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ABC DOMINGO 22- -4- -2007 Elecciones presidenciales en Francia s Los candidatos INTERNACIONAL 37 Escuela Nacional de Administración (ENA) Entraron juntos en el PS. Juntos subieron todos los escalones burocráticos de su partido. Y sustituyeron el matrimonio por un contrato de pareja de hecho por convicciones personales, no exentas de ciertas ventajas fiscales. Ambos aspiraban a la candidatura a la presidencia. Cuando Ségolène fue finalmente elegida candidata oficial del PS, comenzaron las tribulaciones atizadas por la marea negra de un cierto periodismo ciudadano especializado en los rumores extraconyugales. A François Hollande se le han asignado relaciones con varias señoras de la alta burocracia socialista. Sobre Ségolène han circulado las fantasías más delirantes. Ambos se consideran víctimas de la maledicencia. Durante la campaña, el dúo Royal- Hollande ha jugado con habilidad la complicidad y el distanciamiento. Si Ségolène fuese elegida presidenta, habría que encontrar el puesto adecuado para la situación sin precedentes de un presidente consorte, líder del partido presidencial. Elisabeth y François Bayrou se conocieron muy jóvenes y contrajeron matrimonio a los 20 años. Son padres muy católicos, con seis hijos, que les han dado, por ahora, once nietos. Elisabeth Bayrou siempre ha estado ausente de la carrera política de su esposo, conservadora o muy conservadora, hasta que recibió, hace poco más de un año, la revelación de un centrismo que podría gobernar con la izquierda socialista. La regla vieja de treinta años también ha funcionado durante la última campaña: la esposa de Bayrou ha estado prácticamente invisible, recluida en la casa familiar, no lejos de Pau, en el departamento de los Pirineos Atlánticos, mientras su esposo ha trabajado casi todo el tiempo en un piso, la residencia secundaria que tiene en París. Esa lejanía física ha sido objeto de muchos HORIZONTE Ramón Pérez- Maura ¿Y SI FUERA VERDAD? n 1944, Friederich Hayek publicó su magistral Camino a la servidumbre y se lo dedicó A los socialistas de todos los partidos Era un tiempo en que la fe en el libre mercado pasaba por horas muy bajas. Los tiempos han cambiado mucho en distintos lugares del mundo aunque probablemente Francia sea el lugar en que menos ha progresado la renuncia del Estado a los espacios que tiene ocupados. La visión estatista- -que Hayek, con acierto, definía como socialista- -ha seguido hasta el presente implantada en casi todo el espectro político galo. En esta campaña Nicolas Sarkozy ha hecho algún guiño a la tradicional influencia del Estado, temeroso de que una candidatura de claros tintes liberales pudiera ser objeto de fácil ataque. Pero sus declaraciones a ABC el pasado viernes no podían ser más claras. La forma en que arrancaba el diálogo con J. P. Quiñonero, lejos de ubicarse en lo políticamente correcto, rompía el statu quo: Royal no propone otra cosa que prolongar y extender, hasta el infinito, las promesas de asistencia, en el marco de una sociedad inmóvil. El proyecto que ella vuelve a formular es el viejo proyecto socialista de Lionel Jospin y sus predecesores. La contundente respuesta de Sarkozy hubiera sido mucho más honesta intelectualmente si hubiera dicho que ese proyecto socialista de Royal también era el de Chirac, pero no debía de estar la magdalena para esos tafetanes a dos días de la cita con las urnas. Que Sarkozy se atreva a denunciar la voluntad de Royal de ampliar la semana laboral de 35 horas aclarando que tienen visiones de futuro diametralmente opuestas parece una declaración de principios que admite escasas componendas. La duda surge cuando uno recuerda las expectativas de cambio que generó Chirac en 1995. Todo prometió y nada hubo. ¿Y si fuera verdad que Sarkozy quiere el cambio? Los retos que tiene Francia ante sí son los de toda Europa. Y si de verdad el laborismo post Blair va a intentar que Europa no tenga un Tratado Constitucional, mejor será que Sarkozy saque a Francia- -y Europa- -del agujero en el que las metió Chirac. E François Bayrou recibe el beso de su esposa, Elisabeth, en Pau, el pasado jueves rumores, alimentados por la permanente presencia de jóvenes centristas en las inmediaciones físicas del candidato. Católico practicante durante toda su vida, François Bayrou no es un hombre que cultive el escándalo, sea o no presidente. A la extrema derecha, Jean Marie Le Pen arrastra consigo las cacerolas de numerosos escándalos. Durante la última campaña, la única mujer visible en las inmediaciones del líder extremista ha sido su hija Marine Le Pen, mujer muy enérgica, expeditiva, previsible sucesora de su padre. Le Pen está casado en segundas nupcias con Jany Paschos, una señora muy rubia oxigenada. Pero al líder de la extrema derecha lo persigue, vaya donde vaya, el fantasma de la madre de sus tres hijas y su primera esposa, Pierrette Lalanne. Pierrette tuvo días de gloria cuando aceptó fotografiarse desnuda para Playboy tirándose por los suelos, con el culo al aire, mal cubierta con una toca de sirvienta dispuesta a todo, arrodillada para fregar el suelo o para obedecer a los caprichos del amo de la casa, al que sonreía ante la cámara con un descaro obsceno que Le Pen no le perdonaría nunca. REUTERS La complicidad Le Pen y las cacerolas Nicolas Sarkozy y su esposa, Cecilia REUTERS Sarkozy tiene tres hijos de su primera esposa y un cuarto de la actual, Cecilia, con que la se reconcilió recientemente A Hollande, compañero de Royal, se le asignan relaciones con varias señoras de la burocracia socialista Jean- Marie Le Pen y su mujer, Jany, en París hace siete días REUTERS