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ABC DOMINGO 22- -4- -2007 En portada s Reguladores poco fiables ECONOMÍAyNEGOCIOS 45 can limitar o prevenir la propiedad extranjera de compañías financieras La FSA, que regula los servicios financieros de la industria y controla los mercados financieros, es un organismo independiente cuya autonomía no es mermada por el hecho de que su presidente sea nombrado por el Tesoro (Ministerio de Economía y Hacienda) La presidencia ha recaído normalmente en personas de reconocido prestigio y experiencia. Su primer titular fue Howard Davies, ahora director de la London School of Economics, y Callum McCarthy había sido previamente responsable del regulador energético, Ofgem, y había ejercido diversos cargos en entidades financieras. La FSA no se ha visto envuelta en controversias políticas, y alguna disconformidad expresada por el primer ministro, Tony Blair, se ha atribuido a la lenta unificación de actividades que la organización está llevando a cabo a partir de la diversidad de reguladores que su fusionaron para su creación. Más negligencia que política Charlie McCreevy, comisario de Mercado Interior de la CE sión de diversos organismos, no ha levantado ninguna sospecha de actuación indebida en el caso de ofertas públicas de acciones. Sus ejecutivos no han sido acusados de parcialidad y algunas quejas presentadas se han referido únicamente a un reciente aumento de las contribuciones que deben hacer las AP ALEMANIA Ernest Welteke se vio obligado a salir del Bundesbank sin tener en cuenta la nacionalidad de la gestión o propiedad de las entidades que regula, tanto en las reglas que impone como en su aplicación. Esta política ha supuesto grandes beneficios para el Reino Unido, que es el mercado de capitales más internacional de Europa y del mundo AP empresas sometidas a regulación (cuatro veces superior al de la inflación) y a una supuesta mano poco dura en el control de anuncios engañosos por parte de entidades financieras. Según su presidente, Callum McCarthy, la FSA lleva a cabo sus responsabilidades Cuando el Santander compró el banco británico Abbey, McCarthy advirtió que la compra era un significativo ejemplo de la realidad de nuestra apertura hacia adquisiciones extranjeras, una política en marcado contraste con la adoptada por algunos estados miembros de la UE, que bus- El BaFin es la Autoridad de Supervisión Financiera Federal alemana, una institución estatal independiente de interés público con oficinas en Bonn y Fráncfort y que, desde su establecimiento en 2002, ha reunido bajo un mismo techo la vigilancia de bancos y proveedores de servicios financieros, empresas de seguros y comercio de valores. (Pasa a página siguiente) Fernando González Urbaneja AUTORIDAD SUPERVISORA enón, en su célebres aporías, proponía que Aquiles nunca alcanzará a la tortuga en carrera, a poca ventaja de partida que otorgue a ésta. No es cierto pero algo de razón lleva. Como la tiene que la autoridad de cualquier supervisor del mercado es inalcanzable, sus decisiones nunca llegan a tiempo. Unas veces actúan con antelación y otras con retraso; las más, después; y casi siempre, sus actos modifican el punto de partida hasta enturbiar el juicio posterior. Sirven los ejemplos de la intervención de Banesto y la expropiación de Rumasa. ¿Deberían haber actuado los supervisores antes de que engordara el desastre? ¿No hubiera sido mejor dejar correr para que el tiempo y la coyuntura solventa- Z a unas normas precisas, flexibles, inteligentes y en permanente revisión hay que unir la autoridad del supervisor, que se construye lentamente y se desmorona con dos de pipas ran el enredo? Y nos sirve la reciente opa en curso. ¿Deberían haber detectado la concertación Enel- Acciona desde primera hora para evitar la compra del 46 -o más- -de las acciones de Endesa, sin someterse al rigor del opante efectivo? Y si lo hubieran hecho, ¿no habría reclamado alguien por limitación de oportunidades a la revalorización del título y a la competencia? Es fácil enjuiciar el pasado conocidas las consecuencias cuando se han desplegado los efectos previstos e imprevistos de actuaciones previas. Así que los supervisores están sometidos al riesgo y disciplina de la impuntualidad, sus actos siempre producen daño, damnificados que reclaman. Por eso la autoridad del supervisor tiene que venir de la ley y de la experiencia. Ninguna norma es capaz de anticipar lo que puede ocurrir ni taponar los resquicios. Por eso, a unas normas precisas, flexibles, inteligentes y en permanente revisión hay que unir la autoridad del supervisor, que se construye lentamente, y se desmorona con dos de pipas. En otros tiempos se aludía al supervisor como aquel que hablaba con las cejas, cuando las fruncía- -en uno u otro sentido- -el supervisado entendía (y acataba) su voluntad. Incluso, me contaron cómo en cierta ocasión el gesto de tomar y encender un habano se entendió como aprobación tácita de una decisión que no requería licencia preceptiva pero que era recomendable que pasara consulta. La autoridad del supervisor es esencial para que produzca los deseables efectos. Porque una buena supervisión es la que no se nota. El supervisor no debe ser noticia; no debe hablar, salvo que sea imprescindible; no debe visitar ni figurar, salvo que sea el protagonista principal y en sede adecuada. Austero y discreto, aburrido y antipático, con pocos amigos y sin conocidos oficiosos. No discute, decide y resuelve. Es difícil elegir supervisor, acertar con la persona que impone respeto antes de abrir la boca, que cuenta con el beneficio del crédito facial (otorgado sin garantías ni explicaciones) que viste el cargo y se confunde con él. Por eso, no hay traje a medida de supervisores, pero sí indicaciones: ojo con los presumidos, ojo con los ocurrentes, ojo con los de personalidad dudosa o ambiciones por completar. Bienvenidos los maduros, los satisfechos, los que escuchan y los que tienen autoridad desde la primaria.