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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE Con paladar El Club del Vino y la Cocina TEXTO: CARMEN FUENTES FOTOS: ABC Un signo de civilización es elevar a cultura y placer actividades comunes. Ya no basta con comer bien, sino que cada vez interesa más saber cocinar y descubrir los mejores vinos para esos platos. Un club muy especial Viña Real del Alambique se encarga de ello veces, la gente que quiere iniciarse en el mundo del vino, cuando se matricula en un curso de cata se queda con las ganas de comer algo con que empapar esos caldos que ha estado probando. Lo mismo sucede con los cursos de cocina, la mayoría de ellos no incluyen cata de vinos con los que acompañar los manjares que se acaban de hacer. Para solventar esta falta de coordinación, la escuela de cocina Alambique y las bodegas CVNE han unido fuerzas. Una ha puesto sus conocimientos culinarios (Alambique) y el otro, los vinícolas (CVNE) y entre los dos han creado un club de vino y gastronomía único denominado Viña Real Alambique (www. vinarealdelalambique. com) para todos aquellos amantes del vino (expertos o novatos) de los viajes del turismo enológico, y, en general de todo aquello que conlleva el disfrutar con la buena mesa bien regada, que es lo que interesa. Ser socio de este exclusivo club (313 euros al año) da derecho a recibir 30 botellas de vino Viña Real del Alambique reserva del 99 elaborado para la ocasión, que ha estado 24 meses en barrica de roble. Además, ser socio incluye la posibilidad de que le organicen el viaje que se quiera, generalmente a la zona de Rioja; la asistencia a dos cursos de cocina y maridaje en 12 meses, o a las catas de vino de diferentes regiones y a las comidas que el club organiza (con un salón privado en sus bodegas para que el socio invite a sus amigos) También incluye el asesoramiento sobre los vinos que se han de tomar en las cenas en casa. El club funciona como un servicio de asesoría gastronómica- vinícola- -asegura Víctor Urrutia, A consejero delegado de CVNE -para resolver todas las dudas que la gente tiene y, a través del departamento de relaciones públicas de la bodega, dar servicios de viajes, que, a veces, no se hacen por falta de tiempo o de información. Y como en las escuelas de cocina no se imparten clases magistrales donde se enseñe algo de vino, la idea de este selecto club, es solventar estas deficiencias y aficionar aún más a los interesados en el vino y la gastronomía Un regalo especial de bodas, de cumpleaños o de Navidad. Aprender a cocinar debería ir unido a aprender sobre vinos LUGAR DE LA VIDA San Millán ún habiendo ido también en verano, siempre recuerdo San Millán con frío. Dejábamos abajo el monasterio de Yuso y subíamos a otro más pequeño, que era el monasterio de Suso, donde había un guía que iba vestido de negro y tenía el pelo muy blanco y no era muy alto, pero resultaba enorme por el eco de su voz en la piedra, y por su manera grandilocuente de contarnos, como si allí hubiera sucedido el mayor de los milagros, el nacimiento de las primeras palabras escritas en castellano. Entonces tendría yo diez años, iba con mis padres y hermanos y tíos y primos, pero sólo se oían nuestros pasos y la voz firme y reverberante del guía, que era muy conocido pero cuyo nombre no recuerdo aunque sí todas las facciones de A Mónica FernándezAceytuno su rostro mientras hablaba. A él quedó unido para mí el nombre de Gonzalo de Berceo. Y la vista desde Suso, con el San Lorenzo nevado. Todo estaba envuelto en ese frío de la Rioja en invierno, cuando las vides parecen oscuros y retorcidos fantasmas entre la niebla, y se ve blanquecina su tierra roja, llena de angulosos terrones congelados que no deshace la azada, y en lo alto de los álamos, como nidos esféricos de carriza, las bolas del muérdago que parasita sus ramas. Para ir a San Millán desde Tricio, cruzábamos el puente de Arenzana, bajo el que el Najerilla pasa redondeando los cantos con esa agua que, cuando brillaba sobre la piel en verano, atraía a los tábanos. Pero siempre era invierno en Yuso, nos salía el vaho por la boca mientras nos enseñaban unos libros muy grandes cuyas hojas estaban hechas con la piel del feto de una vaca y contábamos con la imaginación cuántas vacas habían muerto preñadas para que pudieran escribir los monjes. Aunque ya nada me interesaba porque bajaba de Suso con las palabras del guía y de Gonzalo de Berceo en la cabeza... Quiero fer una prosa en román paladino, en cual suele el pueblo fablar con so vezino; ca non so tan letrado por fer otro latino. Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino A los que van a investigar allí en el nuevo Centro nuestra lengua, les recomiendo que busquen a este guía, y si ya no vive, tengan para él un recuerdo, porque hacía renacer en los oídos de los que aún éramos niños, el castellano.