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42 INTERNACIONAL DOMINGO 15 s 4 s 2007 ABC El referéndum abrirá dos años EL FABRICANTE DE CONFLICTOS de lucha política en Ecuador El triunfo del sí hoy no garantizará el apoyo que pretende Correa MANUEL M. CASCANTE ENVIADO ESPECIAL QUITO. Aunque la Organización de Estados Americanos (OEA) no advierte indicio alguno de irregularidades en la organización del referéndum que hoy se celebra en Ecuador, la ausencia de recuentos rápidos (los resultados oficiales no se conocerán hasta el miércoles) ha levantado suspicacias entre los defensores del no Pero las encuestas dan por segura la aprobación de la convocatoria de una Asamblea Constituyente plenipotenciaria que redactará una nueva Carta Magna y definirá un nuevo modelo de Estado en el país. Sin embargo, los últimos sondeos anticipan una victoria de la propuesta de Rafael Correa por debajo de las expectativas del presidente. En torno a un 60 por ciento de los votos le serán favorables, mientras que los restantes noes blancos y nulos) sumarían en su contra. Enrique Correa, jefe de la misión de observación de la OEA, resalta que la campaña política se ha desarrollado en un marco de confrontación, haciendo que los planteamientos sobre el alcance de la consulta popular queden relegados a un segundo plano por lo que el referéndum debiera tomarse como un punto de partida para la creación de un nuevo clima político que favorezca la solución de los problemas del Ecuador. No lo entiende así Raúl Baca, ex ministro de Bienestar Social y antiguo presidente del Congreso, quien asegura que gane el sí o gane el no se abre un periodo de lucha política en el país Baca sostiene que el presidente Correa ha vulnerado reiteradamente las leyes para sacar adelante una Constitución de vencedores y vencidos Para el veterano político, el problema no está en las normas, sino en los hombres que deben cumplirlas. José Valencia, director de la ONG Participación Ciudadana, definía al mandatario como maestro de la política coyuntural, pero difícilmente de la política a largo plazo Ninguno de los dos discute las similitudes con el presidente Hugo Chávez, pero Valencia recuerda que el modelo en Latinoamérica no es el venezolano, sino Alberto Fujimori Si, como se espera, los ecuatorianos aprueban el proyecto El presidente Rafael Correa se ha enfrascado en una pelea a muerte con el Parlamento para forzar una nueva Constitución en vez de obedecerla se vinculan los tres capitales que determinan el éxito o el fracaso de las sociedades: el capital tangible, el humano y el cívico. Eso se lo enseñaron en la primera semana de clase. El capital tangible está hecho con todos los factores materiales- -instalaciones, tierras, maquinarias- -y las inversiones locales o extranjeras que intervienen en la creación de bienes y servicios producidos por las empresas. Esas empresas, para que las sociedades prosperen, requieren un clima sosegado y cierta hospitalaria arquitectura legal para generar beneficios, crear empleos, pagar impuestos y crecer incesantemente reinvirtiendo parte de las ganancias. Luego, seguramente, Correa se familiarizó con la noción de capital humano. Para que el capital tangible rinda sus frutos necesita una población bien educada. Contar con una buena fuerza de trabajo con un nivel adecuado de instrucción, para que pueda desempeñar bien su tarea. Una masa de trabajadores educados es capaz de asimilar las transferencias tecnológicas, innovar y crear con originalidad. Las sociedades más ricas del planeta casi siempre suelen ser las que poseen el mayor capital humano. La excepción a esa regla es el mundo comunista: un gran capital humano que se dilapida por la falta de libertad y de propiedad privada. El tercer capital es el cívico: los valores que prevalecen, la ética de trabajo, la calidad de las instituciones, si existe o no una ciudadanía inclinada a cumplir la ley, la legitimidad de los poderes públicos, la forma en que se transmite y se controla la autoridad y la existencia de un clima de cordialidad cívica entre adversarios políticos. Nada de lo que el presidente Correa está haciendo conduce en esa dirección. Ha tomado el camino de la crispación, ha olvidado que el papel de los políticos no es juzgar a la prensa, sino al revés, estimulando el penoso espectáculo de turbas que se adueñan de las calles. Es triste que los ecuatorianos pierdan otra nueva oportunidad de actuar con sensatez y prudencia. Correa va a dejar como herencia un país mucho peor que el que le entregaron. Parecía difícil ese contramilagro. Carlos Alberto Montaner Rafael Correa y sus partidarios durante la campaña constituyente, el país entrará en un periodo de al menos dos años en los que deberá elegirse una Asamblea, aprobar en referéndum el texto que ésta redacte, votar un nuevo Congreso y, probablemente, designar los Gobiernos de las autonomías EPA que Correa tiene previsto poner en marcha. Incluso podría convocarse una nueva elección presidencial que afiance los poderes del mandatario, como hiciera Hugo Chávez en julio de 2000 tras la publicación de una nueva Constitución. Vencedores y vencidos l presidente Rafael Correa quiere arreglar a Ecuador. Estupendo. Para esa tarea lo eligieron sus compatriotas. En su país hay muchas cosas que funcionan torpemente. El sector público, en general, es terriblemente ineficiente. La Justicia es un caos. El Parlamento es un desastre. Los índices de corrupción son altísimos. La educación y la salud públicas son escasas y de muy baja calidad. En esa circunstancia nadie puede sorprenderse de que la mayoría de la población quisiera un cambio enérgico. Para ese fin, repito, eligieron a Correa. El problema es que Correa se equivoca. Se ha enfrascado en una pelea a muerte con el Parlamento para forzar la redacción de una nueva Constitución- -esa manía latinoamericana de cambiar las reglas en lugar de obedecerlas- y en la pelea ha arrastrado al poder judicial, enfrentando jueces contra jueces y jueces contra legisladores, debilitando hasta la agonía a la ya muy frágil estructura republicana que quedaba en pie. Es verdad que en esa actitud lo respalda (todavía) una mayoría del pueblo ecuatoriano, pero lo hace porque cree que Correa va a solucionar los problemas del país. Cuando descubra que los agravará la frustración se transformará en desencanto. Como Correa es economista, seguramente no ignora que el desarrollo sostenido, la prosperidad y el grado de estabilidad de las naciones dependen del volumen y la forma en que E Es triste que los ecuatorianos pierdan otra oportunidad de actuar con sensatez. Correa va a dejar un país mucho peor que el que le entregaron