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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO Scotch Blas Matamoros Serrano aconseja no irse a la cama sin haber tenido una buena conversación de al menos tres cuartos de hora porque muchas prácticas para tranquilizar, como la meditación o la relajación, se basan en la respiración. Los hombres, frente a las mujeres, deberíamos cuidarla más, al pecar de monótonos, salvo en el momento del cortejo fuerte. ¿Se ha perdido el gusto sexual por el lenguaje -Sí. He planteado la hipótesis de que este gusto sexual permite ver cómo el lenguaje es una forma de selección por toda la especie, porque, al empezar el habla, hombres y mujeres se preferirían entre los habladores, como también pasaría con los que supieran contar historias, que tanto nos gustan, o aquellos que tuvieran un cierto sentido del humor, que luego hemos heredado. ¿El principal enemigo de la conversación? -La prisa. Y también el hecho de que cada vez haya más casos de síndrome de atención. Una buena conversación es también una manera de concentrarse y de activar unas partes del cerebro que son las que coordinan la planificación, la creatividad, la toma de decisiones, y que están muy conectadas con el sistema emotivo. ¿Su palabra preferida y la que más detesta? -Las preferidas son afecto, amistad, amor. El lenguaje emerge como la guinda de la competencia comunicativa para conseguir los afectos. Y la que más hay que combatir es incertidumbre ¿Qué cualidades adornan a los grandes conversadores? -La empatía, una buena inteligencia emocional y una no menos buena inteligencia social, cierto gusto por la novedad, creatividad, necesidad de afecto e inclinación por las relaciones. ¿El mejor conversador que ha conocido? -Algunos profesores, amigos, mis hijas, mi madre... Como crecí en esa sociedad oral campesina recuerdo con cariño cuando era muy pequeño y salíamos en verano a la calle a que nos llegara el fresco y participaba de las conversaciones inter generacionales. Me encantaba escuchar a los mayores contar historias, a mi abuelo hablar de las cosas del campo... Y me hubiera gustado conversar con filósofos del lenguaje como Wittgenstein o Russell a cuyo alrededor se pasaba muy bien, intelectualmente. ¿El cuerpo es el gran traidor de las palabras? -El cuerpo nos delata porque es un lenguaje más antiguo. Y como con el lenguaje es tan fácil mentir, diría que fueron probablemente aquellas primeras homínidas las que desarrollaron algún programa de prevención ante la mentira, un polígrafo natural consistente en leer las caras, porque para una mujer que vivía hace un millón de años en la sabana saber si el joven que le tiraba los trastos era sincero era determinante porque se jugaba la vida. Las mentiras no se detectan en el lenguaje sino en las emociones que lleva correlacionadas como la culpabilidad, el miedo o la vergüenza. ¿Siempre será así: una imagen valdrá más que mil palabras? -En cuanto a cantidad, en una secuencia de imágenes puede haber la misma información que en todo un libro. Pero siempre será el lenguaje el espejo en que se mira la inteligencia. i amiga Merche tiene dos hijos: el varón es fiscal en Zamora- -turismo cultural incluido, del cual a veces participo- -y la mujer está casada con un químico escocés y vive en Edimburgo. Largamente, Merche se ha resistido a visitarla, por dos razones principales: lengua y gastronomía. Intenté persuadirla de que allí también se puede guisar a la española y que el inglés se deja aprender. Finalmente, la he convencido. He aquí el precio. Una tarde llego a su casa y encuentro, enfilados como una tropa, una serie de botes de callos a la madrileña, fabes con almejas y chorizos a la sidra. -Menos mal que el Reino Unido está en la Unión Europea y pasa de aduanas, si no, esto te saldría una fortuna- -le digo. -Preparo mi viaje y estoy por el patriotismo gastronómico- -explica. Luego, la lengua de Shakespeare. Nuestra costumbre de beber whisky al atardecer se ha poblado de lecciones. Conversación elemental, escucha de discos grabados por locutores y actores de primera línea, lecturas en voz alta de cuentos y poemas. Está bien que vivimos en una ciudad cada vez más cosmopolita y babélica, pero no me deja de sorprender que se abra una puerta madrileña y alguien me espete un How are you? Y si Merche pone un DVD, es una película hablada en inglés y con subtítulos, que ella corrige. Sorrow ahí no quiere decir disculpa sino pena. Vaya traducción de trapillo. -Merche, ¿has pensado traducir a tu familia escocesa cosas como tortilla o gazpacho? -No fastidies, esas cosas no tienen traducción. Es como el scon, el porridge o el chicken pie. Los sabores no se traducen, necesita cada uno su palabra. -Estás hecha una lingüista. He vuelto al bachillerato. Al decirlo, añadí para mí mismo que nunca es tarde para aprender y volver al bachillerato. El aprendizaje no es cuestión de edad sino de actitud. Es como un momento perpetuo de juventud a lo largo de la vida. Sólo un viejo- -de cuerpo y o de alma- -puede creerse que lo sabe todo. Fue en este instante en el que Merche enarboló su botella de Vat 69. -Another scotch? -preguntó. -Yes, of course- -respondí. Puedo asegurar y aseguro que el scotch no tiene el mismo sabor que el whisky. Ahora es Merche quien me ha persuadido. M