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36 INTERNACIONAL Elecciones presidenciales en Francia SÁBADO 21 s 4 s 2007 ABC La república de los indecisos Más del 35 por ciento de los electores, unos 17 millones de franceses, aún no saben a quién votarán mañana. El travestismo ideológico precipitado por la izquierda convierte en volátil todo pronóstico POR F. DE ANDRÉS ENVIADO ESPECIAL PARÍS. Ninguna elección presidencial francesa en los últimos 50 años ha sido tan impredecible como la de este año, dicen los expertos, curándose en salud después de que fallaran todos los sondeos en la primera vuelta en 2002. Esta vez, los pronósticos han situado siempre en cabeza a Nicolas Sarkozy, el candidato de la mayoría oficialista conservadora (UMP) Pero el apoyo que muchos le otorgan puede estar inflado, como podría ser que esté subestimado el del candidato de la extrema derecha, Jean- Marie Le Pen, el viejo tiburón ultranacionalista que dio el susto hace cinco años. El ascenso del centrista François Bayrou, a costa de la socialista Ségolène Royal, es otro elemento de desconcierto. Por no hablar del papel que jugarán los seguidores de los ocho enanitos los otros candidatos presidenciales que no cuentan con ninguna opción. El saldo es un electorado confuso, y un índice de indecisos elevadísimo: uno de cada tres franceses que acudirá a las urnas el domingo aún no sabe a qué candidato votará. ¿Dónde está el problema? La edición digital del diario Le Figaro ha abierto un blog para escuchar y tratar de comprender a los dubitativos. ¿Qué pasa por la cabeza de los indecisos? Si usted es uno de ellos o conoce sus razones, cuéntenos su caso reza el reclamo del debate en la red. Jérôme, 32 años, técnico informático, es uno de ellos. Asistió el jueves al último mitin de la campaña de Ségolène Royal en Toulouse, y aunque confiesa que le atrae la simpatía de la candidata socialista, cree que su discurso es muy poco de izquierdas, busca sólo contentar al mayor número posible de personas En definitiva, no sabe por quién votará el domingo. ¿De qué puede depender? No sé, dependerá del clima que haga responde sonriendo. Isabelle regenta una pequeña pastelería de la parisina Rue de la Roquete cercana a la Plaza de la Bastilla. Admite que también está indecisa sobre su candidato. No le gusta el talante del conservador Sarkozy, pero al menos hará cosas El presidente saliente, el también conservador Chirac, logró hace cinco años el 80 por ciento de los votos y mire lo que ha hecho: nada; sólo quiso el poder para presumir, no para usarlo ¿No conocen los franceses sus problemas, o es que los candidatos no han sabido exponer sus programas? La respuesta apunta siempre al segundo camino. La campaña electoral francesa comenzó bien, tocando los graves desafíos de la segunda economía de la eurozona, después de la alemana. Un Estado de dimensiones disparatadas, que crea una deuda pública colosal, superior al billón de euros. Deterioro creciente del poder adquisitivo, deslocalización de empresas y pérdida de puestos de trabajo. Inseguridad, en particular en los suburbios de las grandes ciudades, donde se hacinan los inmigrantes, con o sin papeles... En la recta final de la campaña, sin embargo, el travestismo ideológico de los principales candidatos en busca de nuevos electores ha disparado la confusión en la mente de muchos votantes, rompiendo la tradicional frontera izquierdas- derechas que siempre funcionó en la mecánica electoral de la V República francesa. El desconcierto lo inició en cierto modo la candidata socialista, Ségolène, cuando penetró en el terreno de la derecha en busca de votos, y- -haciendo alarde de sus credenciales de hija de militar- -reivindicó para el PSF, apegado aún al himno de Sin frontera ideológica Bayrou, ayer en el cementerio de Douaumont, cerca de Verdún, de caídos en la I Guerra Mundial la Internacional, nada menos que la bandera nacional, el orden y la identidad francesa. Sarkozy hizo también algunos escarceos piratas en el territorio de la izquierda y de la extrema derecha, pero en la última semana impuso la coherencia al subrayar en todas sus entrevistas que su programa se apoya en los valores cris- REUTERS La edición digital de Le Figaro dedica un blog a los indecisos: Si usted conoce a uno de ellos o sus razones, cuéntenos su caso La inmigración y la hipocresía de Le Pen PARÍS. Cuatro millones de franceses son musulmanes. En las barriadas y distritos de París donde habitan, los bares y restaurantes están regentados por los argelinos, los pequeños ultramarinos por los marroquíes y tunecinos. Los taxis son negocio abierto. Halil, marroquí de origen, se muestra expansivo al conducir su taxi desde Barbés al distrito sexto de la capital. Le Pen es un hipócrita, como todos los políticos; dice lo que quieren oír muchos, pero sabe que no puede hacer nada contra los inmigrantes. De hecho, tiene ayudantes árabes Menos feliz por tener que llevar su coche a un barrio deprimido del norte de París, Pierre, sin duda orgulloso de su poblado bigote rubio, se muestra agorero. Chirac no ha hecho nada por arreglar los problemas de la inmigración; la izquierda es un desastre, y ni siquiera Le Pen podría hacerlo. Ya estamos invadidos y sólo podemos esperar a la guerra civil. A menos que usted siga creyendo en Papa Noel tianos en materia social y liberales en lo económico. Uno de los éxitos preelectorales del líder conservador ha sido su capacidad de generar ilusión por el cambio dentro de los votantes tradicionales de la derecha, dejando fuera del debate su paso por sucesivos gobiernos en los últimos cinco años. Sarkozy, al igual que Ségolène, se presenta ante su electorado como un candidato joven y no maleado por los vicios de la gerontocracia francesa. El hecho, además, de que en las últimas semanas se haya generado en Francia una corriente de miedo a Sarkozy materializada en la pintura de bigotes hitlerianos en sus carteles, los titulares sensacionalistas en la prensa de izquierdas, o los insultos de Le Pen a sus orígenes húngaros, ha contribuido por simpatía a fortalecer su figura como el candidato más sólido para ocupar el Elíseo.