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12 ESPAÑA El desafío constante de ETA- Batasuna LUNES 16 s 4 s 2007 ABC Vindicación del Foro de Ermua Hay muchos que, por pusilanimidad o interés inmediato, se orientan hacia lo políticamente correcto, hacia lo que está bien visto por el poder, hacia lo que rinde personalmente. Quizá no haya otro modo de hacerlo que tapándose los oídos apunto para distanciarme, sino para mostrar mi admiración y para afirmar, ahora sí con una cierta objetividad, que los que ahora sostienen y empujan verdaderamente el Foro de Ermua lo hacen, paradójicamente, con más dificultades y sacrificio que cuando nació. Ya no cuentan con el apoyo, aunque haya sido de distinta intensidad a lo largo de estos años, de los dos grandes partidos. Hay cosas que el Gobierno y el PSOE no quieren oír ahora, por mucho que hayan sido dichas en el pasado por ese mismo partido, y se ha puesto en marcha una poderosa maquinaria para convertir al Foro de Ermua y a muchas otras asociaciones cívicas y constitucionales en enemigos de un quimérico proceso de paz l último episodio de este lamentable acoso es la pretensión socialista y nacionalista para que el Foro de Ermua deje de utilizar el nombre de la localidad que se hizo tristemente famosa por el asesinato de Miguel Ángel Blanco y afortunadamente memorable por simbolizar la rebelión ciudadana contra la violencia y el totalitarismo. Que el alcalde socialista de Ermua, Carlos Totorika, haya alentado ese absurdo (después de haber sido siempre apoyado por el Foro en su gestión política y por muchos de sus miembros en sus aspiraciones en el socialismo vasco) es todo un síntoma del ambiente hoy imperante, de cómo hay muchos que, por pusilanimidad o interés inmediato, se orientan hacia lo políticamente correcto, hacia lo que está bien visto por el poder, hacia lo que rinde personalmente. Quizá no haya otro modo de hacerlo que tapándose los oídos. Albert Camus, que se empeñó en recordar a las víctimas del nazismo tras la Guerra Mundial como fundamento de la justicia que debía imperar, escribió que la soledad que sentía, y que más allá de él mismo presagiaba peligros, no era tanto que muchos no quisieran decir lo que él decía, sino que muchos más no quisieran escucharlo. El Foro de Ermua padece hoy se quiere señalar con esa palabra. La bajeza de ese ambiente al que me refería antes se constata muy bien en el color del cristal gubernamental con el que se contempla la realidad. A unos se les ve, porque parece necesitárselos para un diálogo esperpéntico e indigno, como hombres de paz o partidarios del proceso Son los que desprecian la vida y se oponen a la democracia. A otros, sin embargo, como agitadores y obstáculos para determinados planes. Son los que han defendido siempre la libertad y se han opuesto a las pretensiones de la barbarie nacionalista, los que precisan la protección de la Policía por la amenaza terrorista. ¿Qué planes pueden ser esos? ¿Qué diálogo es el que puede defenderse con esos presupuestos y esas consecuencias? n los últimos días, y sólo pretendo llamar la atención sobre dos ejemplos entre cien, Antonio Aguirre es golpeado en los testículos por pretender que los tribunales apliquen la ley, y Nerea Alzola, por defender sus ideas, aparece en una diana amenazadora. Quien dude a estas alturas dónde están los fanáticos padece una espantosa ceguera moral. Distorsionan la realidad, exageran, crispan oigo decir. Como si parte de la indignidad fuera presentar otra realidad. Vladimir Jankelevich rememoraba, en su cruzada contra el olvido, una mañana de domingo en el Boisde- Boulogne en el París ya ocupado por los nazis. Allí un matrimonio endomingado, un poco más allá unos niños jugando, voces, risas, una pareja de enamorados, paseantes con planes personales, el estreno de unos zapatos. Y él, abatido, sentado en un banco, temeroso de ser detenido por los invasores. ¿Qué París- -se preguntaba- -era el verdadero? El suyo, sin duda, porque si todos los demás supieran el contenido de la persecución que sufría, no pasearían así, ni reirían, ni podrían olvidarse de la realidad. Las propuestas del Foro no son dogmas, pero el mundo en el que vive es más real que el de los displicentes defensores del diálogo Sólo pretendía hoy reivindicar a los perseguidos y sostener su batalla, que sepan que somos muchos los que podemos decirles aquello de Ortega a Unamuno cuando le echaron del rectorado de Salamanca: cuente usted con mi pluma y mi mal genio Germán Yanke OMO me propongo escribir hoy sobre algo con lo que me siento comprometido, quizá convenga aclarar desde el principio que no puedo ser objetivo, aséptico en el fondo y despegado en la forma. Tampoco quiero. Cuando un grupo de profesores e intelectuales vascos, muchos de ellos amigos míos, fundaron el Foro de Ermua y abrieron sus puertas a otros, no quise tomar parte en la iniciativa. Me pareció entonces que el periodismo se ejercía mejor alejado de militancias y de otros compromisos asociativos. De entre los miembros del Foro, dos de ellos (Javier Elorrieta y José Luís López de Lacalle, a quienes yo mismo había presentado) me animaron repetidamente a sumarme al Foro y me resistí una y otra vez. Me resistí, la verdad, hasta que uno de ellos, José Luís López de Lacalle, amigo inolvidable y admirado, fue asesinado por ETA. e sentía- -y me siento- -muy especialmente unido a él y, tras aquellas jornadas dramáticas, creí estar de algún modo obligado a sustituirle, al menos en parte, sin duda con menos capacidad y méritos, en sus múltiples y valientes iniciativas en defensa de la libertad en el País Vasco. Si ETA había querido apartarle, otro debía ocupar su lugar. Pedí al poeta Vidal de Nicolás, que presidía el Foro de Ermua en lo que podemos llamar su segunda etapa, y desde entonces lo he sentido como algo propio. Con Vidal de Nicolás y más tarde con Mikel Buesa he formado parte hasta hoy de su Junta Directiva. Quizá algunos de quienes llevan las riendas del Foro habrían deseado que mi colaboración fuera más activa pero, además de perezoso, debo ser refractario al intenso activismo que despliegan. No lo C E E M esa saludable soledad, y es por ello más admirable. Jamás se me ocurriría sugerir que las propuestas del Foro constituyen un dogma o el resultado de un indubitable proceso científico. Son opiniones. Pero opiniones que se encuadran en el marco de la defensa de la ley y de las libertades. Su discurso no se formula contra ninguna idea legítima y, contra las acciones que considera ilegales, acude a los tribunales. En la batalla que libra, no se opone a otras opiniones que estén en el mismo territorio, sino a ideas y acciones que responden a esquemas antidemocráticos y violentos. mente con sus representantes, sin olvidar, además, que, en la confrontación con el nacionalismo y la violencia, son las víctimas. Menos aún considerarles obstáculos para la paz, sea lo que sea lo que Hay cosas que el Gobierno y el PSOE no quieren oír ahora, por mucho que hayan sido dichas en el pasado por ese mismo partido Quien dude a estas alturas dónde están los fanáticos padece una espantosa ceguera moral S e puede, claro, no coincidir con el Foro de Ermua, pero no tiene justificación no querer escuchar sus puntos de vista o discutir serena-