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ABC SÁBADO 21 s 4 s 2007 El desafío constante de ETA- Batasuna s Las víctimas ESPAÑA 15 Ya nunca me marcharé de España Casi cuatro meses después del asesinato de Diego Estacio, su madre se ha afincado en Madrid. Antes del atentado vivía en Italia, pero aquí ha hallado la oportunidad (y dos pisos) para reunir a su familia POR BLANCA TORQUEMADA FOTO ÁNGEL DE ANTONIO Ahora sólo queremos trabajar y salir adelante No es poco. La voz de Jacqueline Sivisapa, apenas un murmullo, se quiebra en el eco casi imperceptible que le devuelven las paredes vacías del salón de su nueva casa en el barrio madrileño de La Ventilla. Hace casi cuatro meses, ETA asesinó a su hijo Diego Armando Estacio en la Terminal 4 de Barajas. Ella jamás había oído antes mencionar a ETA. No sabía qué era, conoció su negro rostro de golpe, de un solo y amarguísimo trago. Desde entonces, los acontecimientos se han sucedido de manera vertiginosa y han dado un vuelco a su vida. Está decidida a empezar de nuevo, en Madrid, junto su hija Carmen, sus dos nietos y su hijo pequeño, Omar. Además, han recalado en España sus hermanos, su padre y su abuela. Jacqueline ha logrado recuperar, para las visitas, una sonrisa acogedora, pero cualquier mención o incluso referencia indirecta al jovencísimo Diego desata su dolor y sus lágrimas. Muy joven aún (tiene 37 años) a su hija Carmen la tuvo cuando sólo tenía quince, y a Diego Armando, con 17. Una inmensa responsabilidad. Por eso no lo dudó cuando vio la ocasión de dejar su Machala natal, el gran puerto bananero, para tratar de abrirse paso cerca de Milán. Dejó a sus dos críos en Ecuador, hasta que pudo reunir el dinero para traerlos a Europa. Tuvo varios trabajos de servicio doméstico y hace poco más de un año logró hacerse con un puesto de venta de ropa en un mercadillo. Diego y Carmen se incorporaron al sistema educativo italiano, y su madre los animaba a terminar los estudios secundarios. Pero a Carmen su enamorado la dejó embarazada muy joven, con 18 años, y Diego no acabó Mecánica Industrial porque decidió marcharse a España con su padre, Winston. Se fue para unas vacaciones, pero Jacqueline, en el desnudo salón de su nuevo piso en Madrid. Por ahora sólo lo ocupa el carrito de su nieta Michelle ya no volvió. Como encontró trabajo y novia- -evoca Jacqueline- -ya no quería regresar Cuando les comunicaron la desaparición de Diego, Jacqueline y su hija Carmen viajaron a Madrid prácticamente con lo puesto. Su estancia junto al resto de los familiares en un hotel cerca de Barajas se fue desgranando angustiosamente, minuto a minuto, hasta que aparecieron los cuerpos bajo los escombros de la T- 4. Tras un mes de duelo familiar en Ecuador, de regreso a España se tropezaron de bruces con un porvenir incierto. Esta vez ya no estaban solas con sus niños: venían con ellos el padre de Jacqueline, su abuela y dos de sus hermanos, alentados por la promesa de residencia, trabajo y vivienda que le había hecho el Ministerio del Interior. Provisionalmente, los alojaron a todos en un hotel junto a la estación de Chamartín. También dieron cobijo allí a los Palate. Pero los días pasaban y pocas piezas iban encajando. Los papeles seguían su curso (nacionalidad para Carmen, Jacqueline y los niños, y permiso de residencia para el resto) pero la posibilidad de afincarse entre nosotros se complicaba: dicen que les ofrecían un alquiler de 800 euros al mes y un puesto de trabajo de 875. No lo podían asumir. Al tiempo, el día a día se le hacía cada vez más agobiante con tres niños pequeños entre las cuatro paredes de dos habitaciones de hotel. Por eso la Consejería de Inmigración de la Comunidad de Madrid estimó que el caso de Jacqueline y los suyos podía encajar en la posibilidad de cederles vivienda a través del Ivima, organismo público autonómico que gestiona estos asuntos de excepción No son los únicos beneficiarios de piso gratis cada vez que se desmantela un poblado chabolista, se aplican generosas medidas de realojo. En este caso, se trata de dos pisitos modestos colindantes, de nueva construcción, a dos pasos de la plaza de Castilla. Un estupendo emplazamiento. Si la Ventilla fue hasta hace un par de décadas un barrio casi marginal, ahora está perfectamente integrado y equipado. Dos ventanas altas y angostas vierten la luz de la tarde en el desnudo salón. No hay ni siquera una silla donde sentarse, sólo el frío suelo de gres. Apenas llevan unos días en la vivienda y únicamente les facilitaron las camas y un frigorífico. Con esta casita, creo que ya jamás nos iremos de España Comprar los muebles será el siguiente paso. Las subvenciones que le corresponden (ha de repartirse con su ex marido Winston Estacio 220.000 euros del Ministerio del Interior y 24.000 de la Comunidad de Madrid) están aún en tramitación. Uno de los hermanos de Jacqueline va a comenzar ya a trabajar en una cafetería Vips. Al otro y a su hija Carmen les han ofrecido empleo en Mercamadrid. También esta madre rota tiene ya alguna oferta en firme. Estoy agradecida- -dice- -por la oportunidad de trabajar y de vivir en este lugar De rendir a Diego el homenaje de volver a sonreír. Una vida difícil El Gobierno concedió ayer la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a Estacio y Palate Subvenciones en trámite Fui a la manifestación del PP para estar con otras víctimas Los homenajes de los dos últimos meses a Diego Armando y Carlos Alonso Palate despertaron en Jacqueline el deseo de estar cerca de los que han sufrido lo mismo que yo Dice que eso fue lo que le movió a tomar parte en la manifestación del PP en Madrid. Niega que fuera utilizada. Al tiempo, la Comunidad de Madrid se sensibilizó con su situación y ha entregado dos pisos en propiedad a su familia. Los asistentes sociales adu- cen que auxiliar a Jacqueline y a los suyos no ha supuesto un agravio hacia otras víctimas, sino un acto de justicia: Se ha atendido una emergencia. Ninguno de los miembros de este núcleo familiar vivía aquí. Les dieron papeles sobre la nada. Ellos tenían su forma de vida encauzada en otro lugar Recuerdan que el padre de Diego sí reside y trabaja en Madrid desde hace años, y los Palate ya tenían decidido instalarse en Valencia. Tanto a Diego Armando como a Carlos Alonso y a otra víctima del terrorismo, Juan Manuel Sarmiento, les otorgó ayer el Gobierno la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil.