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ABC DOMINGO 22- -4- -2007 ESPAÑA 25 La tienda solidaria que hace honor a su nombre P. M. MADRID. Asombra es una tienda que hace honor a su nombre. En el número 24 de la calle León, este coqueto local cedido por la Comunidad de Madrid a Instituciones Penitenciarias se ha convertido en pocos días en la gran novedad del barrio de Las Letras. Lo es tanto por su filosofía- -todo lo que se vende ha sido hecho por reclusos en los talleres de los centros penitenciarios- como por las piezas, todas ellas únicas. El éxito de la fórmula supera ya la previsión más optimista. Verónica (nombre supuesto) es una joven colombiana que ha cumplido la mitad de su pena y hace poco ha logrado salir de prisión gracias a los dispositivos de control telemático y, sobre todo, a su férrea voluntad de lograr una reinserción que a día de hoy es un hecho. Con una sonrisa que no le cabe en el rostro, la dependienta asegura que lo más atractivo de esta tienda es que no hay dos artículos iguales; el cliente sabe que está comprando algo único y cuando entra no sabe qué se va a encontrar, porque se van cambiando los productos Con Verónica trabaja en el turno de mañana un joven ruso, de aspecto algo desgarbado y que luce un pendiente en su oreja derecha. Es menor- -está en el centro de Los Rosales- habla poco y sin embargo demuestra una enorme simpatía. Su familia sigue en Rusia y él confía en salir pronto en libertad. Su trabajo en la tienda le ayudará a conseguirlo. El viernes por la mañana, como cada día desde que ha abierto, no faltaba la clientela. El boca a boca, y también los medios de comunicación, han hecho de la tienda un foco de atención. En más de un rostro se dibuja la sorpresa: ¿pero es que los reclusos son capaces de hacer cosas así? parecen preguntarse. En los escaparates hay desde cerámicas, hasta abanicos, pasando por juguetes de madera, bolsos de cuero, vajillas, camisetas, cuadros o bisutería. Todo trabajado a mano y con unos precios muy competitivos. Y en la etiqueta siempre aparece el centro penitenciario donde se ha hecho el producto, lo que hace que ya hayan aparecido los primeros piques entre cárceles por ser los que más éxito de ventas tienen. Enrique, funcionario y monitor del taller de cerámica de Navalcarnero (al fondo) con un grupo de presos