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ABC MARTES 17 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL CANASTITO N cuanto ETA agita un poco el árbol de la amenaza y el chantaje, aparece Ibarretxe con su carita de no romper un plato y el canastito para recoger las nueces que caen del zarandeado ramaje. Agarrado a su frase favorita- ¿qué hay de malo en ello? el lendakari siempre está presto para llenar su cesta de poder con los frutos de la coacción ajena. Un plan soberanista, unas elecciones, un referéndum... la cuestión es echar siempre algo en el capacho y no volverse de vacío en la excursión por el bosque de la confusión política. El hombre que se parece al doctor Spock representa al Estado en el País Vasco, pero se pasa el día saboteándolo porque en IGNACIO realidad lo que quiere es CAMACHO representar al Estado del País Vasco. Para ello no tiene inconveniente en disfrazarse de batasuno con tal de cargar su cestita. En su afán por arrebatarle a ETA el proyecto, cualquier día es capaz de dar un mitin con capucha. Lo único que le diferencia de los etarras es la pistola, lo cual es mucho, sí, pero tratándose de quien se trata cabría esperar mayor riqueza de matices. Más que nada, para que nadie se confunda. La idea recién anunciada de organizar un referéndum de autodeterminación puede ser una de esas maniobras tan propias de la política vasca, que los socialistas consideran de consumo interno en el complejo mundillo abertzale, siempre trufado de pláticas de familia; un truco del sedicente nacionalismo democrático para disputarle el espacio al radical de Batasuna ante su inminente reaparición electoral, mientras Imaz hace de poli bueno con sus manejos moderados y prudentes. Vale, pero cuidadín, que estas cosas se sabe cómo empiezan, pero no cómo acaban. En Bosnia también empezaron jugando a las consultitas, y cuando hay tipos armados merodeando cerca conviene tentarse la ropa. Ibarretxe da la sensación de olvidar a menudo que su discurso sería ridículo e irrelevante si no se apoyase en la existencia de ETA. De olvidarlo a propósito, quiero decir, porque resulta demasiado evidente. Con todo, cuando el lendakari saca de paseo su agenda soberanista, se echa de menos que alguien le diga desde el Gobierno lo que puede hacer con ella. Y que ese referéndum es una bravata porque no lo puede organizar ni en broma. Y que se si le ocurre ponerse a jugar a las urnas de la señorita Pepis, la Guardia Civil le desmontará el tinglado. Pero eso no sucede. Y, lo que es más inquietante, nadie ve a este Gobierno ni a este presidente con el carácter y la determinación necesarios para, llegado el caso, impedir por las bravas un desafío semejante. O sea, que Ibarretxe juega su juego porque sabe que tiene margen para hacerlo, y va llenando el canasto mientras finge creer que las nueces caen solas. La pena es que nunca se le ocurre jugar a favor de los que en su tierra carecen de la libertad imprescindible para considerarse ciudadanos normales. Tampoco habría nada de malo en que alguna vez se ocupara de ellos en vez de apretarles cada vez más- -a veces, con patadas en los genitales- -las tuercas del desamparo. E LA TURBO- TRITURADORA MEDIÁTICA ENIMOS de un estropicio político- institucional de larguísimos meses cuyo amortiguamiento requeriría esfuerzos considerables de finezza Desafortunadamente, la sutileza no es lo que más abunde en estos días, y mucho menos después de pasar por la turbotrituradora que manejan destacados líderes y prohombres mediáticos. Por su parte, aunque líderes políticos y partidos estén configurando una partitocracia en auge, lo que llamamos sociedad civil no puede eludir su parte de responsabilidad en la vida pública. Tal responsabilidad o irresponsabilidad se manifiesta como opinión pública, y hablamos de la madurez de una sociedad según esa opinión esté más o menos articulada, con sus diversas opciones. Como parámetro de articulación, lo que llevamos desde el atentado del 11- M hasta el juicio en curso no revela posiciones de opinión sedimentadas y reflexivas, sino una suerte de desconcierto acomodaticio, aventado por la turbo- trituradora mediática. Eso implica alguna disfunción porque- -como dice la teoría- -la sociedad civil es la base de la que parten las demandas respecto de las cuales el sistema polítiVALENTÍ co está obligado a dar respuestas. PUIG Consideremos la hipótesis de que en estos momentos algunos indicios apuntasen a una reaproximación muy cautelosa y frágil entre PSOE y PP después de la belicosidad extrema de los últimos meses. Lo cierto es que el estrépito ambiental difícilmente permitiría que oyésemos nada. El análisis de esos indicios sería impracticable. Quizá fuesen indicios ilusorios o simples añagazas, más efecto de fumistería que intentos verosímiles, pero lo más probable es que pasáramos de largo sin percibir nada, o a lo sumo se oiría muy a lo lejos un SOS por onda corta, indescifrable a causa de la impureza atmosférica. Más allá de los efectos de la turbo- trituradora mediática, el caso es que de ser ciertos estos cambios leves necesitan de una sincronización sutil, especialmente después de tanto encrespamiento. Como supuesto, de irseespecificando alguna rectificación delPSOE respectoa loque se llamaba proceso de paz, al PP le correspondería una variación de tono, lo cual no significa renunciar a la sustancia. En el V fondo, esa sincronización paulatina y reductora de fricciones es másque conveniente: es vital para España en esta hora de un Magreb como bloque armado de Al Qaida y de un frente proetarra irreductible en el País Vasco. Regresan los escoltas a sus funciones en las calles vascas. Los servicios de seguridad escrutan las fronteras de Ceuta y Melilla y todos los puntos de sospecha en el territorio nacional. Desde el atrincheramiento se ha convertido en costumbre criticar la equidistancia. Se la equipara con la tibieza o el pasteleo, del mismo modo que Margaret Thatcher consideraba que un wet era alguien quecedía demasiadas convicciones en nombre del pragmatismo. Lo que ocurre es que no pocas veces se confunde a propósito la equidistancia con el moderantismo y, sobre todo, con la distancia higiénica que conviene mantener al ser espectadores críticos de tanto sonido y furia en la escena pública. Paracontribuir a la solidez de una opinión pública es positivo escanear la polución decibélica y distinguir las voces de los ecos. El estruendo dela turbo- trituradora, por el contrario, genera contaminación acústica. A cada uno le corresponde contribuir por decisión individual a una forma u otra de opinión pública. No estaría de más que los líderes más responsables distribuyeran bozales de ocasión entre sus seguidores más ardorosos. Por parte de la izquierda, la tradición jacobina abogó siempre por la imposición tajante de lo mayoritario, considerando innecesarios e incluso negativos los cuerpos sociales intermedios- -fundamentales para la autonomía de la opinión pública- -que tanto defiende el pensamiento conservador. Las costumbres políticas de la sociedad son las que alientan el quehacer de laopinión pública, sus matices y transformaciones. En este proceso evolutivo, el terrorismo- como ocurre con el atentado del 11- M- -inflige contusiones desconcertantes, desvía energías e incluso desequilibra certidumbres morales. Tras el fiasco del diálogo con ETA, al gobierno de Rodríguez Zapatero le incumbe una actuación clara y sin ambigüedades en materia de seguridad nacional. De rectificar a tiempo, lo pasado será pasado para el elector: el coste en votos le puede resultar considerablemente bajo. De reincidir, dispondríamos nuevamente de un exceso de motivos para la zozobra. El equívoco sirve de combustible a la turbo- trituradora. vpuig abc. es