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54 MADRID VIERNES 20 s 4 s 2007 ABC La Cuesta de Moyano anticipa el Salón del Prado Como un anticipo de lo que será la remodelación del eje Prado- Recoletos, la Cuesta de Moyano recuperó ayer sus casetas de libreros, y además se convirtió en un espacio peatonal, paseable y disfrutable por los ciudadanos. Los vendedores se sentían de nuevo en casa POR SARA MEDIALDEA MADRID. El 6 de mayo de 1925, el alcalde conde de Vallellano aprobó instalar un mercado permanente de libros usados en la calle de Claudio Moyano. No con el acuerdo de todos: 77 escritores, entre ellos Pío Baroja, pedían una ubicación más accesible. Pero los alcaldes, ya se sabe, no suelen ser gentes fáciles de convencer: la feria se quedó allí y ayer, 83 años después, las casetas de los libreros recuperaron el espacio que temporalmente les habían usurpado por las obras en la zona. Un espacio que ahora es sólo para peatones. Por fin, volvemos a casa Lo decía Francisco Moncada, representante de los libreros de Moyano, y con esa frase resumía el sentir general del colectivo. Nada menos que tres años se han pasado las casetas fuera de su sitio- -aunque muy cerca, en el paseo del Prado- por culpa de un incendio en una subestación eléctrica próxima, una instalación que se decidió reconstruir bajo la calle de los libreros. El regreso se vivía ayer con alegría, con sonrisas y bromas, e incluso con un brindis con cava y copas de plástico, en el que participaron todos. Ya era hora aseguraban algunos de los libreros que regentan puestos en la Cuesta de Moyano. Su principal preocupación, ahora, es cómo reaccionará el público ante la peatonalización de la calle. Es un cambio que produce, dicen, inquietud e incertidumbre dado que muchos de sus clientes son a la vez sus proveedores, personas que acuden a sus puestos para venderles lotes de libros viejos. Cava para todos Pío Baroja firma- -quinto por la derecha- -una petición a favor de una feria permanente de libros en sitio visible y de fácil acceso Juan Ángel Juristo Escritor EL MUNDO ES UN LIBRO P ara mí, y como yo cientos de miles de personas, la fila de casetas grises de la Cuesta de Moyano siempre representó la apertura a múltiples mundos que se abrían con sólo recorrer esa pequeña calle que remonta desde la Glorieta de Atocha hacia el Retiro, una calle que se abre con la estatua de un ilustrado y se cierra, allá entre frondosidades, con una estatua de Baroja, asiduo de aquellas casetas y paseante del parque hasta formar leyenda. La Cuesta de Moyano siempre tuvo para mí cierto aire de regeneración, de espíritu del 98, quizá porque miré a destiempo fotos en que se veía a Azorín y Baroja escarbando entre esas filas de libros tan castizas como la de los bouquinistes del Sena. Pero debo a esas casetas, a las muchas horas pasadas en mi adolescencia y juventud rebuscando tesoros en forma de sorpresas, una pasión por la literatura que nunca se ha agotado pero cuyo origen no puedo dejar de asociar a esa calle. Mi descubrimiento, por ejemplo, junto a Gonzalo Hidalgo, compañero mío de instituto, de la edición de Ulises, la de Rueda y que no pudimos comprar porque no teníamos dinero pero que nos prestó el librero, enternecido. Luego, según pasaban los años, uno afinaba más e iba a buscar rarezas, hallazgos inesperados, que uno posee co- mo trofeos bibliográficos de que enorgullecerse porque hay que decir que esta ilustre fila de librerías siempre se caracterizó por la modestia con que sus dueños afrontaban los precios: vivían de ello, sí, pero nunca especularon. Es una inmensa alegría saber que la Feria vuelve por sus fueros, a esa calle ahora peatonal y donde Pío Baroja ha sido movido de sitio para presidir esa calle, él, buscador incansable de libros, de tesoros que acumulaba con pasión en su casa de Vera y que su sobrino, don Julio, continuó con certeza y justicia, bibliográfica. Decir Moyano es decir alimentarse de otros mundos, de otras maneras de sentir y gozar. Estoy deseando volver. Ya mismo. Para resolver la logística del día a día, está previsto permitir un acceso para tráfico templado de carga y descarga, durante el horario de apertura de los puestos: desde primera hora de la mañana hasta que se va el sol. De momento, ayer aprovechaban la bonanza atmosférica y la presencia de las cámaras para reivindicar la tradición de un lugar en el que nunca faltan los curiosos. Mientras el alcalde lo recorría- -con la impagable colaboración de un improvisado músico que, armónica en mano, puso un fondo a ritmo de chotis a la visita- los libreros saludaban a sus clientes de toda la vida y se felicitaban por la vuelta al hogar La peatonalización de la calle, que tanto preocupaba a los vendedores, era del agrado de muchos de sus clientes: Se ve mucho más espacioso; hay más silencio y más tranquilidad para consultar los libros aseguraba Luis Ángel, mientras revisaba unos viejos ejemplares de El Coyote. Lo importante es que haya vigilancia, y buena luz por la noche añadía Germán. Más espacioso La luz provendrá de unas farolas vanguardistas, que rompen con la imagen de una zona con tanta tradición. Varios de los arquitectos responsables del proyecto- -Juan Miguel Hernández de León, Carlos Riaño y José Miguel Rueda- -recorrieron ayer esta nueva área peatonal, explicando que, en el fondo, la Cuesta de Moyano es un anticipo de lo que será la futura remodelación del eje Prado- Recoletos: en su mobiliario, en su pavimentación, y en el tratamiento del conjunto. Es la misma gramática afirmó el alcalde, Alberto Ruiz- Gallardón. Las farolas, por ejemplo, explicó José Miguel Rueda, se comercializan como modelo Pra-