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ABC SÁBADO 21 s 4 s 2007 Tribuna abierta AGENDA 65 Juan Velarde Fuertes Economista ESCUDO EN BLANCO ARA entender cómo, poco a poco, cala la economía en la sociedad española es preciso que nos demos cuenta de la revolución cultural y científica que se produce, a comienzos del siglo XX, como consecuencia de que toma el relevo la que el propio Ortega llamó la gente del escudo en blanco Lo señaló en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza en la nota necrológica que publicó sobre Gumersindo de Azcárate. La generación del 98, los grandes krausistas, tenían sus escudos cargados de empresas. Abrumaban sus cuarteles. Y he aquí que una generación nueva se aprestaba a emularlos con el escudo aun en blanco. Esta generación llena de ímpetu estaba compuesta, como más señeros, de acuerdo con lo que señala Laín Entralgo en España como problema (Seminario de Problemas Hispanoamericanos, 1949) por Ortega y Gasset, Eugenio d Ors, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala, Américo Castro, Salvador de Madariaga, Julio Rey Pastor, Manuel Azaña y Ángel Herrera. Los miembros de la generación del 98 habían comenzado a avizorar la economía. Azorín y Unamuno, sobre todo, un poco comprendieron y expusieron sobre estos problemas, pero no habían calado- -sólo algo Unamuno- -sobre el papel de los economistas para transformar la vida económica española toda. Eso es lo que se rompe en la generación siguiente, a la que se incorporan tres catedráticos de Economía que se habían formado más allá de nuestras fronteras, y que por ello traían los mensajes de los grandes maestros: del hacendista Wagner, Flores de Lemus; de Walras y Pareto, Zumalacárregui, y del gran Edgeworth, Bernis. Esto fue impulsado y comprendido por los miembros de la generación de Ortega. Éste, concretamente, ya le había pedido a Flores de Lemus, desde las columnas de El Imparcial que definiese lo que era una Hacienda democrática, y en la famosa conferencia Vieja y nueva política elogiará la labor oscura voluntariamente, de alteración del panorama fiscal, de Flores de Lemus, porque esta reforma silenciosa -así la calificó Fuentes Quintana- -la hacía Flores sin pensar en el elogio sin correr el riesgo, siempre grato, de recibir el aplauso Y al incitar Ortega a Olariaga a que profundizase en sus trabajos de aprendizaje de LA GENERACIÓN DEL Habían sido aconsejados rectamente por una generación magnífica. De ahí se derivó la de 1936, sin la que no se explica la aparición de la Facultad de Economía en 1943, gracias a la cual en España pudo producirse el gran cambio que nos llevó a esta buena realidad que tenemos en el umbral del siglo XXI P la economía en Londres y en Berlín, le escribiría así el 6 de abril de 1914: Trabaje usted heroicamente; no lo más hondo, pero lo más urgente que hoy necesitamos es economía Por eso cuando funda con Urgoiti, poco después, El Sol convertirá a Olariaga en constante comentarista y orientador de cuestiones económicas. Por cierto que Bernis se adheriría entusiasmado a la Liga de Educación Política que nació tras ese discurso del Teatro de la Comedia. P ero esa es una actitud básica de, prácticamente, todos ellos. Si se quiere una excepción, que confirma la regla, es la de Azaña, con aquella frase tras una clase del gran economista francés, Leroy Beaulieu: No me cogen en otra Eugenio d Ors, por ejemplo, es el que llama la atención a los españoles, adelantándose a cualquier otro, sobre la importancia de Keynes, a raíz de la publicación de Las consecuencias económicas de la paz de este genial economista. Por su parte la figura de Gregorio Marañón destaca como uno de esos médicos que comprenden que la cuestión de la nutrición se situaba simultáneamente en vanguardia de la problemática médica y económica. En mi ensayo Las Hurdes, economía y sociedad señalaba que era el heredero más notable de un grupo de grandes médicos- -Nemesio Fernández Cuesta, Jaime Vera, José Madinaveitia, Verdes Montenegro- -que, como iba a hacer él, enlazaban ambas cuestiones. Marañón, de modo muy destacado, ante la realidad jurdana, en su ensayo El bocio en España y sus condiciones patogénicas leído en la Academia Médico Quirúrgica