Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
90 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 15 s 4 s 2007 ABC CLÁSICA Ciclo de lied Bizet, Rossini, Granados, Falla y Montsalvatge. Int. J. DiDonato, mezzosoprano. J. Drake, piano. Teatro de la Zarzuela. Fecha: 9- IV Heterónimos ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE A la mezzosoprano Joyce DiDonato le gustan dos cosas: el riesgo y la música española. Y si van juntas, mejor. Esa es la razón por la que en su primer recital para el Ciclo de Lied ha cantado a Granados, Falla y Montsalvatge. De entrada, una apuesta comprometida. El idioma, el estilo y algunas ilustres referencias interpretativas en la trastienda de la memoria colectiva jugaban en su contra. Luego las cosas fueron menos fieras de lo que se suponían. Antes de enfrentarse a este repertorio tanteó algunas canciones de Bizet y la cantata Giovanna d Arco de Rossini, y ni el francés ni el italiano fueron exquisitos. No tenía porque serlo tampoco el español, que además se dijo con meritoria corrección. Sobre el estilo podrían emitirse juicios más subjetivos, si bien ninguno de los presentes podrá negarle a DiDonato una adecuación sobresaliente, muy acorde con el buen hacer de un acompañante como Drake, seguro, dominador y bien informado. Aún así, DiDonato tuvo ocasión de demostrar que sabía por dónde se andaba. Incluso que admira el sentido elegíaco de Granados y de sus majas dolorosas, o el más enamoradizo del Montsalvatge antillano, hasta el punto de exigirse una cierta introspección que acabó por tropezar con la falta, muy posiblemente circunstancial, de una voz verdaderamente redonda. Sonó delicadamente una obra como la Nana de Falla y resuelto el Polo La cantante quiso interiorizar la Asturiana pero los finales apianados se rompieron una y otra vez contra la incomodidad de las vocales abiertas. Fue más brillante la Jota y directo El paño moruno Y con todo, Joyce DiDonato triunfó. Al público le gustan estas demostraciones de sinceridad y cariño, tras las que se adivina un esfuerzo añadido y cortés que sobrepasa al del repertorio habitual. Sobretodo si la protagonista tira de chuleta para presentar la propina en español. Que no fue una, que fueron tres, incluyendo a Rossini con el inevitable guiño a la agilidad y a la ópera Una voce poco fa y otra una más de las Canciones negras CANCIÓN CocoRosie Concierto de CocoRosie. Lugar: Joy Eslava (Madrid) Fecha: 13- 4- 2007 Las hadas aprenden rap JESÚS LILLO Creadoras y habitantes de un submundo único y mágico, las hermanas Cassady ya habían mostrado en vivo lo que quizá represente el mayor atractivo escénico de su obra, el así se hizo de unas atípicas formas musicales en las que intervienen depurados cantos de princesa de cuento, arpas, juguetes a pilas, cascabeles, salidas de tono infantil, timbres de bicicleta, inocencia y obscenidad. Asomarse una función de CocoRosie era, así, un ejercicio documental de un sólo uso con el que saciar la curiosidad del consumidor de rarezas. Bianca y Sierra Cassady vuelven a esturrear sus cachivaches sobre las tablas, que dejan como un cuarto de los juguetes sin recoger, pero, conscientes de las limitaciones de un espectáculo que ya no cuenta con el reclamo de lo desconocido, incorporan nuevos ele- Las hermanas Cassady, en una imagen promocional mentos con los que distraer al público. No vienen solas: les acompañan un teclista que pasa del piano de cola al sintetizador, un discreto bajista y- -pieza básica- -un beatboxer francés que aporta con las contracciones de sus aparatos respiratorio y digestivo los ritmos necesarios para que CocoRosie se transforme en una grotesca y entrañable pareja de hip- hop. Como niños traviesos que a calzón quitado se ponen a jugar a los médicos, Sierra y Bianca hacen del rap, estilo que ya habían ensayado, la lengua oficial de una nueva etapa de inmadurez. Es la simplicidad del hiphop, su primaria y accesible sin- ABC taxis, la que permite a la extraña pareja crecer lo justo, un poquito, y jugar a ser mayores. El enfoque naíf que aún define la obra de las hermanas Cassady se advierte en su incontinencia verbal para fabular brutales cuentos de hadas sobre miniaturas musicales y, también, en la lectura de panfletos políticos tan elementales y demoledores como el de un himno estadounidense cantado a pulmón sobre una maquinita que no deja de repetir la palabra danger. Sin renunciar a las narrativas infantiles- -con menos magia, pero mucha fantasia- CocoRosie le da profundidad a su cuento de nunca acabar.