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ABC MARTES 17 s 4 s 2007 LA HORA DE LA VERDAD DEL 11- M EL LOCUTORIO DE ZOUGAM ESPAÑA 15 Tribulete y CNI El hermanastro de Zougam dice que un agente del servicio secreto estuvo buscando etarras por el barrio de Lavapiés s Cambia su declaración policial y afirma que el procesado no se ocupaba de vender tarjetas de móviles en el locutorio POR DOLORES MARTÍNEZ MADRID. Tribulete se llama la calle en la que Jamal Zougam tenía el locutorio y también una rue de una famosa historieta de tebeo. Tribulete fue mencionado ayer por Mohamed Chaoui durante su comparecencia como testigo en el juicio del 11- M para montar una particular historieta de espionaje en la que agentes del CNI buscaban desesperadamente a etarras por el corazón de Lavapiés. Chaoui es hermanastro del procesado Zougam, cuyo abogado, José Abascal, no ceja en su empeño por descubrir la mano de ETA en la trama islamista, que alcanzaría, según sus sospechas, hasta el ataque contra el World Trade Center en Nueva York. Ayer no se llegó tan lejos y Chaoui no sacó su relato del escenario de Lavapiés. Ante el tribunal, el marroquí, que fue de unos primeros en ser detenido- -con posterioridad le pusieron en libertad- relató que su amigo Hassan Serroukh tenía un conocido en el Centro Nacional de Inteligencia que le chivó que el servicio de espionaje buscaba en Lavapiés, barrio que acoge una nutrida colonia de marroquíes y chinos, a terroristas de ETA Al abogado le supo a poco la historieta y se interesó por otros aspectos, aunque Chaoui puso pronto el cartel de thats all no sin antes despedirse con un episodio trágico: la muerte del espía. El broche con el que cerró su relato fue la siguiente frase: el agente del CNI murió pocos días después de confesar a Serroukh sus indagaciones sobre movimientos de etarras por Leganés. La sala se quedó sin saber si el agente progresó en sus pesquisas. Ante este callejón sin salida, el abogado Abascal desvió sus preguntas al hermanastro de Zougam hacia un objetivo más propio de una defensa: buscar apoyo a la coartada de su cliente. Así, Chaoui dijo que el 11- M me levanté y él (por Zougam) estaba durmiendo conmigo. Sobre las 10 de mañana se despertó y esperó a que yo saliera de la ducha para arreglarse antes de ir al trabajo Se trata de una versión similar a la expuesta por Jamal Zougam en el juicio. Mohamed Chaoui coincidió con su hermanastro, pero no así con su propia palabra. Si en la declaración policial el testigo afirmó que el ahora procesado era uno de los encargados de adquirir tarjetas de móviles para el locutorio de Tribulete, ayer ante los jueces que forman el tribunal lo negó. Para justificar su cambio de opinión dijo que había sido sometido a malos tratos, una maniobra ya empleada por varios de los procesados, entre ellos Zougam. Germán Yanke EL DESPISTE U n agente de la Guardia Civil, del cuartel de Buitrago, explica ante el tribunal que denunció a un conductor pero ni lo detuvo ni inmovilizó el automóvil a pesar de que llevaba documentación falsa, estaba convencido de que mentía, tenía ropa aparentemente robada, tres cuchillos, una maza y un fajo de billetes. No era buena hora para diligencias, al parecer. Ahora sabemos que el conductor era Jamal Ahmidan El Chino y la Fiscalía cree acreditado que en ese coche se transportaba dinamita de la mina Conchita, dinamita para los atentados del 11- M. A lo largo de la vista hemos visto y escuchado a policías que terminaron sintiéndose controlados por confidentes en vez de controlarlos a ellos, agentes que no siguieron a quien debían o que no se dieron cuenta de a quién seguían, que eran engañados por sus confidentes, que no repararon en esto o aquello, que no hicieron el informe lógico o que no lo hicieron llegar a donde a estas alturas parece más que conveniente. Seguramente es más fácil ver, ahora, tras lo ocurrido, los fallos garrafales en los que en su momento no se reparó. Vistas las consecuencias, todo es más sencillo, pero llaman la atención tantos despistes. Tantos y tan dispares, en el terreno y en sus explicaciones, que la conclusión nada se parece a una conspiración, sino a irregularidades concretas y fallos en los protocolos y su gestión. Se diría, además, que ese problema de no ver un poco más allá de lo que era evidente (como la maza y los billetes de El Chino tiene relación con la ausencia total de perspectiva: no se consideraba el terrorismo islamista como un peligro cierto ante el que había que estar ojo avizor. Aparecen muchos de los suicidas y procesados vinculados a unos y otros delitos, a unas y otras tramas, pero nadie parecía reparar en lo que ocurría detrás. No seáis racistas les dijo El Chino y todo quedó en una denuncia. Pero el problema de El Chino no era su raza ¿qué es eso? sino sus intenciones terroristas.