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32 INTERNACIONAL Matanza en la Universidad de Virginia MARTES 17 s 4 s 2007 ABC VIOLENCIA EN LAS AULAS La de ayer es la última de toda una serie de tragedias en centros educativos de EE. UU. 2 de mayo de 1992: Un hombre asesina a un profesor y tres chicos en un colegio de secundaria de California, donde mantuvo como rehenes a un grupo de personas durante más de ocho horas. 1 de octubre 1997: Un joven mata a su novia y a una compañera en un colegio de Mississippi, tras haber acuchillado a su madre. 24 de marzo 1998: En Arkansas, dos niños de 11 y 13 años disparan contra sus compañeros de colegio con fusiles comprados por el abuelo de uno de ellos. Mueren cuatro menores y una profesora. 25 de abril 1998: En Pensilvania, un escolar de 14 años mata a su profesor con una pistola en el baile de octavo curso. 21 de mayo de 1998: Un joven de 15 años dispara con un rifle matando a dos compañeros e hiriendo a otros 22 en una escuela pública de Oregon. Antes había asesinado a sus padres. 20 de abril de 1999: Eric Harris y Dylan Klebold, de 17 y 18 años, entran armados con un fusil, dos escopetas y un revólver a la escuela de Columbine. Después de matar a 13 estudiantes y herir a 23, se suicidan. 1 de marzo de 2000: Un niño de seis años mata de un balazo a una compañera de primaria con una pistola que encontró en casa. 17 de enero de 2002: En Virginia un alumno que había sido expulsado de facultad asesina a tres personas y hiere a varias, entre ellas al decano. 29 de octubre de 2002: Tres personas mueren, dos de ellas profesores, en un tiroteo en la Universidad de Tucson causado por un alumno al que no habían permitido presentarse a un examen, y que después se suicidó. 9 de mayo de 2003: Un hombre vestido con ropa de combate abre fuego en un edificio universitario de Ohio y mata a una persona. 3 de febrero de 2004: Un alumno de 14 años muere degollado por otro adolescente en una escuela de secundaria de Miami. 21 de marzo de 2005: Matanza con diez muertos causada por un estudiante de Minesota que antes asesinó a sus abuelos. 24 de agosto de 2006: Dos muertos, entre ellos un profesor, y tres heridos en un tiroteo en una escuela primaria de Vermont. 27 de septiembre de 2006: Un hombre toma como rehenes a seis niñas en una escuela de Colorado, viola a una de ellas y se suicida. Otra muere en el hospital por uno de los disparos del secuestrador. 29 de septiembre de 2006: Muere el director de un colegio por los disparos de un estudiante de 15 años en la escuela. 2 de octubre de 2006: Un hombre asalta una escuela amish en Pensilvania, mata a tiros a cinco niñas y hiere a otras cinco antes de suicidarse. Los discípulos de Columbine Hace ocho años dos jóvenes asesinaron en el instituto de Columbine, en Colorado, a doce estudiantes y un profesor desencadenando un acalorado debate sobre el uso y acceso a armas en Estados Unidos POR JOSÉ LUIS DE HARO SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Hasta hace tan sólo unas horas, la salvaje matanza producida hace casi ocho años en el instituto de Columbine, en Littleton, Colorado, se erigía como la mayor carnicería humana registrada en un centro escolar de Estados Unidos. Lástima que los fantasmas del pasado no hayan escarmentado a un país que ayer volvía a repetir una trágica pesadilla de la que quizás los más de treinta de cadáveres sirvan para regular de una vez por todas la mala costumbre del uso de armas que reina sobre buena parte del país. Aquella mañana del 20 de abril de 1999, Eric Harris y Dylan Klebold, dos chavales que ya habían dejado entrever sus delirios asesinos en la red, llegaron como cada mañana al centro escolar en sendos vehículos. Como desayuno, previo a su escabroso plan, ambos se habían reunido para activar un pequeño artefacto explosivo que localizaron unos cuantos kilómetros más allá del instituto para distraer a los servicios de emergencia mientras su verdadera trama se hacía realidad. Minutos más tarde, entraban en la cafetería de la escuela y, aprovechando un cambio de turno, la poblaron de explosivos, eso sí, previamente se habían encargado de que nadie grabara ese glorioso momento cambiando la cinta de la cámara de seguridad que dominaba la sala. Así, los dieciocho kilos que pesaban sendas bombas de propano quedaron instaladas en el comedor listas para estallar exactamente a las 11.17 de la mañana. A continuación, ambos jóvenes esperaron tranquilamente con una carabina HiPoint de 9 milímetros y una semiautomática TEC- 9 en mano, para que en el momento que los explosivos estallaran comenzar a disparar indiscriminadamente contra los alumnos que comenzaron a huir despavoridos hacia sus vehículos. Por suerte, el plan falló y los detonadores no se activaron. Disparos a cuatro manos Un plan escabroso Con la ira por bandera, ambos jóvenes emprendieron su marcha de vuelta hacia el instituto. ¿Crees en Dios? le preguntaron los dos chicos a Rachel Scott, una joven sentada en la hierba acompañada por Richard Castaldo en una de las verdes praderas de césped que envolvían una de las entradas al complejo. La respuesta afirmativa de Scott fue el golpe de gracia que la condujo a la muerte cuando Eric Harris la disparó en el pecho y finalmente en la cabeza. A continuación, Castaldano fue el objeto de deseo de las balas de Harris, con disparos mortales en el pecho, espalda, abdomen y brazo. El improvisado baño de sangre había comen- Un grupo de policías corre por el campus en medio del caos provocado por los tiroteos zado y se llegaría a cobrar la vida de doce estudiantes, mientras otros 24 salieron heridos. La culminación de tan rocambolesca sangría culminó con el suicidio de los dos asesinos. El caso Columbine fue el repulsivo que llevó a EE. UU. a intentar adoptar un mayor control sobre el uso de armas. En el año 2000, se introdujeron sendas legislaciones a nivel estatal y federal que abogaban por exigir el uso de candados de seguridad en las armas de fuego y la prohibición de importar revistas especializadas en munición pesada. Pese a AP que las leyes aprobadas penalizaban la compra de armamento por parte de criminales y menores, la falta de vigilancia está a la orden del día y la falsificación de documentos y licencias se ha convertido en una vía de escape para dicha regulación.