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ABC DOMINGO 15 s 4 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA RULETA RUSA ENTADO sobre un polvorín, a Zapatero se le está haciendo muy larga la legislatura, cuyas claves dependen de fuerzas que no controla. El presidente que llegó al poder catapultado por el mayor atentado de nuestra historia se empeñó en hacer de la su eje programático a base de políticas de apaciguamiento del terrorismo en sus diversas vertientes, pero las bestias que debían haber quedado hipnotizadas por la música de su flauta de Hamelin empiezan a rugir porque ya no les gusta la melodía. ETA, a quien el Gobierno olvidó reclamar el prometido desarme- ¿qué pasó con la célebre verificación aquella palabra mágica del comienzo de la treIGNACIO gua? amenaza con volCAMACHO ver a matar si no se cumplen sus progresivas exigencias, y los fanáticos de Al Qaeda y sus diversas franquicias no se conforman con la milonga de la Alianza de Civilizaciones y ponen el punto de mira en el mito de Al Andalus, que en el imaginario musulmán es España entera. Así las cosas, el Gobierno contiene el aliento a sabiendas de que una bomba puede volar por los aires el precario statu quo de una paz mendigada a los asesinos. La lección más trágica del 11- M fue la de que en España se puede cambiar un Gobierno con una bomba. Si Zapatero se hubiese aplicado a reconstruir el quebrado edificio de la paz civil y la concordia política, tendría ahora un cuerpo social unido frente a la eventualidad de un ataque, pero en vez de eso rompió los consensos preexistentes y se dedicó a guiñarse con unos terroristas que de pronto han dejado de parpadear y le miran a los ojos con intenciones siniestras. Si es ETA la que ataca mucha gente le va a pedir responsabilidades a quien ha dado cuartel a sus pretensiones, ha ofrecido cancha política a sus esbirros y ha hecho la vista gorda ante los evidentes indicios de rearme. Si son los islamistas quienes retoman su macabra ofensiva liberticida, quedará en evidencia la falacia de que la guerra de Irak atrajo sobre nosotros la santa ira de Alá, y se desmoronará el argumento torticero con que el PSOE manipuló a la opinión pública en los tres días de plomo que antecedieron a su victoria. Nada de eso tendría que ocurrir en un país normalizado, pero acaso sea inevitable al cabo de tres años de cizaña en los que el Gobierno ha liderado una intensa ofensiva de ruptura interna y anclado sus resortes de poder en la falacia kantiana de que iba a construir la paz perpetua. Ahora el presidente sabe mejor que nadie que su futuro depende en gran medida de que no vuelva a correr la sangre; su mayor torpeza ha sido desoír a quienes le aconsejaban que no se metiese solo en la guarida de las fieras. Pero este hombre esconde bajo su sonrisa una máscara de adánica soberbia, y ha creído de veras que le iluminaba el rayo salvífico de la Historia. Lo peor es que de los discursos de la nomenclatura política se desprende en los últimos días un halo de inevitabilidad sobre el retorno del terror. Y es terrible esta suerte de pavorosa resignación ante la evidencia de que alguien va a morir mientras gira el tambor de la ruleta rusa. S EL RECUADRO EL CARNÉ DE MARICHU ABÍA que Marichu era vasca. Más concretamente vasco- andaluza, como la cocina del Achuri de Cádiz o como los barcos de la casa Ybarra que en su chimenea llevaban como escudo la V de Vasconia entrelazada con la A de Andalucía, que campeaba por los siete mares en los transatlánticos con nombres de cabos, el Cabo San Roque o el Cabo San Vicente Marichu se casó con un caballero sevillano y, sin renunciar a sus raíces vascas, adoptó como propia esta tierra meridional. Y si bien sabía que Marichu era vasca, por el amor con el que siempre me habla de todos los asuntos de aquella española tierra, desconocía en qué ciudad había nacido. Ahora he sabido que es de San Sebastián. Como demuestra su hermoso acento easonense, que no ha perdido. Es de la españolísima San Sebastián. De la ciudad cuya belleza he evocado en artículos de Alfonso Ussía, en prosas de Agustín de Foxá, en los familiares recuerdos españoles de tantos veraneos de yolas, traineras y Semana Grande. Marichu es de la ciudad que he podido gozar en el encanto de su barandilla de la playa de La Concha, que tengo puesta en mi antología de mares urbanos españoles con los mismos honores ANTONIO que mi Caleta gaditana. BURGOS Pero a Marichu, ay, no la dejan que sea oficialmente de la ciudad donde nació. De esa San Sebastián españolísima que tantos recordamos y amamos en su hermosura. Marichu me ha contado atribulada su historia, y la acompaño en el sentimiento. En el sentimiento español por la hispana San Sebastián. Por la latina Easo. Marichu fue el otro día a hacer un mandado en Madrid. Y gracias a nuestra generosa y tradicional hospitalidad con los inmigrantes de las bandas de delincuentes internacionales, le robaron el bolso. Ya se imaginan la complicación: el miedo por las llaves de la casa perdidas, la inquietud por los cargos a las tarjetas de crédito, los documentos personales que hay que volver a sacar. Lo de menos en estos casos es el dinero. Y en su calvario de anulación de tarjetas y de petición de documentos robados, fue S Marichu a la comisaría de Policía de su barrio para sacarse la copia del carné de identidad que se habían llevado con el bolso. Ese DNI como una tarjeta de crédito que ahora expiden, donde, por cierto, parece que les da vergüenza poner la bandera y el escudo de España, como antes tenía. Rellenó Marichu el impreso, y cuál no sería su sorpresa cuando el funcionario le dijo que estaba mal: ¿Cómo mal? -Sí, señora: que ha puesto usted Nació en San Sebastián y eso ya no se puede poner. Hay que poner Donosti -Pero si yo no he nacido en Donosti, ¡si yo nací en San Sebastián de toda la vida! -Pues ésas son las órdenes, señora: los nombres de las ciudades hay que ponerlos en las distintas lenguas, tiene que ser Lleida, A Coruña, Girona y Donosti. -Ah, no- -dijo resuelta Marichu- eso no puede ser. ¿Cómo no voy a llevar el nombre de mi San Sebastián en el carné? ¡Pero si yo estoy sacando el carné aquí en Sevilla, y aquí en Sevilla, San Sebastián es San Sebastián y no Donosti! No hubo forma. Marichu piensa incluso interponer recurso. Yo lo plantearía no ante el Ministerio del Interior, sino ante la Real Academia Española, como en tiempo y forma es este artículo, que envío respetuosamente a don Víctor García de la Concha, denunciando el maltrato a los topónimos y gentilicios castellanos en nuestra nación, fuera de los territorios de las otras lenguas peninsulares. Porque Marichu no es de Donosti: es de San Sebastián, oé. Y no es donostiarra, es easonense, oé. Estamos en una España tan avergonzada de serlo, que yo hasta ahora conocía a señoras que se quitaban años en el carné de identidad, pero Marichu es la primera amiga que conozco a la que, contra su voluntad, le han quitado su propia patria en el DNI. Porque Donosti será todo lo vascuence que quieran, pero es lo que me dice Marichu: -Chico, es que aquí en Sevilla, lo de Donosti suena a nombre de comando desarticulado de la ETA, no a la ciudad donde yo nací, que es el San Sebastián de toda la vida... Preciosa ciudad, Marichu, preciosa ciudad, que tantos españoles consideramos tan nuestra...