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ABC JUEVES 19 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MANOLO Manolo, o sea, Manuel Conthe, el presidente de la CNMV lo metes en una película de Scorsese y te da el pego, con esa cara acuchillada como la de Ray Liotta o Harvey Keitel y esa mirada dura y esquinadiza que parece curtida en las calles del Bronx y no en las aulas donde se forjan los amos del universo de la economía financiera. A Manolo le llama así Zapatero, por su nombre de pila, para elogiarlo en Antena- 3, pero hay cariños que matan como el filo de una daga florentina, y apuñalan el corazón por la espalda atravesando el cuarto espacio intercostal. Si la política fuera una cinta de mafiosos- -en realidad es algo bastante más sucio- IGNACIO Conthe habría aparecido CAMACHO ya liquidado entre cubos de basura, o ajusticiado de un tiro en la nuca mientras compraba en la frutería del barrio, por haber amagado con revelar las artimañas secretas del padrino en los tejemanejes de la Bolsa. Quizá por eso, para blindarse de un ataque preventivo, se deja ver en actos del PP y saca a relucir sus intenciones mientras el presidente lo trata como uno de los nuestros en tanto sus pretorianos negocian el modo de minimizar el previsible escándalo. A Manolo lo llaman el supervisor en los periódicos especializados de hojas color salmón, como si fuera uno de esos empleados de la Renfe que te pican el billete o te dicen que no vas sentado en el asiento correcto. En realidad es algo así, el encargado de comprobarle el billete a las grandes empresas para dejarlas subir a los trenes de lujo de las finanzas, y quería que alguno de los rutilantes pasajeros de Endesa se bajase del convoy por no llevar los boletos de la OPA en regla o haberlos comprado con la ventanilla cerrada. Pero entonces ocurrió algo ciertamente insólito: el Gobierno le ordenó que dejara pasar al viajero irregular, y ahora el que se tiene que apear, o dimitir, es el incómodo vigilante demasiado celoso de las competencias de su puesto. Que no se ha enterado bien, acaso, de quién es el jefe. Lo que sucede es que Conthe sabe cosas, quizá incluso tenga papeles, y se ha puesto chulo. Ahora está en una tesitura complicada, porque o cuenta esas cosas o va a quedar como Cagancho en Almagro, sobre todo después de haber dado pasos titubeantes y un poco raros: que si ahora dimito, que si ahora no, que si dimito en diferido pero primero que me dejen contar por qué. El martes tiene cita en el Congreso- -los socialistas se la querían fijar en el puente de mayo, para darle sordina- -y si no está a la altura de las expectativas el asunto será un parto de montes, con mucho ruido y poco resultado, y se extenderá la sombra de un pacto de no agresión. Zapatero le llamó Manolo como si le estuviese echando el brazo por el hombro, y es de temer que el pulso pueda quedar arreglado a conveniencia para limitar los daños. Ya saben: ¿hablamos como caballeros o como lo que somos? que decía el llorado Joaquín Garrigues Walker. Si habla como caballero, Conthe dejará de ser Manolo. Pero el espejo de su propio respeto le llamará Don Manuel cuando se afeite su cara de actor de carácter, cincelada en el correoso material de los tipos duros. A ENTRE LA HABANA Y KABUL UBA y Afganistán reclaman cada día la atención de España. Hay problemas más graves (tratado de la UE, energía, migraciones, relación transatlántica, fuerzas en Líbano... pero lo apremiante oscila entre La Habana y Kabul. En Cuba todo empieza a cambiar. Nadie piensa que Fidel Castro pueda volver. Han pasado ocho meses. Con Fidel al frente, Cuba prolongaba su vida política, en un business as usual artificial y a veces siniestro. Hoy todo parece igual en la superficie, aparentemente bajo control. Estados Unidos se comporta (no lo ha hecho durante años, con los resultados conocidos) España podrá poner todo su peso al tablero. No