. ero lo que más se lee y se oye a todas horas, la sal de todos los platos de los menús electorales, más bien excesivos, es el propósito de lograr cuanto antes una Complutense europea. No es algo novísimo, pero a mí me produce hoy el mismo escalofrío y la misma estupefacción que sentí la vez primera. Porque cuando llegué a la Complutense hace treinta y tres años, no tenía duda de que llegaba a una Universidad europea. Y a lo largo de esos años, e incluso en los trances más duros de degradación, nunca he pensado ni he visto que nadie pensara que la Universidad Complutense pudiera no ser ya europea, sino más bien africana, americana o asiática. La duda sobre la europeidad de la Complutense, como la duda sobre la condición europea de España (o la afirmación contraria a esa condición) siempre me ha parecido producto de una ignorancia geográfica e histórica indecible. No voy a extenderme al respecto: hay montañas de bibliografía fiable. Añadiré tan sólo que, lo mismo que muchos de mis colegas complutenses, al acudir a otras Universidades europeas, al leer libros escritos por otros profesores europeos, al recibir a docentes e investigadores de otros países de Europa y de otros con- M tinentes, al leer ellos los trabajos aquí realizados, jamás he observado la menor señal de que consideraran a mi Universidad ajena al ámbito europeo y perteneciente, más bien, al asiático o al africano. Algunos dirán que tergiverso la cuestión, porque estoy utilizando el adjetivo europeo en sentido amplio, a sabiendas de que los europeístas aludidos se refieren a la convergencia educativa europea y al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) Pero la imprecisión al expresarse es suya y no tenemos el deber de pasarla por alto, sino la libertad y el derecho de criticarla. Mi Universidad tiene más de cinco siglos de historia y un inmenso caudal científico. Identificar su europeidad con la adhesión inmediata e incondicional a ciertas propuestas de determinados organismos es una simplicidad impropia del modo universitario de saber y de expresar lo que se sabe. Por tanto, me asiste el derecho a afirmar que si la Universidad Complutense hubiese de hacerse europea según esas propuestas, entonces es cuando dejaría de ser europea de verdad. ace falta una gran soltura (proporcionada por la indigencia intelectual y moral aludidas al principio) y se necesita mucho interés no confesado o muy mal explicado (y, por tanto, muy sospechoso) para propugnar que, más allá de lo que dice expresamente una Declaración de Ministros formulada en Bolonia, la Universidad Complutense, o cualquier otra digna del nombre de Universidad, tenga necesariamente que ofrecer titulaciones de menos duración y deba poner en marcha una reconversión del profesorado para que deje de enseñar lo que sabe (así lo dice, literalmente, el traído y llevado Proyecto Tu- H P ning y se dedique a formar personas con no se sabe bien qué destrezas, habilidades y actitudes. El Espíritu de Bolonia es la bandera de toda suerte de disparates, estructurales y pedagógicos, esgrimido por autoproclamados expertos... sólo en el Espíritu de Bolonia puesto que, de ordinario, las diversas comunidades científicas no reconocen la autoridad de esos expertos en ninguna rama de las Ciencias. A los profesores con verdadera experiencia docente en Derecho, Física, Matemáticas, etc. nos querrían imponer, a base de cursos ajenos a toda Ciencia, la nueva identidad europea del profesor, prescindiendo del Derecho, la Física y las Matemáticas. Y si no nos reconvertimos así, si no nos rehabilitamos, seremos evaluados negativamente o no lograremos evaluaciones positivas necesarias para la retribución y el progreso personal. Todo esto, en nombre del Espíritu de Bolonia Pero al Espíritu de Bolonia le ocurre lo que al modo alla bolognese de preparar la pasta, que es conocido en todo el mundo, menos en Bolonia. En la misma Bolonia rechazan el contenido de ese Espíritu Y las mejores Universidades de Gran Bretaña, al igual que la Sorbona y muchas Universidades alemanas, se han despedido ya, amable pero tajantemente, de ese modo de entender y construir un futuro Espacio Europeo de Educación Superior. No lo han hecho porque no sean y no se sientan europeos, sino cabalmente porque lo son y quieren un futuro razonable para Europa y sus genuinas Universidades. De modo que, nuestros paladines de la Complutense europea, como tantos otros en tantas ocasiones y asuntos en España, están yendo cuando los demás están de vuelta. de vuelta precisamente a la Complutense, ¿por qué nadie parece proponer objetivos elementales, pero inaplazables después de más de cinco siglos? Los profesores que pretenden trabajar en muchas Facultades y Escuelas complutenses pasan mucho frío en invierno y mucho calor, insoportable, en verano. Nuestras instalaciones, no ya comparadas con las de otras Universidades modernas sitas en la Comunidad madrileña, sino en sí mismas y conforme a standards ciertamente europeos, son inhóspitas e indignas. Que se empiece por ahí. Y de ahí en adelante, podremos enseñar con arreglo a mejores planes de enseñanza, que se elaborarán con realismo y sentido crítico. Así podremos también exigir razonablemente que retorne en serio la cacareada participación del alumno en el aprendizaje: a base de estudio, que ha sido y será siempre una actividad intelectual ardua y esforzada. Así tendremos una Universidad más auténtica, más universitaria. Y ANDRÉS DE LA OLIVA SANTOS Catedrático. Universidad Complutense