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14 ESPAÑA LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M EL CAOS DE MINA CONCHITA MIÉRCOLES 18 s 4 s 2007 ABC Un minero afirma que un fin de semana desaparecieron 100 kilos de dinamita En la mina se hallaron las etiquetas de las bolsas que compró El Chino para guardarla NATI VILLANUEVA MADRID. Si sobre Mina Conchita tuviera que rezar una leyenda a modo de epitafio tras su cierre, dos meses después del 11- M, ésta sería sin duda: Barra libre Hasta siete trabajadores de esta explotación ratificaron ayer la absoluta falta de control de la dinamita consumida y de los detonadores utilizados, hasta el punto de que no era nada extraño que tras una jornada laboral, el explosivo sobrante se dejara en el tajo, sin unas mínimas garantías, hasta el día siguiente. Cualquier trabajador podía tener acceso a las llaves que abrían los minipolvorines que contenía la dinamita, no se apuntaban las numeraciones de las cajas de explosivos que llegaban en camiones a la mina y ninguno de los artilleros eran controlados al finalizar la jornada laboral. Cuando esto sucedía la explotación quedaba abandonada y cualquier persona, con linternas y unas mínimas indicaciones por parte de alguien que la conociera, podía entrar de noche y llevarse dinamita o detonadores. Así, no resulta extraño que un testigo, ayudante de mina, declarara ayer que a principios de 2004 tras la finalizar su jornada un viernes, vio cuatro o cinco cajas de dinamita (cada de unos 25 kilos) abandonadas allí. Dijo que le llamó la atención, porque, aunque era habitual aparcar las cantidades sobrantes para el día siguiente, no solía haber tantas cajas juntas, sino sólo una o dos El lunes se percató de que las cajas ya no estaban, de lo que informó, ya al mediodía y en presencia de varios trabajadores, al encargado de la mina, el procesado Emilio Llano. Se quedó frío y no sé si hizo alguna llamada aseguró. El viaje de Jamal Ahmidan, El Chino a Asturias, en el que regresó a Madrid con el coche cargado de explosivos, se llevó a cabo durante un fin de semana, el del 27 de febrero. Fue esos días cuando, según mantiene la Fiscalía, el minero Trashorras llevó a sus amigos los moritos de Madrid a la mina. En uno de esos viajes, tal y como relató Gabriel Montoya, El Chino se introdujo en la mina con sus dos acompañantes (según la investigación Kounjaa y uno de los hermanos Oulad) y salieron con las La responsabilidad del Estado En septiembre de 2004, la situación de las explotaciones mineras dio un giro y pasaron a ser uno de los objetivos prioritarios susceptibles de regulación legal. Fue en estas fechas cuando se empezaron a controlar los movimientos de explosivos en el interior de las minas y las cantidades de dinamita utilizadas por los trabajadores. Desde que la ley cambió el control pasó a ser mucho mayor confesó ayer Roberto López, uno de los testigos que desempeñaba labores técnicas en Mina Conchita Es fácil deducir que si había descontrol en la mina era porque lo que sucedía en el interior de la explotación no estaba regulado y, por tanto, no se derivaba ninguna responsabilidad para los infractores. Fuentes jurídicas consultadas sostienen que los testimonios de ayer vienen a avalar una vez más la responsabilidad civil del Estado en un asunto que era de su competencia y sobre el que se tomaron medidas, como tomar nota de los cargamentos que entraban, sólo después del 11- M. Emilio Llano (izquierda) encargado de la mina y procesado, durante la sesión de ayer mochilas, que esa misma tarde compraron en el Carrefour de Avilés, llenas de explosivos. En relación con esa gran superficie comercial, varios de los testigos aseguraron ayer que un lunes (uno de los trabajadores lo ubicó antes de los atentados y otro después) cuando subían del segundo al tercer nivel de la mina, se encontraron con varias etiquetas de Carrefour. Esto indicaría que los islamistas las quitaron sobre la marcha antes de llenarlas de dinamita. Del viaje de algunos de los miembros de la célula de Madrid a Avilés aquel fin de semana de febrero dio buena cuenta un amigo de Trashorras, que recordó que el ex minero le POOL A principios de 2004 anunció la llegada de sus amigos de Madrid con un cargamento de hachís Aseguró el testigo que estuvo muy pendiente de este viaje porque quería comprarles mercancía. Este testigo relató que el 29 de febrero se encontró con Trashorras y el menor en un bar y que le sorprendió que el primero le dijera que venían de marcha y fuera en chándal. Algo raro en alguien conocido en Avilés como Titto Blunny por salir siempre muy arreglado. El descontrol en esa mina fue la nota común a todas las declaraciones de ayer, salvo las de los responsables de la explotación, que aseguraron que jamás se detectó un aumento de consumo de explosivo. Jesús Zarzalejos Profesor de Derecho Procesal de la Complutense EL VENDEDOR AMBULANTE L a declaración de Abu Dahdah mostró una vez más cómo las expectativas informativas se pueden defraudar a los pocos minutos de interrogatorio judicial. Como testigo, era perfectamente prescindible. Sólo conocía a Zougam por comprarle verduras; y a Almallah porque fue a su casa a arreglar una lavadora. Dijo que lo que sabe del 11- M se debe a los medios, pero, después de la matanza, se aventuró a explicarle a Garzón que sólo los seguidores de la doctrina takfir -corriente extremista del Islam- -podían haber cometido el atentado de Atocha. Poco más dio de sí este testigo para el juicio, quien, no obstante, sigue interesando a otros efectos, porque está condenado en firme a doce años de prisión como autor de un delito de integración terrorista, en grado de dirigente. En septiembre de 2005, la Audiencia Nacional lo consideró líder del primer grupo organizado de Al Qaida en España. También lo condenó por conspirar para la comisión de los atentados del 11- S, pero fue absuelto de este delito por el Supremo. En todo caso, Abu Dahdah es una referencia continua para los investigadores del terrorismo islamista en España. De Abu Dahdah se pue- den aprender dos cosas. La primera es que el perfil aparente que pueda tener un acusado no es suficiente para descartarlo como terrorista. Está casado, tiene cinco hijos y, según la sentencia de 2005, carecía de trabajo remunerado y se dedicaba a la venta ambulante de camisas, móviles, miel, alfombras, radios mercancías que cargaba en el maletero de su vehículo, a modo de supermercado errante, Descripción que nada tiene que ver con el terrorista sofisticado que algunos exigen para ser un sospechoso en condiciones (y, de paso, poner en solfa las acusaciones del 11- M) Pero ahí lo tienen, padre de familia numerosa, vendedor ambulante y con tiempo para organizar la sucursal de Al Qaida en España. Por otro lado, las dos sentencias que recibió en contra Abu Dahdah -también la que condenó al comando Dixán -reflejan que la persecución judicial contra el terrorismo integrista se mueve en planos sucesivos: el de la acreditación de la existencia de una organización terrorista y el de la imputación de actos criminales concretos a dicha organización. Hasta ahora, los Tribunales han llegado al primer objetivo con la célula de Al Qaida en España y con el comando Dixán pero no superaron la barrera de las sospechas para imputarles objetivamente los delitos de conspiración para cometer el 11- S y de tenencia de explosivos, respectivamente, por los que también se les acusaba. Por eso, el juicio por los atentados del 11- M puede marcar un hito en la lucha contra este terrorismo si cierra el círculo que une la mera organización criminal con la ejecución del delito terrorista.