hablaremos del embajador, al que conocemos bien. Carlos Alonso Zaldívar tratará de saber hasta qué punto podrá representar, él, embajador de España, a la Unión Europea. Hay una representación moral, intelectual, política, que España puede asumir. El gobierno español, sea el actual o el próximo, si fuera conservador, jugará en los dos casos un papel determinante, muy parecido, en la evolución cubana. Quizás el castrismo superviviente intente resistir, al contrario de lo que ocurrió con el franquismo. Franco, poder puDARÍO ramente personal, vio pulverizado su VALCÁRCEL mando al desaparecer, cuarenta días antes de morir. Fidel ha creado un esquema, una capacidad de resistencia que ha pervivido con él durante 47 años: ocho meses sin él. Washington, la Unión Europea, España, y algunos estados americanos, Venezuela, decidida a intervenir con su petróleo (quizá no lo consiga) el México de Calderón (menos) Brasil, sabia y cauta potencia regional... Se avanzará como se pueda hacia el corpus básico de los derechos humanos: se puede llegar pero no es seguro. Estas notas no son pesimistas: tratan de dar un espacio a la esperanza, sin inventar la realidad. La transición empezó en agosto de 2006. A los 76 años Raúl Castro conoce la infinita dificultad de su papel. Fidel escondía terribles sombras. Pero mantenía un cierto carisma. Raúl no. Debemos dejarlo claro, España tiene el compromiso de implicarse en la democratización de Cuba. Es una apuesta de riesgo y de valentía política. Si España fracasara, quedaría la confrontación. Pero no apostamos, tampoco C hoy, por el Viva la Muerte. Tratamos de mirar y de ser imparciales (nunca neutrales) España mantiene el contacto regular con la disidencia. Hubiera sido magnífico que existiera contacto oficial entre ministros. No ha sido posible. Pero los dos directores generales mantienen ese contacto en los dos ministerios, cubano y español. Los cubanos han aceptado oficialmente ese contacto regular. Pretender que se ha abandonado a los disidentes sería faltar a la verdad. Se repiten los lugares comunes, algunos de ellos ciertos: las reformas económicas traerán las reformas políticas. ¿En qué plazos? Hay nuevas reformas, en vivienda y transporte. ¿Reformas pactadas? ¿Entre quiénes? Tenemos información, no certeza. Hoy Cuba sigue cerrada. En el apremio de Afganistán, agobiante según los días, no parece que el debate consista sólo en aumentar o no la fuerza militar, hoy de 690 soldados. España está en Afganistán como miembro de la Alianza Atlántica. De Afganistán partió el ataque a Nueva York y Washington que, en 2001, hizo 2.973 muertos. Al Qaeda con apoyo del régimen talibán fue responsable de ese acto de terror. En 2003 y 2004, se preparó en territorio afgano el ataque a la estación de Atocha. Han muerto no pocos soldados canadienses, británicos, holandeses... apenas españoles, aunque Idoia Rodríguez sea inolvidable. La Alianza Atlántica debe impedir que Afganistán se convierta en un estado fallido: si cumple sus compromisos, lo conseguirá, puede darse por seguro. Las tropas tienen importancia, sí: pero están allí para conseguir que el estado afgano se sostenga por sí mismo, que Hamid Karzai, presidente democráticamente elegido, pueda recorrer todo su país. Si los soldados europeos y americanos, aparte de otros 30 estados, abandonaran Afganistán, el cultivo de la amapola se duplicaría en meses. Por el momento, seis millones de niños van a la escuela cada día. La antigua ley prohibía la enseñanza a las niñas. Hoy dos millones de niñas van también a la escuela (31 millones de habitantes en el país) Un dato menos interesante, más práctico: el primer trabajo de los 690 soldados españoles es enseñar a soldados afganos. Igual que los alemanes, franceses, británicos, holandeses. En los últimos tres meses, 26.000 soldados afganos se han incorporado a la línea de fuego. El afgano, por cierto, sabe pelear.