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ABC LUNES 16- -4- -2007 Kate Walsh alcanza el número uno en las listas de iTunes con un disco casero 73 favores que ofreció al cónsul de Suecia para liberar a su marido, su intento frustado junto a un grupo liderado por Marinetti de quemar el Louvre en una noche de juerga... Para Lempicka, el comunismo siempre fue su bestia negra. En el 17 huyó de Rusia por los bolcheviques; en el 39 llega a Estados Unidos procedente de Francia, de donde escapa de los nazis. Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer alta, con una poderosa presencia, fumadora empedernida (liquidaba tres paquetes al día) lo que acentuó aún más su voz grave y ronca; con un gran sentido del humor... Así la retrata Alain Blondel, autor del catálogo razonado de su obra. Nos recibe en su galería, en pleno corazón del Marais parisino. Recuerda que descubrió, con unos amigos, su obra en una revista de 1929: Nos quedamos maravillados con su pintura y tratamos de encontrarla. Casualmente la hallamos en su estudio de París y aceptó vernos, sorprendida porque unos jóven la buscaran. Quería mostrarnos lo que estaba pintando, pero a nosotros nos interesaban las obras de los años 30. Nos costó convencerla para hacer una exposición, pero finalmente aceptó. Fue un gran éxito de prensa, aunque no tanto económico. Se vendió un tercio de las obras La más cara, el equivalente a unos 15.000 euros. Hoy algunas obras han superado los dos millones. Blondel subraya que sus obras eran arquetipos, iconos de su época y por ello fueron reproducidas rápidamente. Ese fenómeno sobrepasa su valor artístico Descartada por el canon modernista, y encasillada en el art déco, Blondel destaca su tributo al Quattrocento italiano (Miguel Ángel, Botticelli, Bellini, Pontormo, Antonello da Messina... que descubrió en los viajes que hizo con su abuela. Chupó el Renacimiento italiano y asimiló sus trucos (encerró a los personajes en el encuadre) adaptándolos al neocubismo añade. Un Léger en mujer pensante, una Ingres perversa... Así ven los críticos a la baronesa del pincel. Nunca entró en los movimientos artísticos de la época, estaba al margen. Quizá por eso no tuvo reconocimiento oficial dice Blondel. Lo comprobamos al ver la ausencia de cuadros de Lempicka en museos de París y eso que ella donó obras al Pompidou y al Louvre. Cuadros como el Retrato de Tadeusz Lempicki propiedad del Pompidou y que ha viajado a Vigo, está cedi- do al Museo de los Años 30. Tampoco vemos fotos suyas en la mítica Coupole, templo modernista de Montparnasse. ¿Es cierto que hizo un retrato de Alfonso XIII? Sí, ella hablaba de ese retrato. Se supone que lo hizo en Italia. He hecho muchas investigaciones, pero no lo he encontrado dice el galerista. Alumna de André Lhote, comenzó a pintar porque lo necesitaba para vivir. Tendía a llenar toda la tela, a aplanar la perspectiva... Sus pinturas, turbadoras e inquietantes, resultan frías, casi metálicas. Retrato de Suzy Solidor (fue modelo y amante de Lempicka) Así lo afirma Emmanuel Bréon, comisario de la exposición de Vigo y director del Museo de los Años 30 (en Boulogne- Billancourt, a las afueras de París) donde nos recibe. Para él, la obra de Lempicka es un autorretrato permanente; ella y su pintura son la misma cosa. Tamara es un enigma, un extraterrestre. Sus pinturas surgen de ningún sitio. No se parecen a ninguna. Son imágenes publicitarias, cinematográficas Recuerdan mucho al cine de Fritz Lang. Su imagen frívola, advierte, le perjudicó a la hora de que la crítica la tomara en serio y la valorara: Las malas lenguas dicen que lo suyo es un cubismo edulcorado ¿Por qué museos como el Pompidou le dan la espalda y no exponen sus obras? Para el director de ese museo, Tamara es figurativa, demasiado clásica y por eso es apartada Bréon subraya que había dos mujeres en ella: la de la noche y los cabarets; y, de día, la mujer casada y respetable. Una auténtica belle de jour Fue una mujer ambigua y contradictoria: su insaciable apetito sexual y su religiosidad le crearon un conflicto a lo largo de toda su vida. Pintó mujeres conquistadoras, con labios rojos y uñas perfectas, pero pocos hombres, siempre tristes, lúgubres, siniestros. Para ella sólo eran animales de compañía comenta el comisario. Dice Bréon que durante diez años Tamara pinta de maravilla Son los años locos de París (20 y 30) Parece que cuando le llega el dinero se le acaba la inspiración Casada ya con el barón Kuffner, vivió una vida de lujo y glamour en el Hollywood dorado (se codeó con Greta Garbo, Tyrone Power, Mary Pickford, Charles Boyer... Sin embargo, su pintura decae: paisajes de inspiración flamenca, bodegones, retratos de monjas, copias de antiguos retratos... Tamara siempre fue un icono de la moda. En el majestuoso hotel Crillon de París, que preside la plaza de la Concordia, donde un día rodó la cabeza de María Antonieta, tenemos cita con Henri Leal, modista de Tamara en sus últimos 20 años. Recuerda que cuando pasaba por París vivía en el hotel Ritz. No era bella, pero sí muy coqueta y elegante. Era temperamental y maniática. Decía: aparte de mí y de Dalí, nada interesante Antes de embarcar en el Paquebote France rumbo a Estados Unidos, recuerda que le encargó 14 vestidos iguales: sólo cambiaba el estampado de la tela. Llevaba sombreros a juego. Solía acudir, comenta Leal, vestida de largo a los cócteles en Europa. Aquello era un escándalo Quiso que sus cenizas fueran esparcidas en el volcán Popocatépetl, en Cuernavaca. Extravagante hasta el final de sus días, políticamente incorrecta siempre, Tamara de Lempicka no pasó de puntillas por el mundo. Pasó pisando muy fuerte. Quiso llamar la atención... y a fe que lo consiguió. Más información sobre la exposición: http: www. fundacioncaixagalicia. org Aparte de mí y Dalí, nada Arquetipos de la época Adán y Eva (a la izquierda) y Autorretrato en Bugatti verde son los dos cuadros más emblemáticos de Tamara de Lempicka. No se expondrán en Vigo, pues sus propietarios no los prestan. El primero era propiedad de Barbra Streisand: se subastó en 1994 en Christie s- Nueva York por dos millones de dólares Iconos de la modernidad, objetos de deseo N. P. PARÍS. Frente al Pompidou hay tiendas que venden pósters, láminas y postales de imágenes que se han convertido ya en iconos de la modernidad. Junto a las marilynes de Warhol, el Ché Guevara y la célebre fotografía de Robert Doisneau (el beso más célebre dado nunca en la Ciudad de la Luz) se venden como rosquillas reproducciones de dos obras de Tamara de Lempicka: Adán y Eva y Autorretrato en Bugatti verde En ambos utiliza como recursos artísticos dos elementos propios de la vida moderna: el coche y los rascacielos, que emplea como fondo en muchos retratos. Su hermana Adrienne era una célebre arquitecto de la época. En el autorretrato (un óleo de pequeñas dimensiones de 1929) se pintó con guantes, casco y un traje gris. Cuenta Laura Claridge en la biografía de Lempicka que este cuadro fue portada de Die Dame en 1929. Desde entonces se ha convertido en un auténtico himno a la liberación de la mujer, símbolo de la modernidad, del poder... Desde el coche, ella nos mira desafiante. Hay quien cree que incluso nos invita a subir a él. En cuanto a Adán y Eva (1931) una de sus principales obras, tiene una fuerte carga sexual. Como modelo para su Adán utilizó a un policía al que propuso posar desnudo. Contrasta la anatomía de la pareja con la geometría de los rascacielos del fondo. Tamara de Lempicka es objeto de deseo para las estrellas de Hollywood: entre sus coleccionistas más célebres figuran Barbra Streisand, Jack Nicholson y Madonna. Ésta ha utilizado algunas de las imágenes de Lempicka en sus videoclips (aparecía en el de su célebre Vogue y en sus conciertos. Kizette, la hija de la artista, interpuso un pleito con la cantante porque no tenía derechos de autor para la reproducción de la obra. Lempicka se ha convertido en una artista de culto. Le han dedicado incluso una obra de teatro, protagonizada por Anjelica Huston. He pintado a reyes y prostitutas. Pinto a los que me inspiran y me hacen vibrar Así lo creía y así lo hizo siempre.