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ABC DOMINGO 22- -4- -2007 Edgar Neville, evocado por Isabel Vigiola en el 40 aniversario de su muerte 85 mo una suerte de materialista visionario, lo cual es una manera dudosa de ser materialista y de ser visionario Un materialista visionario que encarna una perpetua Sublevación inmóvil (1953- 59) y que nunca ha vivido de la poesía, pues él no es un escritor profesional y ni siquiera pienso que sea un literato. ¿Por qué? Yo soy simplemente un poeta. Y un poeta lo que proyecta es, más bien, una emanación de su propia vida; mientras que la literatura en términos mayoritarios reposa sobre la ficción. Simplemente, emanación de mi vida, noticia y reminiscencia de mi propia experiencia existencial. Yo no trabajo con la ficción, aunque la No soy un literato respeto mucho, pues existe una obra de ficción grandiosa. Pero hay que distinguir entre ficción y existencia. Yo no soy un literato ni un escritor profesional porque no he entrado, ni creo que tenga ya tiempo, ni ganas para entrar en la ficción Si no es un literato ni un escritor profesional ¿cómo se ha ganado la vida? Fui empleado de banca durante casi un cuarto de siglo. A los catorce años y un día- -lo que no es una condena judicial porque, si no tenías catorce, la legislación laboral no permitía que trabajases- -yo era lo que se llamaba un meritorio en el Banco Mercantil de León. Empezaba la jornada encendiendo la calefacción a las cinco de la mañana; luego hacía los recados y el reparto de correspondencia; cuando terminaba todo eso, me permitían hacer escritura bancaria y contabilidad, entendiendo que esto era un aprendizaje por el que no había que pagar un duro. Luego, pasados dos años y pico, ya empezabas a cobrar como empleado de banca Desposeído como funcionario Empleado de banca y luego funcionario de la Administración, Gamoneda pasó a crear y dirigir los servicios de Cultura de La Obra Completa de Gamoneda puede leerse en Esta luz (Círculo de Lectores Galaxia Gutenberg) León por cuenta de la Diputación Provincial. Yo ya tenía una actitud y una ideología, por lo que trataba de hacer una labor progresista con el dinero de la Dictadura, lo cual era difícil de llevar adelante. Mientras fue secretario general de la Diputación de León el padre de Luis Mateo Díez, pude trabajar a gusto, pues él tenía mucha autoridad y decía: Dejad que Gamoneda haga las cosas Luego él se trasladó a Madrid y, poco después, me desposeyeron de la condición de funcionario- -se ríe y enseguida continúa- Aunque las cosas no terminaron ahí, porque a los quince días vieron que aquello, si yo no trabajaba, se iba a hacer puñetas. Y entonces me llamaron otra vez y me dijeron: Bueno, ya no puedes ser funcionario porque hay una sentencia judicial, pero te contratamos Sí, les dije, pero me pagáis el doble Y así fue Un problema de salud le obligó a jubilarse cuando llegó a los sesenta y un años. Pero no cesé de trabajar y pasé a formar parte del patronato de la fundación Sierra- Pambley, impulsada por Giner de los Ríos, Azcárate y Cossío y que había sido, desde 1887, satélite de la Institución Libre de Enseñanza, pero, mientras que la ILE se dedicaba a la enseñanza universitaria, esta fundación se orientó a la formación de campesinos y obreros, sobre todo potenciando los oficios tradicionales: la forja, la ebanistería... Así he estado hasta hace poco más de un mes, donde yo he advertido mi vida tan complicada, tan cargada de deberes más o menos voluntarios que amistosamente he dimitido Cae la tarde. Los nubarrones pasaron de largo camino de la capital. El poeta, premio Nacional de Poesía, premio Reina Sofía y premio Castilla y León de las Letras, da por terminada cordialmente la entrevista y se despide; aún podrá descansar un par de horas antes de que siga todo este jaleo que concluirá en el Paraninfo renacentista de la Universidad de Alcalá, cuando, acompañado de su esposa, María de los Ángeles; de sus hijas Amelia, Ana y Ángeles; y de su nieta Cecilia, a la que dedicó un libro en 2004, reciba de manos de Don Juan Carlos el premio Cervantes. Potenciar oficios tradicionales Mi padre decidió para sí una forma de eutanasia con el capricho de dejar de vivir el día que cumplía 45 años El autor de El libro del frío (1986- 92) nació en Oviedo en 1931 y perdió a su padre antes de cumplir un año. La parca, siempre compañera de su obra- -dice un poema de Lápidas (1977- 86) Siéntate a contemplar la muerte. Mírala bien le enseñó los dientes muy pronto y su hocico aún le acechará a lo largo de la infancia. Mi padre, según las noticias que yo tengo, tuvo un serio problema, seguramente familiar o con la probabilidad de que fuera profesional, y como consecuencia de ello padeció un ictus cerebral que le dejó prácticamente inmovilizado. Terminó como tenía que terminar, pero con una particularidad que no he dicho nunca: mi padre, que sabía que estaba mortalmente condenado, decidió para sí una forma de eutanasia con el capricho de dejar de vivir el día en que cumplía cuarenta y cinco años Tras perecer su padre, se trasladaron a León porque mi madre era asmática y el clima asturiano le venía muy mal. Fuimos a vivir inicialmente a casa de mi madrina, quien fue mi segunda madre durante al menos mis primeros diez años Años terribles que alimentan la escritura de unas Memorias con las que sigo, aunque ese seguimiento haya sido encerrarlas en un cofre para que no las vea nadie, ni yo mismo. Necesito tener esa distancia. Son memorias de infancia; eche la cuenta, nací en 1931 y ya en 1934 se produjo un grave conflicto, la Revolución de Asturias, abortada por la República. Enseguida vino el 36. León no era lugar de combates pero sí un centro donde los llamados nacionales organizaron la represión, dando un horrible espectáculo, sobre todo para los ojos de un niño de seis, siete, ocho, nueve años, y hasta mucho después de terminar la guerra. Vivíamos cercanos al penal de San Marcos. Tampoco los niños podíamos vivir ajenos a todo aquello, cuando a las cinco de la mañana las mujeres empezaban a gritar, allí afuera, porque estaban sacando a sus hombres para matarlos