Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
12- 13 S 6 LOS SÁBADOS DE La bremelanotida es la versión sintética de una hormona que juega un papel en la pigmentación de la piel. Primero se pensó en ella como un bronceador sin riesgos La sexualidad también está en la cabeza. Los fármacos no resolverán todos los problemas dice Antonio Casabón, de la Federación de Sociedades de Sexología no sólo tenía un efecto en la sexualidad masculina, sino en la femenina. Inspirados en el comportamiento de los ratones, el laboratorio decidió intentarlo con pacientes femeninas en un estudio piloto con 26 mujeres que ya habían entrado en la menopausia. El fármaco fue administrado por vía intranasal y en el ensayo hubo un grupo control al que se administró placebo. Tras probar esta droga, el 73 de las mujeres que tomaron la nueva molécula experimentaron un aumento de las sensaciones en la zona genital, comparado con el 23 a las que se les proporcionó placebo. El 43 del grupo que probó el tratamiento también dijeron experimentar un aumento de su deseo sexual. Durante el tiempo del ensayo, las voluntarios incrementaron el número de relaciones con su pareja. Después de este estudio piloto, veinte centros de Estados Unidos van a realizar ensayos similares para comprobar la eficacia y seguridad del fármaco. Se investigan también otros tratamientos que se centran en desniveles hormonales y en las funciones genitales como pieza clave de la sexualidad. Como las prostaglandinas y otras moléculas, que buscan aumentar el flujo sanguíneo en la zona genital para mejorar la excitación. Pero no todo es biología en la compleja sexualidad de la mujer. Los fármacos no resolverán todos los problemas asegura Antonio Casabón, presidente de la Federación Española de Sociedades de Sexología. La falta de deseo sexual no se puede explicar sólo como un desequilibrio químico. En el origen del trastorno también hay problemas emocionales, una falta de conocimiento del cuerpo que impide experimentar un mayor placer, o la falta de caricias y juegos previos. Es la pescadilla que se muerde la cola. Si una mujer no tiene unas relaciones sexuales satisfactorias con su pareja, no tendrá mucho interés en tenerlas. En una ocasión, una paciente me dijo que para ella era una tarea doméstica más, algo que debía hacer por su marido, pero no por su satisfacción Son seguros y eficaces en niños y adolescentes Antidepresivos Dos informes científicos elaborados en EE. UU. concluyen que los beneficios obtenidos con su prescripción compensan el riesgo de tendencias suicidas TEXTO: S. BASCO FOTO: MITXEL ATRIO AP sintieron molestias o dolores y hasta mejoraron su autoestima. Durante el tiempo que duró el experimento, el grupo de féminas que utilizaron el parche de testosterona cuadruplicaron las relaciones sexuales, frente a aquellas a las que se puso un parche con una sustancia placebo. Pero el fármaco no consiguió la autorización de la FDA, la agencia del medicamento de Estados Unidos. Entonces se rechazó porque los riesgos médicos no superaban los posibles beneficios que podían ofrecer. Su consumo continuado podía aumentar los riesgos de mujeres obesas, con enfermedades crónicas como la diabetes o niveles elevados de colesterol y tensión arterial. Ahora la nueva esperanza se llama bremelanotida. Este compuesto es una versión sintética de una hormona que juega un papel en la pigmentación de la piel. Primero se pensó que podría convertirse en un tratamiento para lograr el bronceado sin riesgos y ayudar a prevenir el cáncer de piel. Pero cuando los primeros voluntarios, todos masculinos, contaron entre sus efectos secundarios la aparición de erecciones. Fue entonces cuando la compañía que investigaba decidió explorar en otros campos y probar su utilidad como terapia en desórdenes sexuales. Ensayos posteriores con roedores demostraron que el fármaco La sexualidad, en la cabeza os fármacos antidepresivos son seguros y eficaces en el tratamiento de la ansiedad, los desórdenes obsesivo- compulsivos y la mayor parte de las depresiones en los niños y adolescentes, según un amplio informe elaborado a partir de 27 estudios complementarios por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (EE. UU. publicado en el último número de JAMA la revista de la Sociedad Médica Americana. Estos estudios, elaborados desde distintos puntos de vista médicos, sobre los efectos de los antidepresivos de segunda generación- -los ISRS, inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina- -en una amplia muestra de casi seis mil pacientes, concluyen que apenas en un uno por ciento de los casos se registraron impulsos suicidas, sin que ninguno se llevase a efecto. Los resultados de la investigación cuestionan frontalmente la decisión adoptada hace cuatro años por la Agencia Federal del Medicamento (FDA) que puso bajo sospecha estos fármacos y recomendó que no fuesen prescritos a raíz de un artículo publicado por L la revista médica The Lancet y de unos estudios realizados por la propia FDA, que cuestionaban la eficacia de los antidepresivos en niños y adolescentes, entre los que al parecer aumentaban las tendencias suicidas. Con conclusiones similares a las obtenidas en la Universidad de Pittsburgh, JAMA publica también otro estudio, elaborado por el Centro para la Innovación de la Práctica Pediátrica, del Hospital Infantil de Columbus, según el cual los beneficios obtenidos por el tratamiento con antidepresivos, en niños y adolescentes afectados por depresiones, estados de ansiedad y desórdenes obsesivo- compulsivos, superan claramente los riesgos derivados de tendencias suicidas y los efectos secundarios causados por los propios medicamentos Estos dos informes corroboran las conclusiones obtenidas por otros, en el mismo sentido, publicados en los últimos dos años. En España, como en otros países de la Unión Europea, las autoridades sanitarias prohibieron en 2004 la prescripción de más de veinte antidepresivos en niños y adolescentes, prohibición que sigue vigente pese a la oposición de parte de la comunidad médica. El mayor riesgo de suicidio ha puesto en duda su utilización en niños