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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE LA VIDA La azalea gemela o tengo más relación con la familia de Amancio Ortega que una azalea que cedí a la que fuera su mujer, Rosalía. Tiene Rosalía un vivero que es uno de los más bonitos que he visto, entre el mar y un monte de carvallos y unos negrillos junto al río y unas magnolias junto a las acequias, por las que el agua recorre en canales, más hundidos que el suelo, toda la tierra del vivero. En una zona escondida, allí donde van a parar las plantas que han envejecido en su maceta sin que llegaran a venderse, y se llenan de musgos y de hierbas silvestres y de líquenes de un verde muy claro en sus ramas, encontré cuatro azaleas arborescentes, más altas que una persona, cuyo precio, descolorido por el sol y la lluvia, también había envejecido. Pero incluso así, eran tan grandes y tan caras que me las iba llevando una a una. Me quedaban dos, las más altas, y Rosalía, la dueña del vivero, las quería pero, como estaban reservadas a mi nombre, no pudo llevárselas. Cuando me lo contaron, le cedí una. La otra, me la trajeron mis amigos Javier y Fabiola que hicieron de porteadores con su coche. Aún tienen los asientos y el maletero llenos de hojas y de flores. Es tan grande la azalea que necesitó la ayuda de cuatro hombres para bajarla del coche, y de dos mujeres y un hombre para plantarla. Y es tan rosa, está hoy tan fucsia contra las paredes blancas de la casa que la gente, cuando pasa, se queda mirando. Los que pasan andando, aminoran la marcha y los que pasan en coche, no sé si por los baches de la curva, o por la azalea, o por las dos cosas juntas, se detienen a mirarla porque es igual que ver un árbol florecido en una maceta. Me costó encontrarla. Una maceta que no se abarca con los brazos y de un barro muy oscuro, chocolate, en la que el árbol que es esta azalea, nada más plantarla, agradecida con la arena y la nueva tierra, se ve que ha desplegado sus raíces, y ahora parece una estatua que estuviera recuperando, en su pedestal, la vida. Me pregunto cómo estará su gemela con Rosalía. Igual que los gemelos monocigóticos, las plantas también crecen de manera muy diferente, aunque sean iguales genéticamente, según les vaya la vida. N Mónica FernándezAceytuno Arik Levy, diseñador israelí, autor de la última colección de Baccarat de cristales para casa Cube candelabro de tres cubos. Cuesta 307 euros un elemento que pasa por la fase de liquido y de sólido, y Baccarat no es un cristal cualquiera, es simplemente el mejor. Buscan la excelencia desde el siglo XVIII y la han conseguido. En cuanto a lo bueno y lo malo de trabajar con cristal, lo mejor es la perfección y la técnica tan artesanal y antigua, mientras que lo peor es que supone un proceso lento, en el que entran igual el artista que el técnico, el químico o el soplador, y todos tienen que estar orquestados bajo una batuta que los dirija y que indique lo que es posible y o que no. Parece una danza Nacido en Tel Aviv en el 63, Levy lleva 14 años en París donde ha formado su familia y se ha hecho conocido. Las piezas de Baccarat son objetos de lujo y quizás sea por su luz, aunque pedir que elija una pieza de mi colección es como pedir a un padre que elija entre sus hijos. Es imposible. Pero la transparencia del cristal es fantástica y lo que puedes transmitir con sus destellos también. En esta colección- -candelabros, vasos, jarrones... por ejemplo he dado a los vasos esa sensación de continuidad, de infinito y de movimiento que veo en las olas pero también lo que he captado después de cuatro semanas en la fábrica, durmiendo y empapándome de todo su sentido No es marketing, es una historia de amor entre Levy y su colección. Phantom lámpara de brazo torneado, suspendida por cable de acero. 1320 euros dición y lo nuevo, enlazar todas aquellas piezas vintage que vivieron mis con abuelos hace treinta años, con las que vivirán mis hijos dentro de veinte y que funcionan bien en cualquier época. Así, por ejemplo, la lámpara Phantom de la nueva colección, es un brazo de aquellas arañas imponentes que colgaban en los palacios. Pero ya nadie vive en un palacio, yo no vivo en un palacio, y sin embargo nos ahora nos podemos permitir cierta licencias que entonces no se podían ni soñar, como comer en la mesa de la cocina alumbrados por esta Phantom Fascinado por la luz, a Levy se le considera un inventor de lámparas pero también de sillas, joyas, fruteros, jarrones... No concibe la producción sin la máxima calidad y trabaja en distintos materiales: mármol, madera, acero, latón. Sus piezas se complementan. Me gusta el cristal porque es