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24 ESPAÑA DOMINGO 22 s 4 s 2007 ABC Una clienta se interesa por una de las obras que se venden en Asombra la tienda de las cárceles Arte a la sombra La cárcel de Navalcarnero es una de las prisiones donde funciona un taller de cerámica. Al frente está un funcionario- monitor atípico, que hace terapia con el barro, la charla y la confianza. Es más que un laboratorio humano hay música, presos y arte POR CRUZ MORCILLO FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Música clásica de fondo, charla reposada, olor a pintura y barro, herramientas y pinceles salpicando la mesa de trabajo y una docena de pares de manos afanándose en su obra. Es un taller de cerámica. Es la cárcel, aunque nada más traspasar la puerta de la pequeña sala a uno se le olvide. La presencia de los barrotes de hierro y los golpes secos que provocan desaparecen, también para los presos- alumnos que viven sus horas de taller mañaneras en una burbuja. Hace seis meses Enrique, colombiano condenado a 15 años de prisión por delitos contra la salud pública, apenas sabía lo que era el barro. Ahora es su media vida. Ha pasado por las cárceles de Córdoba y Jaén antes de llegar a Madrid IV la pri, sión de Navalcarnero. Sus manos no paran; se ha convertido en un experto en meninas unas primorosas tallas de cerámica que los internos están popularizando y que ya se han agotado en la tienda abierta esta semana en el corazón de Madrid. En Asombra se comercializa artesanía de centros penitenciarios de toda España. El mérito es del maestro- -protesta Enrique con modestia- -lo tengo al lado y le copio El maestro, como le llaman los doce alumnos del taller (entre los que hay atracadores, ex toxicómanos, narcos y miembros de organizaciones de tráfico de drogas) es otro Enrique, una institución, un hombre que ha quitado oscuridad a la vida de muchos reos. Es funcionario de Prisiones desde hace 28 años, pero él se considera ceramista. Hace más de una década montó el taller ocupacional en Navalcarnero como una terapia y asumió el papel de monitor, algo atípico siendo como es funcionario. La lista de espera para entrar supera las 70 personas. El que llega se engancha porque cada uno deriva hacia lo que le gusta y es responsable de su pieza dice Enrique. En sus clases se habla de política, de religión (lo que más) y de mujeres mientras las estanterías del taller se van llenando de casitas, fuentes, meninas, incensarios, hogares, esculturas y algunas creaciones espectaculares, como un castillo desmontable que ha llevado dos meses de trabajo a su autor, un gallego condenado a 30 años- por ser amigo de asegura él- o un guerrero salido de las manos de Antonio, otro gallego pendiente de juicio, mecánico naval, y acusado de pertenecer a la organización de narcos a la que arregló el barco. Cuando entramos en el taller nos olvidamos de la prisión. Es otro mundo- -explica Antonio, pertrechado con su cuaderno de dibujo- Lo mejor que tenemos aquí dentro es el maestro y el barro; lo peor, llegar al módulo y no tener nada que hacer, los fines de semana, vacaciones y días santos El maestro al que todos los internos reverencian no sólo ha creado un taller donde el tiempo se vuelve incoloro e inodoro. Sus chicos la mayoría cincuentones, han formado un genuino clan gallego con adoptados como el búlgaro Pavel o el colombiano Enrique. Pavel es el único que se dedicaba al arte antes de entrar en prisión- -lleva tres años en situación preventiva por tráfico de drogas- Habla gallego con soltura mientras da los últimos retoques con auténticas manos de artista a un óleo. La única queja que sale de sus labios se refiere a las comunicaciones. Él lo tiene muy difícil porque sus hijos están a más de 4.000 kilómetros. El maestro deja hacer, sin mirar siquiera de reojo a los punzones y las cuchillas que descansan en los tarros. Aquí sólo hay buena gente- -nos advierte con delicadeza- Cada uno con su historia y sus miserias, nada más No lo dice él, pero es evidente que se selecciona con sumo cuidado a los aspirantes a ceramistas. No se miran sus delitos, sino su comportamiento. De hecho, según nos cuenta Enrique, por este laboratorio humano han pasado varios etarras. La clave de que exista esta isla en Navalcarnero está en la confianza y la responsabilidad individual. El principio de autoridad sobrevuela a la distancia suficiente, aunque es evidente que todos tienen una idea precisa de cómo lo aplica el maestro. La relación de Enrique con sus aprendices, hombretones más que curtidos en la batalla de vivir, resulta conmovedora. José María, madrileño, que empezó a consumir heroína a los 18 años y cumple doce por robos con fuerza y con intimidación, se define como aprendiz de todo y oficial de nada Ha estado cuatro veces en el programa de rehabilitación de drogas de la cárcel y hace más de un año que no sabe nada de sus padres. Dice (y parece) que está deprimido, y sale adelante gracias a la cerámica y los hilos, una técnica taleguera por excelencia, importada de Suramérica, que se ha propagado como el aire por todas las cárceles. Los talleres de hilos- -se hacen cuadros hilo a hilo ayudándose de papel adhesivo por las dos caras y una paciencia sin límite- -ya están en cada módulo de la prisión, por lo general a cargo de un preso. Para muchos supone salir del ambiente del patio con sus tiempos interminables que les acaban corroyendo. El taller del módulo ocho de Navalcarnero está poco concurrido. Son más de las siete y media de la tarde y el sol empieza a escaparse. La sala está a mano derecha del patio del módulo donde los reclusos desgastan minutos antes de la cena. Guardan para sí sus nombres y sus historias y nos muestran sus kandinsky de hilos, su familia Simpson su Alonso Son regalos para sus hijos, para sus novias, para sus madres. Para su futuro. Tiempo es lo único que les sobra. Kandinsky hilo a hilo Política, religión y mujeres El taller tiene doce alumnos (narcos, atracadores y ex toxicómanos, entre ellos) y una lista de espera de 70 personas Cuando entramos y trabajamos en nuestras obras, olvidamos la cárcel. Es otro mundo Más información sobre regalos solidarios de las cárceles en www. asombra. es