en 1927 que culminaba una investigación iniciada con el Informe sobre la patología de Las Hurdes publicado en La Medicina Ibera en 1922, poco después de su famoso viaje a la región jurdana. Así pudo ofrecernos un auténtico ensayo de economía sobre Las Hurdes, situadas, a su vez, en el cuadrante del Sudoeste español, que después estudiaría como zona deprimida el profesor Torres. De paso, Marañón criticaría este cerrarse en Las Hurdes que elogiaba Unamuno. Algo horrible- -sufrimientos sin cuento- -viene siempre, demostraba Marañón, de este cierre. La exposición por Marañón de la dieta jurdana de entonces lo probaba, porque estaba compuesta de vegetales frescos: verduras (berzas, etc. legumbres, patatas y frutas (cerezas y castañas) durante las épocas del año en que las hay, y entonces reducen casi a esto su alimentación; cuando estos materiales frescos que producen las breves e infecundas parcelas de tierra laborable se agotan, recurren a los frutos secos (castañas pilongas) y a las patatas, que comen dos veces al día, casi siempre sin otra preparación que la cochura con sal. Sólo los vecinos pudientes añaden a este parco alimento algo de grasa, ya animal (tocino) ya vegetal (aceite de oliva) Parece imposible... que un estómago humano pueda resistir durante días y días este cocimiento de patatas, sin ningún aderezo. El pan fresco era rarísimo. Por temporadas se comía pan duro, mendigado en las regiones vecinas... y a temporadas- -temporadas largas- -faltaban hasta estos mendrugos or eso Marañón, con justicia además, y no en vano fue el más importante introductor de la eugenesia en España, concluirá: Pocas veces se verá tan palpable como en este caso que la endemia bocio- cretínica tiene todo el aspecto de una ma- niobra de la Naturaleza para arrojar por la borda a los pueblos que se aíslan y no renuevan su espíritu y su sangre con el comercio con sus semejantes David Ricardo hubiera aplaudido, y más adelante, Viner. Y sin ánimo de ser exhaustivo, ¡cómo no elogiar a Ángel Herrera, incorporando desde el 1 de octubre de 1925, a la redacción de El Debate a aquel buen economista que fue Bermúdez Cañete, al que reforzaría más adelante con José Larraz! No es posible, por eso, entender la realidad económica española de la Dictadura y de la II República sin echar mano de la colección de este periódico. Algo parecido puede decirse de Salvador de Madariaga, quien orientó en Oxford a un importante becario español, Ignacio Herrero Garralda, hacia Harrod para que así estuviese al día y ayudase a crear estudios de economía en la Universidad Central y también intentase mejorar nuestro desarrollo material. odos ellos percibieron el enorme riesgo derivado de la Gran Depresión, que golpeó con fiereza a España de 1929 a 1935. Como estima Prados de la Escosura en su indispensable obra El progreso económico de España (1850- 2000) (Fundación BBVA, 2003) el PIB descendió en el periodo citado a una tasa media anual del 0 02 por ciento. Este agobio- -que originaba ruinas empresariales, desempleo y descontento social- -lo transcribió Ortega de modo perfecto en su discurso ante las Cortes Constituyentes el 30 de julio de 1931 al decir- -y hablaba en esta ocasión en nombre también de Pérez de Ayala y de Marañón- que un régimen naciente hoy y que no triunfe en la economía no tiene franco el porvenir Por eso, añadía, era menester que encarguéis- -a las personas más autorizadas que en España haya- -un plan de reformas económicas Merece la pena reflexionar sobre el silencio, casi hosco, que todo esto mereció por parte de los gobernantes de la II República, y sobre todo, por los del primer bienio, el republicano socialista, encabezados por Azaña, Marcelino Domingo o Álvaro de Albornoz, por citar a tres de los que menos entendieron el mensaje de los economistas. Sin embargo, habían sido aconsejados rectamente por una generación magnífica. De ahí se derivó la de 1936, sin la que no se explica la aparición de la Facultad de Economía en 1943, gracias a la cual en España pudo producirse el gran cambio que nos llevó a esta buena realidad que tenemos en el umbral del siglo XXI. Pero sin aquellas raíces de los hombres del escudo en blanco es dudoso que esto se hubiera producido. T P