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20 ESPAÑA DOMINGO 22 s 4 s 2007 ABC Entre la estrategia y la estratagema Seguramente le interesa a José Luis Rodríguez Zapatero mostrarse de nuevo moderado, próximo al espíritu del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo de cara a los próximos comicios municipales le merece la historia macabra de ETA que a las hipotéticas promesas de una paz que resulta dudosa. Se ha visto así, tal y como revelan las encuestas, en casos polémicos como los beneficios penitenciarios a De Juana Chaos. Un hipotético nuevo acuerdo con el PP sobre política antiterrorista no solamente tiene hoy este carácter estratégico, sino que viene lastrado por un ya largo periodo de desencuentros. El PP ha hecho bandera de su desacuerdo radical con el Gobierno, algo que no había ocurrido hasta ahora, al menos con la intensidad con que hoy se discrepa. Pero tampoco se puede negar que el equipo de Rodríguez Zapatero ha modificado, con idéntica radicalidad la línea que se venía manteniendo en las últimas décadas y que se había asentado, paradójicamente por iniciativa del PSOE, en el antes citado Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Seguramente es exagerado, e interesado desde el punto de vista partidista, decir que el Gobierno actual se ha arrodillado definitivamente ante ETA. O que el PP pretende hacer oposición a costa de no aportar su apoyo a una fórmula posible para lograr el final del terrorismo nacionalista. Pero se ajusta bastante a la realidad, sea cual sea la posición del observador, afirmar que el presidente ha elegido, en ese proceso por él impulsado, la ambigüedad dialéctica y política que el Pacto había enterrado. Si el Estado no podía ceder a las imposibles (e injustas y totalitarias) exigencias del terrorismo, se ha venido intentando formular, desde el Gobierno pero para ser concretado en un diálogo con la banda, un relato del abandono de la violencia que, al mismo tiempo, sirviera para dar sustento al final de la violencia y para que ETA justificara o al menos no se retractara del uso del terror a lo largo de cuarenta años. En ese marco se ha construido toda la ambigüedad de la retórica del Gobierno, todos los gestos, todas las ocultaciones, incluso la de que no se estaban cumpliendo las condiciones establecidas por el Congreso para iniciar los contactos con ETA. Germán Yanke Parece que el presidente del Gobierno vuelve por donde solía... hace ya tiempo. O, mejor, por donde cree que le conviene según las circunstancias. Después de meses y meses explicando que la apuesta por el proceso de paz era tan segura que el PP no tendría con el tiempo sino la opción de rendirse a la evidencia y apoyarlo, anuncia ahora que el próximo mes de junio, es decir, tras las elecciones locales, convocará al líder de la Oposición con el objetivo de establecer una política antiterrorista común. La primera consecuencia de esta oferta es meramente estratégica. Seguramente le interesa a José Luís Rodríguez Zapatero mostrarse de nuevo moderado, próximo al espíritu del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, de cara a los próximos comicios. Las encuestas han venido señalando que la opinión pública, en un alto porcentaje, se mostraba contraria o, en todo caso, distante y escéptica del mal llamado proceso de paz. Así lo indicaban los sondeos antes del atentado de Barajas de la pasada Navidad (por tanto, incluso en los momentos de máximo optimismo del presidente) y, naturalmente, ese estado de opinión se ha incrementado al constatar que ETA sigue matando y se sigue armando y preparando para continuar haciéndolo. Mal que le pese, el Gobierno sabe que su empeño por sostener el proceso con sus extravagancias e imprudencias- se fundamentaba más en los pactos parlamentarios del PSOE, en la confianza (o fe, ya que poco o nada se veía realmente) de que, por alguna carambola del destino o la suerte con que quiere verse investido el presidente) de que terminara bien, que en el respaldo mayoritario de los votantes. Estos suelen ser, en estas cuestiones, más escépticos y reservados que los gobernantes. Su evaluación parece más inclinada al juicio que Arrodillado ante ETA El atentado contra la nueva terminal de Barajas destrozó una parte del aparcamiento Si, tras las elecciones locales, se pretende girar hacia el entendimiento con el PP en materia antiterrorista, se deberá modificar ese lenguaje y esa política de la ambigüedad. De otro modo resultará imposible el acuerdo. Si el PP tendría que moderar su discurso y evitar las aristas que más hieren al Gobierno, este debería eliminar cualquier duda de que esta anunciada nueva estrategia sea, en realidad, una estratagema, es decir, una estrategia cuyo objetivo tiene un carácter beligerante... contra el PP. El primer escollo, además, es previo, es decir, no es otro que la actitud oficial ante la presentación de listas electorales que, de uno u otro modo, no son sino Batasuna disfrazada. El PSOE, hasta el momento, no ha salido de la ambigüedad. Al mismo tiempo dice que la prohibición de futuras listas y agrupaciones corresponde a los tribunales y no al Gobierno y pretende apuntarse iniciativas como la petición a la fiscalía de que investigue el partido ABS. Pero no es sólo eso, sobre todo de cara al futuro. El relato de un fin de la violencia se ha pretendido construir sin vencedores ni vencidos y no se debe olvidar que el vencido ineludible es el terrorismo. A este principio corresponde precisamente el lenguaje de firmeza del Pacto, que se opone a la ambigüedad de querer dar carta de naturaleza a una Batasuna que al mismo tiempo es Batasuna y no lo es (y correlativamente a una ETA que al mismo VICTOR INCHAUSTI Si se pretende girar hacia el entendimiento con el PP se deberá modificar la política de ambigüedad Veremos si la oferta de Zapatero a Rajoy es una nueva estrategia o sólo una estratagema tiempo es ETA y no lo es) Un laberinto pernicioso, sin duda, pero sin el cual no hay cabida, en estos momentos, al famoso final dialogado Cuando los representantes de los socialistas vascos, en el proceso por las entrevistas con la organización ilegalizada, declaran en el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco que no se reunieron con Batasuna sino con la Izquierda Abertzale (coincidiendo con los testimonios de otros representantes del nacionalismo vasco) siguen manteniendo esa ambigüedad que hace imposible no sólo el entendimiento coyuntural con el PP sino una política antiterrorista realista consensuada, ahora o en otro momento, entre los dos principales partidos. Veremos pronto, por tanto, si la oferta del presidente Rodríguez Zapatero a Mariano Rajoy significa una nueva- o renovada- estrategia o es tan sólo una estratagema cuya utilidad es partidista y termina en las inmediatas previsiones electorales.