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ABC SÁBADO 14 s 4 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 75 Este fin de semana, con ABC, la ópera Fidelio Hoy sábado y mañana domingo podrá conseguir la sexta entrega de la colección Grandes Óperas, de Deutsche Grammophon, por tan sólo 9,95 euros. Leonard Bernstein dirige esta obra del compositor alemán POR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Fidelio es una ópera incómoda. El gran Beethoven sufrió mucho con ella. También con otras obras, pero a diferencia de las demás a esta le dedicó doce años de trabajo. La razón es sencilla. Beethoven era hombre de ideales y lemas. Prefería poner en música la consecuencia moral de los actos a su representación. El interés de Fidelio sólo existe porque su tema es la conciencia simbolizada a través del triunfo del amor conyugal sobre la tiranía. Pero el problema fue la puesta en práctica. Ninguno de los esquemas operísticos de entonces era satisfactorio. Beethoven se vio obligado a mezclar varios de ellos. Entre los principales el singspiel alemán, es decir la ópera con partes habladas, y la ópera francesa llamada de rescate, redención o salvamento, que lo mismo da, pues todas hacen referencia a un argumento que gira en torno a la liberación de uno de los personajes principales o al sacrificio de cualquiera de ellos en nombre de la fidelidad. Como en todo cóctel, la mezcla era un riesgo. Beethoven tuvo que pulir la obra una y otra vez. El resultado final llegó a ser conveniente aunque no redondo. Aquellos especialmente propensos a la crítica lo expresan sin remordimientos: Fidelio es discutible desde el punto de vista musical y teatral, pues su armadura no se atiene a una narración convenientemente estructurada. Y lo dicen olvidando algunas cuestiones que el oído ratifica. Por ejemplo, la enorme pericia que se aprecia en su elaboración, especialmente en los momentos más avanzados de la obra. A un primer acto de aire dieciochesco, lleno de melodías bellas y conjuntos de gran solvencia, se sucede un desarrollo que crece en intensidad y que, en última instancia, responde a los cánones de la mejor dramaturgia romántica. Los diálogos pueden ser banales, pero la música y su aplicación es magnífica. Lo es incluso allí donde se tensa la cuerda hasta el límite de su resistencia. En más de una ocasión se ha dicho que Beethoven no es un compositor especialmente bondadoso con las voces. Pero esto también hay que matizarlo. El compositor maduro, aquel que escribió la Missa solemnis o la Novena sinfonía es alguien empeñado en forzar la voz hasta extremos insospechados. No el joven moviéndose entre coros y cantatas, pequeños conjuntos vocales, arias de concierto, lieder y melodías, arreglos de canciones populares y hasta cánones y otros bocetos. Todas ellas son obras magistralmente escritas. Fidelio también lo es. Especialmente en el caso de Leonora cuya entrada en escena marca un punto culminante. Es entonces cuando todo se transmuta. Lo banal se hace extraordinario. Ella es la reencarnación del valor: la intrépida noble que lucha por liberar a su amado. El compositor encontró ahí a un personaje grande, de enorme fortaleza, con alma y corazón, pero también temerosa y humana. Se puede percibir escuchando a Gundula Janowitz en la versión que esta semana entrega la colección Grandes Óperas de ABC. Su intervención es una de los puntales de la grabación. El otro es la orquesta, el gran instrumento de Beethoven, llevada por Leonard Bernstein con contrastada violencia, con intensidad y pasión. Efectivamente, se ha dicho que Fidelio es posible con una gran Leonora y un soporte sinfónico digno. Como aquí. Piénsese que las trompas parecen arriesgar la vida ante la gran aria de la protagonista. Conviene también incluir a Florestán, un tenor heroico, de cálido fraseo, que realiza un esfuerzo fatigoso y desagradecido. René Kollo lo desarrolla con suficiencia. Y junto a ellos la calidez de Lucia Popp como Marzelline o la nobleza lírica de Dietrich Fischer- Dieskau aplicada al papel de Don Fernando. Oyéndoles se comprobará que Fidelio es una ópera incómoda, sí. Pero sólo porque es una creación comprometida. Reencarnación del valor Forzar la voz Beethoven tardó doce años en componer Fidelio una ópera incómoda porque es comprometida