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ABC DOMINGO 22 s 4 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA EL GOL DE MESSI El PP no debe engañarse: el Gobierno en una tesitura de empate técnico electoral dispone de los instrumentos del poder para ganar en la prórroga con gol de oro y repetir la próxima legislatura en unos términos de sostenibilidad política similar a los de la actual... E siempre el fútbol ha proporcionado magníficas metáforas para la política. El gol del barcelonista Messi a pase de Xavi desde el centro del campo, tras una galopada en la que dribla hasta cinco jugadores del Getafe, batiendo a Cortés sin remisión, es un ejemplo de estrategia- -la jugada arranca de la zona central- -y, también de audacia- -Messi, con una enorme ambición y seguridad se va solo a la portería y con frialdad portentosa culmina la jugada lanzando el balón al fondo de la red- -emulando, según los técnicos, el inolvidable gol de Maradona en el Mundial de México de 1986 que desarboló en el minuto cincuenta y cuatro del encuentro al correoso equipo de Inglaterra. En los maitines del Partido Popular deberían proyectar una y otra vez el vídeo del gol de Messi. Porque, comprobada con una reiteración demoscópica tozuda, a la que hoy se añade el barómetro de primavera de ABC, que los dos grandes partidos políticos nacionales se han instalado en un empate- -persistente y aburrido- -sin que ninguno de los dos se arranque desde el centro y, con decisión, altere el marcador a su favor, parece ya hora de revisar el planteamiento del juego de los unos y de los otros. Todo lo que no sea una distancia de tres o cuatro puntos en las encuestas entre el PP y el PSOE- -a favor de uno o de otro- -debe diagnosticarse como un empate técnico que, lejos de constituir un buen resultado, provoca frustración porque mantiene de modo indefinido una coyuntura paralizante que sirve de contexto casi ideal para la polarización estéril y la crispación irritante que causa hartazgo e insatisfacción en la sociedad española. Sin embargo, el PP no debe engañarse: el Gobierno en una tesitura de empate técnico electoral dispone de los instrumentos del poder para ganar en la prórroga con gol de oro y repetir la próxima legislatura en unos términos de sostenibilidad política similar a los de la actual. e ahora en adelante, al borde mismo de la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas, el Partido Popular debe mover los peones- -por favor, los blancos- -con audacia y arrancando su discurso con una fortísima conexión en las grandes franjas centrales del electorado. De tal manera que está de más- -buena jugada la de Esperanza Aguirre que, con pase de Gallardón, ha eludido la teoría de la conspiración en el 11- M- -el cerrojazo a la italiana blindando la portería propia en un comportamiento defensivo y amilanado que cede espacio a los adversarios, porque desde esa posición retrasada sólo pueden achicarse balones pero no pasar a la ofensiva. A la afición le aburren los derbis timoratos y le exasperan las figuras que no ceden el balón- justo castigo al portavoz parlamentario popular que no lo quiso soltar en Valencia y que ha tenido que hacerlo in extremis por expresa indicación del entrenador- -y que, por lo general, merecen una buena temporada en el banquillo. A las figuras- -reales o supuestas- -el banco o la grada les viene a su so- D berbia como al ciego ver. Y si hay que hacer traspasos y licenciar a parte de la plantilla- -cara e ineficaz- se hace. No suele funcionar tampoco el equipo que desprecia a los combinados aparentemente sin aspiraciones al título. La regularidad es una de las características de los triunfadores. No hay enemigo pequeño- -hace bien Rajoy en hablar con Imaz y Durán i Lleida, como Aznar en su momento- -y los puntos se ganan o se pierden lo mismo con los equipos grandes de la tabla que con los llamados modestos. Además, la elegancia suscita el aplauso del respetable. Broncas, las justas, y cuando las razones para provocarlas o contestarlas sean suficientes, siempre y cuando se respete al árbitro. Los malos modos de jugadores marrulleros hacen daño al equipo- -nunca debió actuar Díaz de Mera como lo hizo- -y afectan a la buena reputación. Es mejor que sean los contrarios los que practiquen el juego peligroso y sea el árbitro- -los electores- -los que piten la falta, como le ha ocurrido más de una vez a José Blanco. l efecto de los goles en propia puerta es letal- -el Gobierno y el PP se autogolean lamentablemente- -porque la afición desconfía y no acude al campo, merma la recaudación, hay que hacer traspasos para llenar la caja y todo termina un mal domingo- -sea de mayo, sea de marzo- -en una descomunal pañolada con el público en la grada vuelto al palco presidencial. Excusarse con el tópico de que el esférico no entra o la suerte no acompaña no vale porque es recurso de perdedor. A los que así se pronuncian, no se les renueva la ficha y se les declara traspasables- -hay algunos en el PP que están pidiendo a gritos el relevo- -ofertando posibilidades a los canteranos- -lo de la señora Janer en Baleares es un fichaje extravagante de Matas que linda con el de Nebrera en la Cataluña de Piqué- jóvenes que se han hecho en el segundo equipo o en los alevines. Son jugadores que dan buen resultado, duros, resistentes y, sobre todo, con ganas de ser titulares. En el PP hay gente de la cantera como por un tubo: en Valencia, en Andalucía, en Galicia, en el País Vasco, y ya se sabe que jugar en la capital con posibilidades de estar en la champions constituye una potente motivación. s verdad que en plena liga no se puede improvisar, pero sí corregir el rumbo y rectificar la estrategia. Si se decide dominar el centro del campo y jugar con hambre de balón, incisivamente, arriesgando, aun cuando se pierda, el juicio de la afición siempre será benigno. Mantener la propia meta a buen recaudo para perder en el último minuto del encuentro resulta patético y enfada a los socios que pagan la cuota, acuden al estadio haga frío o calor, arropan al equipo y adoran a sus figuras. Un respeto para la grada que merece mejor trato- -audacia, estrategia, ambición, generosidad e inteligencia- -cuando el partido podría ganarse si se pone empeño en el intento. El empate, por eso, no vale. Con empates no se gana, sólo se sostiene la posición. Tampoco vale la autocomplacencia contemplando una y otra vez las vitrinas del club repletas de trofeos de tiempos anteriores. Si aquellas copas se lograron, otras esperan. La nostalgia es un sentimiento propio de la senectud o del estado melancólico, y suele llevar a la depresión y la parálisis. En el fútbol- -como en la política- -hay que tener mucho cuidado con los hooligans que aprovechan los partidos para dar rienda suelta a sus bajos instintos, agreden a la afición visitante, lanzan objetos al terreno de juego y se envuelven en los colores del club para defenderse de sus desmanes. Las directivas que se dejan secuestrar- -para ganar las elecciones o para caldear el ambiente- -de los fondo sur, habituales en todos los públicos, terminan por ser sus víctimas, porque los que hoy aplauden mañana abroncan y, tarde o temprano, el Comité de Competición toma cartas en el asunto y el que paga la factura es el club y no los energúmenos de turno. Lo mismo que ocurre en la política: convencer a los convencidos, jalear a los gritones y enardecer a los sobresaltados es el ejercicio más estéril de todos los posibles. El PP- -sobre todo porque va el segundo en la clasificación- -y el Gobierno necesitan incorporar un ritmo político que reporte jugadas triunfadoras como la de Messi el miércoles pasado. Porque con goles como el que marcó el culé, además de ganarse el partido, se gana también calidad y prestigio. Pero deben recordar que el pase fue de Xavi desde el centro del campo y que el goleador encaró la carrera sin mirar atrás hasta enfrentarse al guardameta y, templando, le batió por bajo. Por cierto, con una carrera por la derecha y un golpe final al balón hacia el lado contrario de la portería. ¿Quién dijo que el fútbol era el nuevo opio del pueblo? E E D JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC