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Viernes 13 de Abril de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.357. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. EN EL AIRE Mónica FernándezAceytuno MÁS DE CIEN i algo no me ha gustado del director general de Tráfico, es que juegue con las cifras. Si hay más de cien, si hay menos de cien, trazando la línea de la sonrisa, ¿hubiéramos visto gestos alegres si en vez de 106 hubieran fallecido 99 personas? Empero, a mí este director no me disgusta. Tiene una forma muy catalana de trabajar. Mi primer trabajo fue en una empresa catalana y aún recuerdo su sentido del deber, la formalidad, la puntualidad, el tesón en los objetivos. Y a este director, se le nota Cataluña. Es tenaz, voluntarioso, vive su trabajo con pasión, pero comete el error de hablar, como buen catalán, de cifras, más de cien, menos de cien, cuando son personas. También da escalofríos su anticipación pues ya antes de empezar la operación hablaba de los muertos que aún estaban vivos. Recuerdo una Semana Santa en la que murieron doscientas personas tras repartir la directora de la DGT un casete con música para el viaje. Murió la directora en accidente de helicóptero. La muerte, no se sabe nunca dónde vamos a encontrarla, pero la muerte en accidente de tráfico es la más absurda de todas. Ni los animales salvajes mueren de forma tan brutal, a no ser que sean atropellados. Ahora que se andan preguntando si habrá más primaveras, como si la primavera dependiera de la temperatura y no del eje inclinado de la Tierra, está espigando como siempre el centeno, plantando los campesinos las patatas, saliendo de las madrigueras los erizos. Anteayer vi al primero atropellado en la carretera, con esas púas que ya no le defienden en este momento de la historia de la Tierra, donde la vida y la muerte, dependen del coche. S Chang Po- yu, el veterinario mutilado, y el cocodrilo agresor, aún con el brazo del cuidador entre sus fauces AP Instintos más o menos básicos Un veterinario de un zoo taiwanés fue atacado ayer por un cocodrilo que le arrancó un brazo de un mordisco. Tras matar al reptil, la extremidad pudo ser recuperada y le fue reimplantada al cuidador MANUEL DE LA FUENTE uizá tan sólo se trate de que, sencillamente, ellos están tan asustados y melancólicos como nosotros con la que se nos viene encima con lo de los cuatro jinetes del apocalipsis del cambio climático. Quizá, seguramente, de forma repentina, vertiginosa y, por supuesto, sin previo aviso, sus genes milenarios y su memoria prehistórica hierven y se acaban comportando como lo que son y lo que han sido mucho antes de que nuestra especie hollara la faz de la Tierra: animales. Más o menos salvajes (tampoco parece que el hermano hombre les dé muy buen ejemplo) pero regidos siempre por la inapelable ley natural del instinto (más o menos básico) y la supervivencia. De modo y manera que, cuando menos se espera, las fieras hacen lo que deben como cualquier otro profesional que se precie, y en vez de tirar de talonario o tirar de faltriquera pues tiran de mandíbula que es lo suyo, que siempre lo ha sido. Tan suyo como el ataque sufrido hace unos días por Melisa Casco, de 20 años, una cuidadora de un zoológico bonaerense que fue atacada por un oso hormiguero sin que los compañeros de la muchacha, que falleció ayer a consecuencia de las heridas, alcancen a saber qué pudo pasarse por la cabeza de este animal, perteneciente a una especie que no suele mostrar especial agresividad hacia el ser humano. Al otro lado del planeta, en Kaohsiung (Taiwán) Chang Po- yu, un veterinario del zoo de la ciudad, también fue atacado ayer por un cocodrilo del Nilo, que le arrancó un brazo de un mordisco. Vaya en descargo del animalito (de diecisiete añazos de edad y doscientos kilos de peso) que llevaba una semana sin comer porque estaba a dieta, debido a una enfermedad. Y vaya en descargo del veterinario que sus intenciones no pasaban por hacerse un bolso con la piel del reptil, sino que trataba de sedarlo, y una vez que creyó que el animal ya estaba en brazos de Morfeo retiró la jeringuilla, momento que aprovechó el cocodrilo para dejar la dieta, así de un tirón. Afortunadamente, en este caso, después de matar al animal de dos disparos los compañeros de Chang pudieron recuperar su brazo que, posteriormente, le fue reimplantado. Los médicos esperan que pueda salvarlo, aunque han reconocido que se trata de una operación bastante difícil en la que se ha debido proceder a coser otra vez los músculos, nervios y vasos sanguíneos, dañados por el bocado del cocodrilo. Está escrito en sus genes a fuego lento por el paso de millones de años y, a veces, quién sabe si los animales no caen también en la tentación de tomarse la justicia por su mano. O por sus colmillos. Q