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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE Un cliente se enfrenta a el menu que ha elegido: poco, pero de todo Casa Li Así comía el emperador TEXTO Y FOTOS PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL EN PEKÍN En una humilde casa familiar, en medio de un hutong pequinés, el restaurante La comida de la Familia Li ofrece las recetas originales que saboreaban, hace un siglo, los emperadores en la Ciudad Prohibida in ningún letrero que lo identifique y enclavado cerca del lago de Houhai en medio de un hutong -los típicos callejones chinos con casas bajas de ladrillo gris- se esconde en Pekín uno de los restaurantes más exclusivos del mundo: Li Jia Cai La comida de la Familia Li A simple vista, nadie lo diría porque el local se ubica dentro de una humilde y destartalada casa de vecinos, pero aquí se sirven los mismos manjares que degustaban, hace un siglo, los emperadores en la Ciudad Prohibida. Y es que el establecimiento está regentado por Li Shanlin, un antiguo profesor universitario de 87 años, que cocina las recetas originales de la Dinastía Qing (1644- 1911) que llegaron a sus manos gracias a su abuelo, Li Xuen S Uno de los platos que sirve la familia Li Qing, comandante en jefe de los guardias de la corte real. Como responsable de la seguridad, se encargaba de supervisar la comida de la infame emperatriz Dowager Cixi (1835- 1908) quien ocupó el trono como regente durante 40 años antes de nombrar como su sucesor a Pu Yi, el último emperador, y tenía a su disposición 128 cocineros cada uno especializados en un solo plato. Cada día la emperatriz elegía entre las 128 suculentas delicias de las que solía tomar entre 20 y 25 pequeñas raciones, Li Shanlin decidió ofrecer en su restaurante unos menús de comida imperial que constan de diez aperitivos fríos y ocho platos principales, aunque, eso sí, no de gran tamaño. En China se considera que un banquete está formado por ocho platos o más, por lo que queremos que nuestros clientes tomen los 30 ingredientes que necesita una persona cada día para tener una dieta sana y equilibrada y disfruten de la comida tanto como nosotros, que somos manchúes explica el propietario aludiendo al origen que comparte con la Dinastía Qing, venida desde la región nororiental de Manchuria. Por unos precios que oscilan entre los 200 y los 2.000 yuanes (entre 20 y 200 euros) el restaurante ofrece 20 menús en los que, según aclara su dueño, el 60 por ciento son platos imperiales que se cocinan como hace cien años y el resto son especialidades pequinesas o recetas de invención propia Entre sus favoritos, Li Shanlin destaca entrantes vegetales como el chao xian shi o el puré de sésamo y exquisiteces como las ostras y langostas de Australia con suaves salsas chinas. Hay que reservar con varios días de antelación porque es un local tan casero que sólo cuenta con un puñado de mesas repartidas por siete pequeñas habitaciones y únicamente puede atender al día a unas 60 personas. No podemos atender a más clientes porque se perdería la esencia natural de esta comida casera, cuyo sabor es mucho más auténtico que en cualquier otro restaurante donde utilicen microondas o componentes químicos justifica el antiguo catedrático de Matemáticas Aplicadas el carácter elitista del restaurante. Y eso que, con el tiempo, Li Shanlin ha ido ampliando el negocio, que comenzó hace ya dos décadas con una sola mesa para diez personas. El l de octubre de 1984, y para celebrar el Día Nacional de China, la televisión estatal y una revista gastronómica organizaron un gran concurso de cocina a nivel nacional en el que participaron 2.900 personas. Con las recetas de mi abuelo, mi hija Li- li ganó al elaborar 14 platos en dos horas, por lo que al año siguiente abrimos una de las habitaciones de nuestra casa para servir al público Desde que el embajador británico descubriera el lugar y lo recomendara a un exigua comunidad extranjera residente en Pekín, el restaurante cobró fama internacional y su dueño tuvo que abrir más habitaciones a partir de 1995. No en vano, el local se ha convertido en un destino de peregrinación de los gourmets más exigentes del mundo y ha acogido a más de 60 embajadores destinados en la capital china y a jefes de Gobierno de países como el Reino Unido, Canadá, Australia o Singapur. Además, por esta humilde casa ubicada en el número 11 del hutong Yangfang también han pasado invitados famosos como Bill Gates, Mick Jagger, Quentin Tarantino, Uma Thurman o Mohamed Ali... Aprovechando el éxito del restaurante, tres hijas del veterano profesor que viven en Shanghai, Tokio y Melbourne han abierto otras sucursales de la Familia Li en dichas ciudades para que allí también se pueda disfrutar de las delicias de la cocina imperial. Unas recetas que, por cierto, estuvieron a punto de perderse cuando, durante la Revolución Cultural, los guardias rojos entraron el 29 de agosto de 1966 en la casa de Li Shanlin para destruirlas. Afortunadamente, la obsesiva afición de los chinos por la comida se impuso a la barbarie del fanatismo maoísta y los platos favoritos de los antiguos emperadores chinos pudieron salvarse para que cualquiera pueda disfrutarlos hoy desde 20 euros. Gourmets y famosos