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S 6 14 4 07 ROSA BELMONTE EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE El polo que Mickey royó Con fondo de Damien Hirst, los zapatos de una empleada de Christies, una chica digna de pasarse por Abercrombie Fitch o pensaba ir a ningún sitio pero al final mi madre me lió. Que si te apuntas a Londres, que me ha fallado Sisita. Vamos al Metropolitan con una oferta de Pascua, Habitaciones separadas. Vale, acepto. ¿Pero no tendré que buscar huevos de Pascua por el parque? No, hija, que no vamos a rodar Magnolias de acero Viajar con mamá no es lo peor del mundo. Se encarga de organizártelo todo, como si fuera tu asistente personal. Además, prefiero que me saque los colores en el extranjero, donde nadie me conoce. Vale que las madres, entre otras cosas menos representativas de la maternidad, están para dejar en ridículo a los hijos, pero es que la mía es demasiado perfeccionista. Gracias a que hay sitios oscuros y ruidosos donde nadie se fija en ella. La tienda de Abercrombie Fitch, por ejemplo, la primera que la marca americana abre en Europa. Y ha elegido Saville Row nada menos. La puerta principal da a Burlington Gardens pero el enorme edificio del siglo XVIII ocupa buena parte de Saville Row. Ya en la puerta, dos mozos rubísimos nos saludan. La primera en la frente, mi madre les pregunta que de dónde son. ¿Para qué? Y yo qué sé. A veces creo que trabaja en secreto para los mormones y hace un censo universal en el sector servicios. Dentro se hace la oscuridad y la música ratonera. Y mi madre, encantada. Con todos los REUTERS N muchachotes del interior podía entretenerse mientras yo echaba un vistazo. Ropa de chica, de mujer, de jovencita, Me cercioro de que no es la de niña y me veo afectada por el síndrome de Blancanieves. O sea, una llega a un lugar donde todo es pequeño. En lugar de las camas, las prendas de vestir. Las camisetas, las sudaderas, los shorts (el concepto de minishort ha entrado en una nueva dimensión, tirando a minibraga) A ver la talla grande. Pero si es para la Nancy. No, para la Barriguitas. Demonios, yo estoy delgada, no me van a hacer luz de gas. No tengo las hechuras de Keira Knightley ni las de la hija de Donatella Versace pero voy de la 38 a la 40 (y puedo demostrarlo, no como la Bruja Lola) Así que me voy a la sección de caballeros, que es la mejor amiga de una chica. Veo a mi madre mirando fijamente a dos guapérrimos vestidos con bermudas de cuadros y polos llenos de manchas de fábrica. Están a ambos lados de una mesa expositora. Son como alabarderos pero sin peluca y en casual luxury Unos cromos. Parecen John John Kennedy (que en paz descanse) un fin de semana en Vale que las madres, entre otras cosas menos representativas de la maternidad, están para dejar en ridículo a los hijos, pero la mía es demasiado perfeccionista. Hyannnisport. Mira, mira lo que hacen me dice mi madre. Cuando alguien toca un pantalón o un polo lo vuelven a colocar exactamente de la misma forma. Corre, Jenny, despliega una camiseta y vuélvela a doblar, ya verás como no se quedan contentos me insiste mi madre, a quien sólo falta un cuenco de palomitas. Efectivamente, no es que arreglen lo que la gente deja sin doblar, es que redoblan primorosamente lo que una con toda su buena intención deja como estaba. Les falta la regla con la que Anthony Hopkins mide las distancias en Lo que queda del día cuando pone la mesa. Hasta ahora mis hombres ideales eran los jugadores de curling que pasan la mopa del hielo pero ahora me quedo con éstos. Debe de ser también parte del casual luxury de la casa. Me gusta sobre todo cuando escriben que alguna prenda, un vaquero, es de una camada única. Y ves las magníficas piezas hechas una birria. Unos vaqueros. Un polo. Agujereados, roídos. Quizá son únicos porque los royó el mismísimo ratón Mickey (huy, es la primera vez que escribo el pretérito perfecto de roer; creo que voy a abrirme una botella de algo, aunque sea una de Fairy) Me grita mi madre (gracias al cielo, los alabarderos no hablan español) que ella tiene de trapos del polvo polos de mi padre en mejor estado que los que venden allí. Sí, pero no son A F.