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ABC MIÉRCOLES 18 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ARSENALES OMO casi siempre en casos similares, la tragedia de Virginia proporciona a la izquierda europea la coartada moral para emprenderla a lanzadas contra la peculiar democracia norteamericana, que protege mediante una enmienda constitucional el dudoso derecho a portar armas y facilita la compra de artillería ligera en el supermercado. Cuando sucede algo parecido en Europa, el debate es de psicología social o desemboca en una terapia colectiva: se buscan, casi siempre con perífrasis exculpatorias, las profundas razones mentales o sociológicas por las que un tarado puede ultimar por las bravas a una gavilla de conciudadanos. Pero si el escenario de la maIGNACIO sacre son los Estados UniCAMACHO dos, el índice acusador de la progresía se dirige hacia la fisura de la permisiva legislación armamentista, con parodia incluida de Charlton Heston y su paranoica asociación de rifleros, según el canon brillante y panfletario de Michael Moore y Cía. Norteamérica es, en efecto, una democracia peculiar. La fundaron unos puritanos y la consolidaron inmigrantes de dudosa ralea que se abrieron paso a tiro limpio hacia el Oeste, cometiendo con los indios un genocidio apoyado por el ejército de los casacas azules. Del puritanismo quedaron raíces obsesivas de hipocresía social, que pueden condenar a un presidente por mentir antes que por espiar a su adversario, y de la colonización permanece un sustrato de autodefensa sin prejuicios. Sin embargo, el cuerpo doctrinal se lo dieron unos idealistas del humanismo democrático, que dotaron al sistema de cotas de libertad capaces de limitar como ningún otro el abuso político y proteger el albedrío individual; la mezcla tiene contradicciones, pero alcanza para una sólida y desacomplejada hegemonía con bastantes más luces que sombras, aunque las sombras resplandezcan a veces entre fogonazos de pólvora. Que en una sociedad en la que existen más armas que almas, casi 300 millones, ocurra una hecatombe como la de Columbine o Blacksburg cada ocho o diez años resulta, en el fondo, casi milagroso. Por eso sobre las causas de estos estremecedores y sangrientos latigazos de demencia habrá que profundizar más allá de la venta libre de arsenales privados, cuya obvia necesidad de limitación ya lleva tiempo generando allí un intenso debate civil. Acaso la banalización cultural de la violencia, o la relativización de la responsabilidad individual, tengan tanto que ver con esta carnicería como el masivo comercio minorista de pistolas y subfusiles. La complejidad intelectual, sin embargo, se queda entre nosotros para el debate interno; a los americanos les aplicamos esquemas de prejuicios sencillitos. La fenomenología de la violencia nos viene bien para encontrar atenuantes psicológicos en este país de crímenes navajeros y escopetazos rurales, o cuando un menor abre las cabezas de sus padres con una bien afilada katana. Nadie pregunta entonces dónde demonios ni con qué requisitos se compran libremente las katanas, ni qué legislación permite a tan sañudo asesino andar suelto por ahí en libertad vigilada. C EL RECUADRO CONCEJALA DESNUDA, CALVO VESTIDA S U desnudo ha sido portada en lo que llaman una revista de tirada nacional que no es lo mismo que una revista nacional tirada, aunque lo parezca. Dicen que es concejal de Lepe. ¿Seguro? Más bien parece de Jabugo o de Cumbres Mayores, por no salir de la provincia de Huelva. Lo digo porque tú ves la foto, no te dicen nada de la concejalía lepera y piensas que es el desnudo de una tía jamona. Jamona desnuda, que suena a libro de Desmond Morris. De desnudo artístico, nada: es una tía jamona en pelotas, que no es lo mismo. Ese muslamen que muestra en primer término no es en absoluto erótico: es directamente de cinco jotas y regalo de set de jamonero, cuchillo y chaira. Dice la concejala jamona que ahora es cuando ha descubierto la erótica del poder. Será la del poder, hija mía, porque de la otra, con las fotos de su despelote de peaje de usted no hay quien descubra absolutamente ninguna erótica. Son las fotos más anticoncupiscentes que se despachan. Más bien parecen el antes del chocolate del Matías López de ANTONIO los anuncios de las milagrosas curas BURGOS de adelgazamiento, que está pidiendo a gritos un después del chocolate con los kilos de la jamonería del muslamen y de la popa ya reducidos a sus justos términos. La concejala asegura que es del PP, pero muy de izquierdas. Eso es como si la ministra Narbona dice que es muy aficionada a los toros, pero de la Asociación Protectora de Animales. Y añade la concejala que se ha desnudado justamente por eso, porque es del PP, pero de izquierdas. Atención, amigo conductor de la M- 30: de ser eso cierto, que los que son del PP pero con ideología de izquierdas deben desnudarse en público para afirmarlo, de un momento a otro Alberto RuizGallardón tendrá que aparecer en porreta viva y pelota picada. ¡Y va a estar bonito! No, no es que esta señora haya descubierto la erótica del poder, sino el poder, el poder adquisitivo, de la erótica: 60.000 euros del ala ha cobrado según estimación del alcalde de Lepe. Quien debería reivindicar el buen nombre de la Capital Mundial de los Chistes. Debería hacer como Manolo Caracol una noche que en el Teatro Falla de Cádiz representaba su Zambra 1943 o Zambra 1944 uno de sus espectáculos anuales con Lola Flores. Estaba Manuel Ortega Juárez cantando La Salvaora cuando desde el paraíso saltó un gracioso, que le gritó una guasa. Y Caracol, muy digno, mandó parar la orquesta, se fue hacia las candilejas, señaló con dedo acusatorio al paraíso desde donde había venido la guasa demoníaca, y sentenció: ¡Ese no es de Cai! Y el teatro se venía abajo aplaudiendo el Viva Cartagena caracolero en forma de negación de la nación gaditana para el intruso en el paraíso. Algo así debería haber hecho el alcalde de Lepe. Portada de revista en mano, tenía que haber dicho: ¡Esta no es de Lepe! Porque no lo es. La concejala jamona desnuda es de Montalbán (Córdoba) Comprovinciana de la ministra vestida. Que es Carmen Calvo. A María Dolores Jiménez, que tal es la gracia de la concejala, le pasa en el fondo como a Carmen Calvo: que se le nota bastante cómo va. A la concejala se le nota bastante que va desnuda, por la maza, contramaza, codillo y cadera del jamonerío de portada, y a Carmen Calvo se le nota bastante que va vestida. De mamarracho y oro, pero vestida. Vestidísima. Costeadísima. Eso sí que es un indicador económico y no los partes de la victoria que presenta ZP en la Bolsa. Cuando una ministra de izquierdas se puede gastar esas millonadas en trapitos para ir hecha un adefesio, es que España no sólo va bien: es que va del carajo, ya que estamos con la erótica. Si las concejalas del PP que se desnudan son de izquierdas, las ministras del PSOE que se gastan esas millonadas en modelitos para vestirse deben de ser más de derechas que el águila de San Juan, vulgo pajarraco. Yo no me escandalizo por la concejal jamona desnuda. Me escandalizo por la ministra autotitulada socialista vestida. Mejor desnudas a que se forren...