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40 INTERNACIONAL JUEVES 12 s 4 s 2007 ABC Histórica visita del primer ministro chino para descongelar las relaciones con Japón Ningún dirigente de Pekín pisaba suelo nipón desde hace más de siete años PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL TOKIO. Hace justo dos años, decenas de miles de personas tomaban las calles de China para protestar contra Japón en las manifestaciones más multitudinarias e insólitas que se recuerdan en el gigante asiático, ya que el régimen comunista ataja al instante cualquier atisbo de movilización ciudadana. Desde entonces, las difíciles relaciones entre ambos vecinos han vivido sus peores momentos debido a las visitas del anterior primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, al santuario de Yasukuni, donde se honra a criminales de la Segunda Guerra Mundial. Para descongelar los lazos diplomáticos entre estas dos potencias, el primer ministro chino, Wen Jiabao, inició ayer un viaje histórico al imperio del Sol Naciente. No en vano, hacía ya siete años que un dirigente chino no pisaba suelo nipón, pues el último en hacerlo fue el antiguo premier Zhu Rongji en octubre de 2000. Devolviéndole la visita que el primer ministro japonés, Shinzo Abe, efectuó a China en octubre tras su nombramiento, Wen Jiabao recaló en Tokio acompañado de una importante delegación. Después de que Abe rompiera el hielo Wen quiere descongelar las relaciones bilaterales, que cumplen 35 años tras establecerse en 1972. Por ello, su gira nipona, que durará hasta mañana viernes, tendrá un fuerte simbolismo y servirá para inaugurar el Año Cultural y Deportivo con que ambos países conmemoran dicho aniversario. Este diálogo será un gran paso hacia la construcción de unas relaciones mutuas beneficiosas anunció Abe, quien suscribió con Wen Jiabao una declaración conjunta en la que apuestan por perseguir la desnuclearización de la Península de Corea y por enfrentarse a la Historia para solventar sus diferencias del presente. Además de firmar ayer varios acuerdos de cooperación económica, comercial, energética y medioambiental, el primer ministro chino pronunciará hoy un discurso en la Dieta, el Parlamento nipón. Un alto honor como el que se le dispensará a continuación, cuando se entreviste con el emperador Akihito. Mañana, Wen Jiabao se desplazará a Kioto, donde se encontrará con agricultores y estudiantes de la Universidad de Ritsumeikan, y a Osaka, donde se reunirá con empresarios locales. El aspecto económico es fundamental en este viaje, puesto que China superó en 2004 a Estados Unidos como el principal socio de Japón y sus intercambios comerciales ya ascienden a 150.000 millones de euros. Además, a finales de 2005 había instaladas en China 35.142 empresas niponas, que han invertido un total de 43.230 millones de euros para aprovecharse de la barata mano de obra de la fábrica global y acceder a un mercado emergente con 1.300 millones de potenciales consumidores. A pesar de esta cada vez mayor interdependencia económica, hay todavía numerosos puntos de fricción entre estos dos colosos del Lejano Oriente. Entre ellos, destacan las heridas aún abiertas que dejó la ocupación nipona en China (1931- 1945) como demuestra la reciente polémica provocada por Abe al negar que Tokio coaccionara o amenazara a las prisioneras de guerra que fueron utilizadas como esclavas sexuales en los burdeles regentados por el Ejército imperial. Buena prueba de ello es que, antes de emprender esta gira, Wen advirtió a su homólogo nipón de queno peregrinara el controvertido santuario de Yasukuni, pero Abe, un halcón de la derecha que ha suavizado su discurso tras llegar al poder, aún no ha aclarado si lo hará o no. De igual modo, ambos países se disputan valiosos yacimientos de gas y petróleo en el Mar de la China Oriental y también chocan en sus respectivos programas militares, que parecen destinados a provocar una nueva guerra fría en Asia. Entre Kioto y Osaka El primer ministro chino, Wen Jiabao (a la izquierda) y el japonés, Shinzo Abe, ayer en Tokio AP VETE A TU CASA, WEN JIABAO Numerosos nacionalistas japoneses de extrema derecha rechazan la visita del primer ministro chino POR P. M. DÍEZ TOKIO. Agitando sus banderitas rojas, un grupo de chinos residentes en Japón dio la bienvenida al primer ministro Wen Jiabao en el aeropuerto de Haneda. A la misma hora, numerosos nacionalistas de la extrema derecha nipona hacían justamente lo contrario en el polémico santuario sintoísta de Yasukuni. Y es que en este templo del centro de Tokio se veneran las almas de los 2,4 millones de caídos en acto de servicio por Japón desde la Restauración Meiji (1866- 1869) hasta 1945, entre los que figuran un millar de criminales de la Segunda Guerra Mundial (14 de primera categoría) Vete a tu casa y no te acerques a Japón, Wen Jiabao profirió el líder del grupo, quien vestía una chaqueta de cuero de Prada que lo distinguía de sus seguidores. Tocados con una cinta en la cabeza con la bandera del imperio del Sol Naciente, y ataviados con monos azules como los que vestían los pilotos kamikazes en la guerra, los radicales homenajearon a los militares muertos honrados en Yasukuni al grito de ¡Banzai! Larga vida Abajo con el comunismo en China rezaba la pancarta que portaban mientras pasaban al lado de varios policías de paisano a los que, minutos antes, habían saludado con sonrisas y reverencias. El santuario de Yasukuni, construido en 1869 para recordar a los que dieron su vida por el imperio del Sol Naciente, se ha convertido en un símbolo para los nacionalistas japoneses y en un agravio para los países que sufrieron su ocupación. A pesar de que su nombre significa paz para la nación el Registro de Almas de los soldados fallecidos en combate incluye a 1.068 criminales ajusticiados por los Aliados tras la Segunda Guerra Mundial, a los que denomina mártires de Showa (el nombre dado al emperador Hirohito) A escasos metros del templo se levanta el Museo Militar de Yushukan, donde se glorifica el pasado imperialista de Japón al exhibirse un avión Zero, tanques, cañones y numerosas armas. Fundado en 1882, este recinto justifica la intervención de Japón en la Segunda Guerra Mundial y olvida masacres como la de Nanjing, que costó la vida a entre 200.000 y 300.000 chinos en diciembre de 1937. Museo Militar